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Cauta esperanza de los caficultores en el nuevo gobierno

Agencia Reuters. Desde Managua. | 13 de Marzo de 2007 a las 00:00
La primera vez que estuvo en el poder, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, hizo de las exportaciones cafetaleras un monopolio estatal. Ahora está de vuelta y muchos dentro de esta industria que busca recuperarse de años malos ven a su gobierno con esperanzas apagadas. Esta vez, su gobierno, que asumió en enero, promete dejar el café en manos del sector privado y retomar los inactivos créditos para los pequeños productores. Eso tiene optimistas a muchos productores, que creen que el nuevo gobierno beneficiará al sector, e incluso le ha ganado unos puntos ante los ojos de los peso pesado de la industria, que han visto con recelo a los sandinistas desde su primer mandato. "Estamos optimistas, cautos y deseosos de trabajar mientras sea el camino correcto que conduzca al desarrollo de Nicaragua, sin discriminación y oportunidades para todos" dijo José Angel Buitrago, presidente de la Asociación Nacional de Exportadores de Café (Excan). Los miembros de la Excan tradicionalmente han estado entre los críticos más fuertes del sandinismo, que tras derrocar a un dictador formaron un régimen revolucionario de 1979 a 1990. En esos años, los sandinistas incautaron algunas de las principales plantaciones del país, que eran propiedad del exdictador Somoza y sus allegados, para distribuirlas entre campesinos y formar cooperativas. El agricultor Pedro Haslam, quien ganó un puesto en el parlamento de Nicaragua apoyado por cooperativas aliadas al sandinismo, dijo que el nuevo gobierno no es una amenaza para los grandes productores. "Las grandes compañías tienen la capacidad de negociar mejores precios por los volúmenes que usan", dijo Haslam. Los pequeños productores gozarán del apoyo de un programa de Venezuela, que envía al país fertilizante barato, agregó. En cierta medida, la entrega de tierras enemistó a los magnates del café con el gobierno, pero lo que realmente les molestó fue la decisión de estatizar las exportaciones, obligándolos a vender sus cosechas enteras a precio fijo. Pero los planes del gobierno se vieron afectados por el sangriento combate con la contra –respaldada por Estados Unidos– en la década de 1980. La producción y calidad del café cayeron, y muchos de los productores más adinerados optaron por dejar el país. Los gobiernos posteriores al sandinista, orientados hacia el libre comercio y tachados de corruptos, no mejoraron la situación para los agricultores, que primero vieron desaparecer los créditos y luego el colapso de los precios mundiales del aromático. Inclusive algunos productores que se habían mantenido al margen de la política, como Amílcar Navarro, director de la Unión de Cafetaleros de Nicaragua (Unicafe), salieron el año pasado a respaldar la campaña de Ortega. El nuevo gobierno sandinista ha prometido que abrirá nuevas líneas de crédito para ayudar a que los agricultores reinviertan en sus campos, en vez de sólo tratar de cubrir sus pagos bancarios.

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