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La hora del sandinismo siglo XXI

Diario Página/12, de Argentina. | 4 de Marzo de 2007 a las 00:00
El pragmatismo demostrado por el líder histórico del sandinismo, Daniel Ortega, para volver a la presidencia después de tres intentos fallidos, es a la vez motivo de esperanza y desazón en ese país. El difícil equilibrio entre Venezuela y EEUU. En el contexto de una profunda crisis económica y social del país, la importancia de estas inversiones, concesiones y colaboraciones es indiscutiblemente positiva.

Por Lucía Alvarez y Diego González. Desde Managua

Managua es una ciudad desolada, sin centro, transeúntes ni direcciones, pero con terrenos baldíos y una eterna brisa. En una de sus plazas, la de la Revolución, se levanta heroico el monumento de un combatiente que lleva un pico en su mano derecha y un fusil en la izquierda. "Sólo los obreros y los campesinos irán hasta el fin", dice su placa firmada por el sandinista Frente Nacional de los Trabajadores. Exactamente enfrente, otro cartel rosado, celeste y amarillo, actualiza el debate: "En reconciliación somos paz y progreso. Con Daniel, Nicaragua triunfa". Es que el histórico comandante Daniel Ortega, el mismo que protagonizó la mítica revolución contra la dictadura de la dinastía Somoza en 1979, hoy es nuevamente el presidente de Nicaragua, pero en circunstancias muy distintas. "En los ’80, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) era un partido con un liderazgo colectivo y una visión transformadora. Actualmente es un instrumento de transmisión no deliberativo, un partido tradicional con una cuota de poder, con una retórica populista y un liderazgo caudillista basado en Ortega y su esposa, Rosario Murillo, que desde el nuevo y controvertido Consejo de Comunicación y Ciudadanía es percibida como copresidenta del país", explicaba el ex sandinista Carlos Chamorro, hijo de Violeta Chamorro, quien en las elecciones de 1990 venció, con el apoyo de EEUU y la promesa de terminar con la guerra de ocho años, al FSLN. Por la concentración de poder y el profundo silencio que en este mes y medio se mantuvo desde el Ejecutivo, el modelo económico-social de este nuevo gobierno es todavía confuso. Hasta ahora, la estrategia ha sido ubicar la izquierda del FSLN en el gabinete social y el sector agropecuario y a los empresarios del partido en las áreas de administración económica. Así, esta primera división ministerial en donde conviven empresarios, sindicalistas, intelectuales, activistas sociales y ex militares, no permite ninguna consistencia ideológica. "Lo que todos tienen en común es que son hombres de absoluta confianza de Ortega", sostuvo el ex vicepresidente en 1985, Sergio Ramírez. Y esto se explica porque el modelo político que fue expuesto se basa en una concentración del poder en manos de Ortega y Murillo. Como señalaba el jefe de bancada del opositor Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), Victor Hugo Tinoco: "En el FSLN actual o danielismo, como nosotros lo llamamos, hay una concepción instrumental de la democracia; no hay un compromiso con la libertad de prensa como categoría política positiva, de democracia interna del partido. Además de que ha desaparecido la ética por el enriquecimiento personal de sus dirigentes y las alianzas con la derecha más corrupta." Tinoco se refiere al voto del Frente en octubre de 2006 a favor de la penalización del aborto terapéutico a cambio del apoyo de la cúpula clerical y a la elección de Jaime Morales Carazo, uno de los negociadores de la contra, como vicepresidente y al pacto con el ex presidente Arnoldo Alemán, quien fue condenado a prisión por corrupción en su gobierno. En términos concretos, este famoso pacto de 1999 implicó el reparto entre el FSLN y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de varios espacios institucionales y una reforma a la Constitución que permite el triunfo en primera vuelta con el 35 por ciento de los votos y no con el antiguo requisito del 45 por ciento. Así fue cómo Ortega con su voto duro del 38 por ciento se alzó con la victoria, después de haber perdido en las últimas tres contiendas electorales. Pero, sobre todo, este pacto significó la ruptura del Partido Liberal, lo que para muchos es el primer elemento a destacar como explicación de la victoria. Hoy, el renacer político de Alemán impulsado desde el Ejecutivo es un obstáculo en la unificación, ya que el líder de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Eduardo Montealegre, apoyado según el vocero del PLC Leonel Teller por EEUU, se niega rotundamente a cualquier tipo de acercamiento. Para la mayoría de las bases sandinistas, sin embargo, estas alianzas son sólo la manera que se encontró para acceder al poder y retomar el programa político de los ochenta. "Todo eso de las alianzas y el pacto es la estrategia. Nosotros, como sandinistas, nunca te vamos a decir lo que pensamos realmente. Este es nuestro voto de confianza", señalaba César Urbina o Julio, su nombre de guerra, ex combatiente de la ciudad de Granada. Pero no todos opinan lo mismo. "El sandinismo no puede dar lo que dio en esa época y parece que las tres derrotas lo obligaron a cambiar. Pero el FSLN es la mejor opción comparado con la derecha, porque son más conscientes de la necesidad del pueblo pobre", dice Pablo Centeno, presidente de la Asociación La Garnacha, una comunidad fundada sobre los restos de una cooperativa en los ’80. Esta expectativa se explica por los resultados del abandono de 16 años de gobierno neoliberal (que tiene como consecuencia un 79,9 por ciento de la población que vive con menos de dos dólares diarios, un 45 por ciento en condición de pobreza extrema y un promedio de desigualdad que, según los índices de Gini, está por encima del promedio latinoamericano, cuando este continente es el más desigual del mundo) en comparación con el recuerdo del gobierno sandinista de las campañas de alfabetización (que se calcula que bajó del 50 al 12 por ciento el analfabetismo) y de la gratuidad en salud y medicamentos. "Probablemente va a haber un cambio en la agenda social, sobre todo en las áreas de educación y salud y en la redistribución de la riqueza. Eso y honestidad ya garantiza una buena gestión en este país", señala el periodista William Grigsby. Esa expectativa genera en muchos, como Grigsby, un halo de optimismo. "El Frente no es un paraíso, pero todo el movimiento popular está ahí, en el resto no hay nada. Por afuera fracasamos. Estamos ante una oportunidad histórica, si no la aprovechamos ¿Qué nos queda?"

Dólares y barriles de Caracas

De dónde sacará Ortega los recursos para llevar adelante la agenda social prometida parece ser la pregunta que más inquieta. Entre las respuestas se encuentra un denominador común: la ayuda venezolana. En los primeros días de gobierno sandinista, el presidente Hugo Chávez ha anunciado un magnánimo paquete de colaboración en materia energética. Este incluye un envío de diesel y bunker del 30 por ciento del consumo nacional a precios de mercado, pero a intereses y plazos concesionales, y tres megaproyectos: un oleoducto, un gasoducto y una refinería de 1500 millones de dólares de inversión y una capacidad para procesar 150 barriles diarios en dos o tres años. Si a esto se le suma la promesa del envío de varias plantas generadoras de electricidad y la construcción de una carretera de 500 km para unir el Atlántico con el Pacífico –tocando así dos problemas fundamentales en Nicaragua, la crisis energética y la falta de infraestructura–, el perdón de la deuda de Managua con Caracas (unos 33 millones de dólares), la colaboración con la construcción de 200 mil viviendas populares en los cinco años de mandato y el recurso financiero de 20 millones de dólares en créditos a bajos intereses para los productores rurales, este apoyo toma verdaderas dimensiones. En el contexto de una profunda crisis económica y social del país, la importancia de estas inversiones, concesiones y colaboraciones es indiscutiblemente positiva. Aun así, como señalaba el sociólogo y docente de la Universidad Centroamericana Manuel Ortega Hegg, existe un potencial factor contraproducente: "La ayuda venezolana puede tener un efecto perverso. Lo bueno es que el país requiere solidaridad de donde venga y si es petróleo mejor, porque este país tiene una estructura económica extraordinariamente sensible a los cambios internacionales y a los fenómenos naturales. Pero, por la alianza de Ortega con los poderosos sectores económicos nacionales, puede que exista la tentación de no hacer los cambios fundamentales en la distribución de riqueza interna, que los programas sociales se monten sobre la base de cooperación internacional y no sobre los cambios urgentes que se necesitan como por ejemplo la reforma tributaria". Este mecanismo de redistribución sin afectar intereses significaría para Ortega una buena gestión de cara al 80 por ciento de la población que sobrevive con menos de dos dólares diarios, ya que haría hincapié en sus necesidades en salud y educación, al mismo tiempo que se mantendría el statu quo de los grandes grupos económicos, sandinistas y no. Aun así, hay quienes creen que el apoyo venezolano no permitirá evadir las tensiones de sus dos aliados y el modelo de pactar con "dios y con el diablo" entrará en colapso: "Hay una apuesta a que el subsidio económico masivo de Chávez le daría los recursos extraordinarios para desarrollar programas de asistencia social en salud, educación, hambre 0, sin hacer reformas de fondo y sin afectar al gran capital. Pero, ¿puede esa asistencia suplantar el hacer otra clase de reformas estructurales? Yo creo que no, tenés que tocar intereses aunque no quieras hacerlo, todos los economistas coinciden en eso", explica Chamorro. Más allá de esto, queda pendiente la pregunta acerca de las exigencias de Chávez como contrapartida. Todos los especialistas coinciden en que la presión será en materia de política exterior, área donde Ortega ha mostrado amplias cualidades en la década del ’80. Pero hoy la situación es otra y el discurso de reconciliación y de paz le habla también a Estados Unidos. Y es por eso que el ingreso de Nicaragua al ALBA va acompañado de un Tratado de Libre Comercio con EE.UU. de "bajo perfil", como señalan los funcionarios del ala izquierda del gobierno. No hay que olvidar que las remesas provenientes del país del Norte son una fuente fundamental de ingresos.

Según Montealegre, «Ortega es neoliberal»

Eduardo Montealegre, ex candidato a presidente de la Alianza Liberal Nicaragüense que enfrentó a Ortega en la últimas elecciones, no avizora la unidad de la derecha en el futuro inmediato. –¿Por qué le parece que volvió el sandinismo al poder? –Por culpa de Arnoldo Alemán, que es sandinista. Porque permitió disminuir el porcentaje para no ir a una segunda vuelta, del 45 al 35 por ciento. El 62 por ciento de la población no quiere a Ortega. No es un fenómeno, no hay entusiasmo, todo lo contrario. –¿Su triunfo se debe al fracaso del modelo neoliberal? –Yo me remito a los hechos. Si usted ve la propuesta del presupuesto nacional que se está discutiendo hoy en la Asamblea, se ve que no existe ninguna reorientación, que se está manteniendo el modelo. Ortega también es neoliberal. –¿Qué modelo cree que tiene este Frente y cuál es el que propone ALN? –Así como en la década del ochenta trataban de copiar al régimen de Castro, hoy están tratando de hacer lo mismo con Venezuela. Nosotros queremos aplicar un modelo liberal abocado a la libertad del individuo. –¿Qué le parece la gratuidad en salud y educación que está llevando a cabo el Frente Sandinista? –Me parece que es un populismo barato, que lo único que hace es que en vez de subir a alguien, bajemos todos al mismo nivel. Yo entiendo que es un problema muy serio, que hay un déficit enorme, pero así no se soluciona. –¿Piensa en la unificación con Alemán y el Partido Liberal Constitucionalista? –La unidad no pasa por Alemán, jamás me sentaré a hablar con él. La unidad se hace en base a criterios, valores.

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