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Pobreza que duele en Argentina

Buenos Aires. Por Maylín Vidal */PL | 15 de Junio de 2017 a las 13:13

Lo encontré al final de las escaleras de la estación Carlos Pellegrini, la del Obelisco de Buenos Aires. No había observado aún el cartel que tenía a su lado pero sí sus ojos cargados de una tristeza profunda.

Se le acercaron dos jóvenes universitarias, una de ellas abrió su mochila y le dio un paquete de galletas y una barra de cereal. Esteban sonrió lentamente y partió la mitad de la primera galleta para dársela a su perro epiléptico.

Otras dos muchachas que aguardaban la llegada del metro, al ver el gesto se le acercaron para colocarle dinero en un sucio y roto bolso, mientras su compañero guardián cuidaba sus pertenencias y yo intentaba muy discretamente tratar de atrapar ese momento con una instantánea.

Fue un gran payaso, trabajó en compañías circenses como Rodas (Argentina), Gasca (México) y Egred (Colombia). Esteban hoy está desempleado.

'No tengo trabajo, tampoco me ayuda el gobierno', dice en unas letras que escribió sobre un pedazo de cartón donde se puede leer una frase que conmueve: hice feliz a miles de niños.

Sigo mi camino, bajo en la estación Pasteur; en el tercer escalón, una pequeña de unos siete años juega con las monedas que le regalaron durante esa fría mañana.

Mira con cara enajenada los zapatos de la muchedumbre que sube y baja con la prisa que impone esta descomunal capital mientras ella espera, sigue esperando.

Es sábado bien temprano. Vuelvo por casualidad a la estación Pellegrini. Esteban sigue ahí, esta vez tapado sobre cartones con los que también cubre a su fiel guardián. No sabe quién se le acercará hoy, hay menos personas transitando por el metro, tampoco sabe qué comerá.

En la estación 9 de julio, en la línea D, hay otra señora que permanece ahí horas y horas cada semana hace meses, quizás años. Es ciega. No pide dinero, solo que le compren alguna de las libretas que vende.

Esta es una triste realidad que se ve en muchos países de la región, de la que Buenos Aires no escapa. Una realidad que golpea a una Argentina hermosa donde, como Esteban, otros muchos al caer la tarde se refugian bajo cartones para pasar las frías noches en las calles, mientras otros tantos hacen filas para revolver en las latas de basura a ver qué encuentran.

No son solo borrachos o vagos, son familias enteras que viven hoy en las aceras porteñas porque no tienen como pagar la renta y quedaron desempleadas. Las ves en las esquinas del Congreso, en las calles de Balvanera, o de otros tantos barrios.

Una cruda situación que azota hace muchos años al país pero que en los últimos meses ha ido creciendo.

Muchos de los que duermen sobre las aceras no están pidiendo dinero, son gente que no tiene dónde vivir. Matrimonios con niños pequeños que duermen en sus coches tapados con pequeñas colchas son imágenes que se repiten.

La pobreza, la indigencia, se nota en las calles y aumenta y aumenta el costo de la vida en esta nación, uno de los más altos de toda América Latina.

Las cifras así lo acuñan. Más de ocho millones de argentinos viven en un nivel de pobreza estructural profunda, según un reciente estudio el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica.

Esa misma casa de estudios había difundido que en el primer año de gestión del presidente Mauricio Macri, entre 2015 y 2016, los índices de pobreza pasaron del 29 al 32,9 por ciento, y sumaron un total de 1,5 millones de nuevos pobres y 600 mil indigentes.

En sus varios discursos Macri ha afirmado que su prioridad es bajar la pobreza hasta cero. Lo cierto es que entre una inflación latente, que en 2016 se elevó a más del 40 por ciento, el alza en los servicios públicos como el agua, la electricidad, el gas y el transporte, sumado a las constantes subidas de precios y los cientos de desempleados, la situación está difícil para muchos.

Según reflejó el Observatorio de la Deuda Social, 'uno de cada 10 hogares no tiene los recursos para alimentar a su familia', en tanto seis millones de argentinos padecen hambre.

Para este levantamiento la ODSA tuvo en cuenta siete indicadores específicos: seguridad alimentaria, cobertura de salud, servicios básicos como conexión a la red de agua corriente, vivienda digna, recursos educativos, afiliación al sistema de seguridad social, y acceso a las comunicaciones y a la información.

Los medios locales reflejan otras estadísticas que duelen aún más, recogidas en el informe 'La pobreza monetaria en la niñez y adolescencia en Argentina', de Sebastián Waisgrais, especialista en monitoreo y evaluación de programas de Unicef, y Jorge Paz, investigador del Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico. Los estudiosos subrayaron que casi la mitad de los niños argentinos son pobres.

De acuerdo con la proyección que realizó Unicef para el último trimestre del año pasado, sobre la base de datos del Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censo), existen 5,6 millones de menores de edad en la pobreza, de ellos 1,3 millones sufren directamente hambre.

Hay muchos que evitan mirar porque es una realidad cruda. Unos prefieren posar su mirada en el celular para evitarlo, otros que ya han visto mucho, que lo sufren, que lo sienten, tratan con lo poco que tienen seguir ayudando con la esperanza de aliviar o compensar en algo la vida de esos que hoy aquí no tienen nada.

*Corresponsal de Prensa Latina en Argentina.


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