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Mexicanos temen fin de protección del TLC con EEUU

LaVoz.com. Desde Ciudad México. | 29 de Diciembre de 2007 a las 00:00
Durante 15 años, los agricultores mexicanos han temido el día en que concluyan los últimos aranceles que protegen el maíz y el frijol, cultivos antiquísimos en la historia del país. Pero a medida que se acerca el 1 de enero, los campesinos dicen que el daño ya está hecho: México se ha sumido profundamente en un modelo de agricultura globalizada en el que los granjeros no están preparados para competir. Nadie sabe eso mejor que Vicente Martínez, de 50 años, que cultiva maíz, frijoles y algo de café en las verdes montañas de Tepetlán, Veracruz. En julio, su hija Felícitas, de 29 años, murió al intentar cruzar el desierto para entrar en Estados Unidos. Martínez culpa de ello a una combinación de libre comercio con una disminución en los programas gubernamentales de apoyo al campo, lo cual deja a las familias rurales con pocas opciones fuera de emigrar. Su hija, por ejemplo, no encontró trabajo en el poblado agrícola para mantener a sus cuatro hijos, y tuvo que dedicarse a limpiar casas a cambio de poco dinero. "No hay nada que hacer allá (en el pueblo), nada, nada... solamente correr para los Estados Unidos, o quedar nada más viéndonos la cara por allá, a ver qué cosa hacemos", dijo Martínez, cuya hija fue abandonada en Arizona por un contrabandista de inmigrantes. El maíz, el frijol, el azúcar y la leche recibieron aranceles especiales de protección durante 15 años desde que se negoció el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) en 1993, tiempo en que se suponía que México debía prepararse para enfrentar a la competencia. Pero muchos dicen que eso no ocurrió. Y aunque los precios mundiales de estos productos están en auge, las parcelas de México tienden a ser pequeñas y sólo ligeramente productivas, por lo que los elevados precios a nivel internacional han tenido poco efecto para que los campesinos mexicanos puedan mejorar sus vidas. A los agricultores como Juan Antonio López, de 48 años, que planta maíz en aproximadamente tres hectáreas (7,4 acres) en Pino Suárez, estado de Durango, les queda poco maíz para vender, y con frecuencia deben adquirir el grano a los precios internacionales más elevados con el fin de alimentar a sus familias y animales. Incluso algunas granjas algo mayores tienen problemas para producir cosechas y colocarlas en el mercado, en parte porque el gobierno ha permitido que los graneros, redes de distribución y agencias estatales de adquisición de productos del campo se vayan atrofiando, y en lugar de ello ha preferido apoyarse en las fuerzas del mercado. México también ha actuado con lentitud para modernizarse con el fin de aprovechar la demanda de etanol y de cultivos modificados genéticamente. Martínez se encontraba entre un grupo de campesinos que realizaron recientemente una manifestación en la Ciudad de México con el fin de exigir que el gobierno adopte un papel más prominente para asegurarle a los agricultores un precio justo por sus productos, así como las redes para almacenar y vender el grano. Pero incluso eso no beneficiaría a la mayoría de los agricultores mexicanos, cuyas parcelas son tan pequeñas _por debajo de 2,5 hectáreas (seis acres)_ que tienen que sembrar para subsistir, sin siquiera producir lo suficiente para comer. "Claro que no me da para vivir, aparte hay que sembrar con mulas y yunta, porque no hay la posibilidad de tener un proyecto para un tractor", dijo López.

Se suponía que no sería así

Las autoridades en 1993 dijeron que el período de transición de 15 años le daría a los agricultores una oportunidad para modernizarse, diversificar sus cultivos y empezar a exportarlos, o al menos hallar trabajo de temporada en una nueva oleada de fábricas que se suponía que el pacto agrícola llevaría hasta el campo mexicano. No ocurrió nada de eso, dice Víctor Suárez, líder de un grupo de cooperativas agrícolas que trabaja para promover la construcción de silos de almacenamiento y la venta de tortillas de maíz en forma directa del productor al consumidor. "No hubo transición como se prometió en estos 15 años, no estamos preparados (para la eliminación de los aranceles), los únicos que están preparados son 20 grandes empresas agropecuarias", denunció. De hecho, el gobierno de México ya ha tolerado que las fuerzas del mercado internacional se sientan intensamente en el país. Durante años, ha permitido más importaciones de maíz con aranceles más bajos de lo que pide el TLCAN. Esa es la razón por la que el auge del uso del etanol en Estados Unidos provocó un alza enorme en los precios de las tortillas a principios de año, lo que a su vez produjo manifestaciones de protesta en México. Para un país acostumbrado durante mucho tiempo a un mercado agrícola altamente regulado, la "crisis de la tortilla" fue una amarga prueba del poder de los consorcios especializados en la agricultura, que presuntamente acapararon el maíz y especularon con los precios. Pero el alza en los precios del maíz le ha dado al atribulado sector agrícola de México un poco más de margen de maniobra, dijo Cruz López, líder de la Confederación Nacional Campesina. También ha reducido los pronósticos de que ocurrirá una catástrofe y ha fortalecido la noción de que los agricultores mexicanos podrían tener que valerse por sí mismos. "Ha cambiado el discurso nuestro. Recordamos que hace muchos años decíamos que para el 1 de enero... se nos iba a inundar de maíz completamente ... iban a desaparecer todos los maiceros de México", dijo Héctor Salazar, secretario de la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz. Ahora, en lugar de pronosticar el fin del agro mexicano, su grupo intenta unificar a los agricultores para que vendan sus cultivos bajo contrato a grandes consumidores, como las compañías de alimentos. Ese tipo de esfuerzos para construir cooperativas agrícolas -similares a los salones Grange y cooperativas de lácteos formadas en Estados Unidos en los siglos XIX y XX- podrían ser cruciales para la supervivencia de los agricultores mexicanos. Los pequeños productores "solamente tienen una forma de sobreponerse (a la entrada en vigor del TLCAN), y es entender la necesidad de organizarse", dijo Hugo García, académico y coautor del libro "El maíz y la crisis de la tortilla en México". La agricultura mexicana es importante por razones ambientales y sociales, además de ser un freno contra la emigración. Cuando se ven obligados a aceptar empleos distintos a su oficio o a emigrar, muchos residentes rurales pierden sus habilidades agrícolas, lo cual los convierte en malos administradores de la tierra en momentos en que México enfrenta amenazas de erosión, desertificación y deforestación. Y Joost Martens, director regional del grupo activista Oxfam, hace notar que lo que ocurre en México podría ser un presagio del destino de los agricultores en gran parte del mundo en desarrollo.

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