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Lula Da Silva lidera las encuestas electorales

Brasilia. Página 12 | 28 de Octubre de 2016 a las 11:09

En el día en el que cumplió 71 años, Luiz Inácio Lula da Silva, el hombre que llegó a ser jefe de Estado de la economía más importante de Latinoamérica de la mano del Partido de los Trabajadores, aparece como líder en las encuestas para los comicios de 2018. Enfrascado en una inédita situación judicial, con tres procesamiento en su contra que podrían bloquearle el camino de regreso a la Presidencia, con festejos reservados e íntimos e incluso con la visita de la destituida presidenta Dilma Rousseff, Lula pasó su cumpleaños en medio de batallas judiciales y mediáticas inéditas en toda su carrera, ya que por primera vez está investigado por corrupción por el juez al que recusó y denunció, Sergio Moro, del escándalo de Petrobras.

Este cumpleaños es el primero luego de la caída de Rousseff, su delfín político. Y su ex ministro de Economía Antonio Palocci, su ex jefe de gabinete José Dirceu y el ex tesorero del Partido de los Trabajadores Joao Vaccari están presos por corrupción en el caso Petrobras. Del otro lado, las elecciones municipales redujeron un 60 por ciento la presencia del PT en las alcaldías. Pero este escenario adverso que enfrenta a Lula con los grandes medios, contrasta con el arrastre popular que aún mantiene en encuestas que lo colocan como favorito.

En opinión del presidente del PT, Rui Falcao, toda la militancia de izquierda, no sólo del PT, se está organizando de manera espontánea en defensa de Lula, y no apenas por causa de su cumpleaños. “La injusticia de la que es víctima Lula golpea al Estado de Derecho de Brasil. Hay una estrategia de crear un enemigo desde las instituciones por parte de sectores judiciales y de la prensa”, señaló el diputado por Sao Paulo.

El panorama no es halagüeño para el actual gobierno. La crisis económica, con una desocupación que afecta a 12 millones de personas –un 11,8 por ciento de la población según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística–, no se disipó con las medidas de ajuste que desde mayo viene aplicando Michel Temer, primero como presidente interino y, luego, confirmado el 31 de agosto al frente del Ejecutivo.

Ubicado en el centro de la denuncia de la fiscalía de la Operación Lava Jato, que lo calificó de comandante máximo de la corrupción durante su gobierno, imputación que no fue acogida por el juez Sergio Moro, quien lo procesó y le abrió un juicio por corrupción por supuestamente haber recibido un apartamento en el balneario de Guarujá, estado de San Pablo, de parte de la constructora OAS, Lula ganó una pequeña batalla política luego de que el Comité de Derechos Humanos de Naciones aceptara en Ginebra su denuncia por abuso de poder y persecución contra el juez Moro.

Con todo, este año ha sido de los más turbulentos de la historia brasileña, también en la vida de película de este nordestino que gambeteó a la muerte cuando nació con alto índice de desnutrición, que viajó dos semanas en camión para afincarse en San Pablo, donde se hizo tornero metalúrgico y, con ese oficio, forjó su carrera política. Uno de los momentos más críticos del líder del PT fue el 4 de marzo, cuando el juez Moro lo llevó a declarar por la fuerza, ante la policía federal, y provocó una ola de manifestaciones en el país. “Fui secuestrado durante seis horas”, dijo recientemente sobre aquel episodio.

En la batalla judicial, Moro bloqueó la asunción de Lula como jefe de gabinete de Rousseff al divulgar una serie de conversaciones telefónicas del ex mandatario en las que criticaba a la Operación Lava Jato por haber golpeado económicamente a las empresas de ingenería que comandan la industria naval y petrolera, y decir que la Corte se había vuelto cobarde.

Según un vocero del Instituto Lula, el centro de estudios que dirige desde los años 90, el ex presidente tuvo una fiesta reservada con familiares y amigos. En Facebook, Lula manifestó que el mejor regalo de cumpleaños fue el video de una estudiante de 16 años que en la Asamblea Legislativa del estado de Paraná denunció el “desmonte del Estado” con la enmienda constitucional que fija un techo del gasto público por 20 años.

Con el 89 por ciento de popularidad Lula le pasó la banda presidencial a Rousseff, y tras una caída estrepitosa de su apoyo popular ahora se posiciona nuevamente en la carrera para las elecciones de 2018. Sea o no detenido, si es condenado en segunda instancia estará inhabilitado para presentarse a elecciones. En la última encuesta sobre los comicios de 2018, Lula se mantiene al frente en todo los escenarios para primera vuelta, según el tradicional sondeo realizado por la Confederación Nacional de Transporte.

Además de la causa de Moro, Lula se encuentra procesado en otros dos casos que se tramitan en Brasilia: uno por supuesta facilitación a la empresa Odebrecht de créditos públicos para invertir en Angola y beneficiar a un familiar, y el otro caso por supuesta obstrucción de la justicia, a partir de una denuncia del ex senador del PT Delcidio Amaral.

Los muñecos de Lula vestidos de presidiario funcionaron como cotillón de la derecha en las protestas contra Rousseff, pero también forman parte de la agenda cotidiana que a los 71 años vive quien fuera el líder más popular de Brasil, y que es, pese a esa imagen, el candidato que se alzaría con la mayor cantidad de votos en las próximas elecciones generales.

Los analistas explican por qué la imagen del ex presidente es sostenida por buena parte del electorado. El profesor de posgrado de la Universidad Federal de Bahía, Camilo Aggio, dijo: “Mucha gente recuerda los años de prosperidad de Lula, con Brasil saliendo del Mapa del Hambre de la ONU, con la desigualdad en baja y la mejora en la distribución de la renta. Esto cuenta para las personas cuando son alentados a hablar sobre el candidato preferido”.


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