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El modelo sueco de desarrollo, ¿un ejemplo a seguir? Escribe Eva Zetterberg, embajadora de Suecia en Nicaragua

Radio La Primerísima | 19 febrero de 2007

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El nuevo gobierno de Nicaragua ha comenzado bajo condiciones relativamente positivas. La herencia de gobiernos anteriores existe. El gobierno de doña Violeta de Chamorro logró el fin de la guerra y la lucha entre hermanos, y dio los primeros pasos hacia la reconciliación. El gobierno de don Enrique Bolaños logró, entre otros factores: 1) Una macroeconomía en balance, con baja inflación, 2) Leyes y sistemas que contribuyen a más transparencia, 3) Mejores ingresos del Presupuesto General de la República, 4) La condonación de una gran parte de la deuda externa y 5) Confianza en el nombre de Nicaragua. Sin embargo, el panorama total no es tan bueno. Los tres gobiernos liberales que gobernaron a partir de 1990, no lograron reducir la pobreza en Nicaragua, excepto en algunos aspectos. Todavía cientos de miles de niños están fuera de las escuelas, pero presentes en el trabajo infantil y en estado de desnutrición. Además, Nicaragua sigue siendo uno de los países con más inequidad en el mundo. Es decir, los retos del nuevo gobierno son muy grandes. El ofrecimiento de mantener la estabilidad económica y promover inversiones privadas no es suficiente. Tiene que cumplir con las promesas de campaña de reducir la pobreza y establecer una sociedad más equilibrada entre diferentes grupos económicos y entre hombres y mujeres. El presidente Daniel Ortega presentó la propuesta de reducir los megasalarios, un mensaje que fue bien recibido por el pueblo y que tiene importancia simbólica, ya que muestra el rumbo del gobierno; sin embargo, en términos económicos no significa mucho. Para lograr reducir la pobreza, el gobierno necesita más recursos, y los mismos tienen que estar mejor distribuidos. A Nicaragua le hace falta una política y un sistema tributario auténtico. Para obtener estos recursos hay que desarrollar un sistema efectivo y confiable de impuestos. Los impuestos tienen varias funciones fundamentales, entre otras: 1) garantizar recursos para empeños comunes, 2) redistribuir recursos entre grupos económicos y entre varios estados de vida y 3) establecer un contrato social entre los ciudadanos y el poder político que fortalece la democracia. La redistribución tiene dos objetivos: 1) Redistribución durante diferentes períodos de la vida de un individuo, es decir, se recibe cuando hay necesidad y se paga cuando se puede. En general el 80% de lo que un individuo paga en impuestos le será devuelto durante su vida; 2) Redistribución de los recursos de la clase rica hacia los que tienen pocos recursos. Es el sistema de impuestos progresivos. La persona que gana más paga más impuestos en proporción de su salario que la persona que tiene bajos ingresos. Es la solidaridad puesta en práctica. Hay impuestos directos e indirectos. En cuanto a los impuestos directos en Nicaragua, únicamente una pequeña parte de la población paga y paga poco, nunca alcanza más que 14-15% de su salario. Los impuestos indirectos se pagan por venta de bienes y servicios, el IVA. En el caso de Nicaragua, se aplica a los productos importados un sistema racional, pero como todos sabemos las exoneraciones son demasiado generosas. En general, el sistema de los impuestos directos en Nicaragua puede ser calificado como regresivo, las personas con salarios bajos quedan proporcionalmente con menos ingresos que la clase rica, después de pagar impuestos. ¿Cuáles son las condiciones necesarias para un sistema tributario efectivo y justo? Para exigir de los ciudadanos contribuciones mayores al presupuesto nacional es necesario establecer reglas claras, tales como: 1) Cero corrupción, 2) Sistema efectivo (de fiscalización, recaudación contabilidad y rendición de cuentas), 3) Un consenso de las prioridades políticas, 4) Gobernabilidad (en el fondo elecciones democráticas, acceso a información, transparencia, etc.), 5) Confianza en la gestión y en los políticos y 6) Estado de Derecho. En Nicaragua se han hecho varias reformas al sistema tributario, y durante el gobierno de Bolaños se logró duplicar los ingresos al Estado. En el año 2003, el BID realizó un estudio sobre el sistema tributario con recomendaciones que dieron como resultado algunos cambios pequeños. Otras reformas aprobadas por la Asamblea Nacional también han mejorado la gestión y la efectividad del sistema, pero no han logrado cambios fundamentales. Tal vez el ejemplo de cómo Suecia llegó a ser uno de los países más desarrollados del mundo les pueda servir. No significa que todos los suecos tienen una situación económicamente favorable. Pero, en términos generales, estamos orgullosos de nuestra sociedad, donde a todos los niños se les garantiza por lo menos nueve años de escolaridad, la salud pública es debajo costo con alta calidad y muchos hombres asumen la responsabilidad de los hijos. No siempre fue así. Suecia tiene una historia de pobreza. A fines del siglo XIX, un millón de suecos emigraron a Estados Unidos y a otras partes del mundo por causa de hambrunas. ¿Hay una receta simple de cómo reducir la pobreza a aplicarse en otros países? No, pero hay diferentes explicaciones en el caso de Suecia, entre ellas el hecho de que las riquezas naturales del país permitieron modernizar la sociedad rápidamente gracias a las inversiones en infraestructura y a la reconstrucción social pacífica. No obstante, una importancia singular viene con los resultados de la Ley de Escolaridad del año 1842, con estudios de primaria obligatoria de cinco años para iniciar. No se puede olvidar la construcción de un Estado de Derecho y confianza. El sistema de bienestar social descansa en la idea de una sociedad fuerte y con recursos suficientes para desarrollar los bienes de la sociedad para todos. Creo que en Nicaragua ha llegado el momento oportuno para introducir un sistema tributario que dará más recursos, logrará una redistribución y como resultado obtendrá una sociedad más equitativa y menos pobre. Además, es necesario hacer un estudio serio sobre todas las exoneraciones existentes. Propongo al nuevo gobierno estudiar bien el sistema de impuestos en Suecia y los países nórdicos. No hay sistemas perfectos. No todos estamos entusiasmados en pagar una gran parte de los ingresos en impuestos. Pero la idea, como tal, de redistribuir y mantener un sistema de bienestar común es apoyada por la gran mayoría. La redistribución de los recursos debe estar en línea con el pensamiento del nuevo gobierno. Constituye parte de la herencia la solidaridad entre hermanos/as de Olof Palme, quien en su vida fue Primer Ministro sueco que ha donado su nombre a la nueva Casa de Gobierno. La Embajada de Suecia en Nicaragua no puede ofrecer nuevos programas de cooperación sobre sistemas tributarios, pero está dispuesta a conseguir toda la información y contactos para su consideración.


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