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Jon Sobrino está más alla de la mezquindad del Vaticano. Fragmento de un libro del famoso Teólogo de la Liberación

Diario El País, España. | 12 de Marzo de 2007 a las 00:00
El director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones "Ignacio Ellacuría" de la Universidad Carlos III de Madrid, España, Juan José Tamayo, defiende la labor teológica del jesuita Jon Sobrino, sancionado este fin de semana por el Vaticano. Sobrino, nacido en Barcelona en 1938 de padres vascos, pero residente en El Salvador desde hace 50 años, fue castigado por el Papa a no impartir teología en ninguna universidad, escuela o cualquier institución católica, bajo la acusación de que ignora deliberadamente la divinidad de Jesucristo. LEA FRAGMENTO DEL LIBRO DE JON SOBRINO, «EL PRINCIPIO DE LA MISERICORDIA» Este es el artículo de Tamayo:

Entre el martirio y la liberación

Por Juan José Tamayo

Jon Sobrino es uno de los más cualificados teólogos latinoamericanos de la liberación. Su principal aportación radica en la historificación de los contenidos teológicos, y su reubicación y recategorización en el contexto de los oprimidos. Su influencia va más allá de América Latina. Sus investigaciones son una de las más consistentes y mejor fundamentadas de la teología católica posconciliar. Entre sus aportaciones más relevantes cabe destacar: el método teológico, la cristología, la eclesiología, la espiritualidad y Dios. La teología de Sobrino tiene una ubicación definida: las mayorías populares de América Latina, y muy especialmente de El Salvador, pequeño país desangrando por una guerra de casi 20 años con más de 80.000 muertos y cientos de miles de desplazados y exiliados. El horizonte de su reflexión es la misericordia. La teología no puede limitarse a ser una fría inteligencia de la fe que pase de largo ante el sufrimiento de los seres humanos, como el sacerdote y el levita de la Parábola del Buen Samaritano. Ha de entenderse como inteligencia del amor y de la misericordia, que se hace cargo del dolor de las víctimas desde la com-pasión, denuncia a quienes lo provocan y toma partido por los empobrecidos. Junto con otros teólogos de la liberación, como Leonardo Boff y Juan Luis Segundo, Sobrino ha contribuido de manera decisiva al desarrollo de una cristología latinoamericana elaborada desde el mundo de los pobres. Es una cristología guiada por la parcialidad a favor de los excluidos, la esperanza y la praxis. El objetivo es recuperar al Jesús histórico y lo más histórico de Jesús de Nazaret: su práctica liberadora. Subraya el carácter relacional de Jesús con respecto a Dios y su Reino. Pone el acento en la cruz y la resurrección. Su reflexión sobre la resurrección se centra en el Dios de Jesús que hace justicia a las víctimas poniéndose de su lado y devolviéndoles la vida. Sobrino ha desarrollado una amplia producción eclesiológica, articulada en torno a los pobres, que constituyen el horizonte y la misión de la Iglesia. La nueva forma de ser comunidad es la Iglesia de los pobres. La espiritualidad es otro de los campos donde brilla Sobrino. El teólogo saca la espiritualidad cristiana del mundo de la ascética. La espiritualidad no es una actividad autónoma del sujeto. Es constitutiva del ser humano, y se convierte en una dimensión tan necesaria del ser cristiano como la liberación. Sobrino destaca la conexión entre espíritu y práctica, liberación y seguimiento de Jesús. La santidad no puede quedarse en la esfera privada, sino que tiene que influir en el cambio de las estructuras. El encuentro entre espiritualidad y liberación da como resultado la "santidad política". En su reflexión sobre Dios parte de la experiencia latinoamericana. En un continente donde la vida de las mayorías oprimidas se ve amenazada a diario, Dios aparece como generador, defensor y garante de la vida, y es experimentado como protesta última contra la muerte. La afirmación del Dios de la vida lleva derechamente a optar por la vida de los pobres e incluso a dar la propia vida. El asesinato de seis compañeros jesuitas y de dos mujeres en 1989 a manos de miembros del Ejército salvadoreño, estableció un antes y un después en la vida y obra de Sobrino, marcadas desde entonces por el sello del martirio. Seguro que la condena del Vaticano dejará menos huella en su vida y en su trabajo intelectual que aquella tragedia.

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