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Llamado a la responsabilidad de intelectuales latinoamericanos

Brasilia. Por Emir Sader/público.es | 11 enero de 2017

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En la recta final de la campaña presidencial de Ecuador, cuando se decide si el país seguirá su rumbo progresista o se sumará a los gobiernos de restauración neoliberal, un grupo de intelectuales latinoamericanos y de otros continentes lanza un manifiesto de crítico al gobierno de Rafael Correa a propósito del tema ambiental en la Amazonia.

Más allá de la justicia o no del reclamo, más allá de la mayor o menor importancia del tema, de lo que se trata es del futuro del país. Por un lado está la candidatura de Lenín Moreno, apoyado por Alianza País y Rafael Correa. Por el otro, el banquero más rico del país, Guillermo Lasso.

No puede haber dudas del significado de cada una de las candidaturas, no puede haber dudas —salvo que se piense con mala fe— de que una eventual victoria del candidatos opositor representará la devastación de los grandes avances conquistados por Ecuador en los últimos años, así como la ruina de la Amazonia y de los diferentes pueblos que la habitan.

No puede haber dudas —salvo una hipocresía manifiesta— de que cualquier acción que debilite el gobierno de Rafael Correa suma votos a la oposición de derecha —la única que tiene fuerza en Ecuador y en general en el resto de países con gobiernos progresistas de América Latina.

Solo puede ser resultado de la concepción equivocada de la ultra izquierda, según la cual hay que derrotar a los gobiernos progresistas, aliándose con quien sea para que esas fuerzas pudieran tener la posibilidad de ocupar algún  espacio en el campo político. Se trata de una apuesta arriesgada, pues basta mirar a Argentina y Brasil para darse cuenta de cómo la derrota de los gobiernos progresistas han abierto la veda de los peores retrocesos en la historia reciente de dichos países, incluso en lo ecológico, ámbito que esos intelectuales supuestamente defienden.

Es hora de que los intelectuales que gozan de algún espacio en la esfera pública asuman responsabilidades políticas si no quieren ser definitivamente asimilados por la derecha y acabar haciéndole el juego a la restauración conservadora en América Latina. Algo por lo que serán condenados públicamente como corresponsables de dichos retrocesos.

Aislar el tema ecológico de la disputa principal que concierne a todo el continente por parte de las fuerzas progresistas, antineoliberales, conservadoras y neoliberales es actuar incluso en contra de las tesis que dicen defender. De ese gran enfrentamiento depende el futuro de nuestras sociedades, los derechos sociales del pueblo, el empelo y el salario, la protección del medio ambiente, la soberanía o el sometimiento de nuestros países a intereses externos.

Si no quieren aparecer sumando sus fuerzas con una derecha que busca vengar los derechos conquistados por el pueblo en las últimas décadas, no se dejen llevar por demandas sectoriales, corporativas, sepan subordinar esos temas al enfrentamiento más importante, ese que define el futuro de nuestros países. Para poder seguir manteniendo el rasgo de intelectuales progresistas y no convertirse en francotiradores que disparan contra las fuerzas que son el dique de contención frente a la contraofensiva conservadora que la derecha despliega hoy en los países que tuvieron el coraje de desafiar los intereses y las fuerzas de la derecha latinoamericana.

A los de otras regiones del mundo ni siquiera les dirijo este anhelo, porque seguramente ellos no conocen nuestra realidad concreta y no se dan cuenta de las consecuencias. Les pido, eso sí, que no se sumen a pronunciamientos sin tener en cuenta que esa actitud repercute en los enfrentamientos políticos centrales que se dan en nuestros países.

Ser de izquierda implicar sumarse a las fuerzas que resisten frente a los intentos de restauración conservadora que ya devastan países como Argentina y Brasil, y amenazan también a Ecuador. Ser de izquierda hoy día implica fortalecer la candidatura de Lenín Moreno. Sumarse, de forma consciente o inconsciente, a formas de debilitar al gobierno de Rafael Correa es ser connivente con el amenazador retorno del neoliberalismo.



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