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Volver a empezar: el testimonio de una nicaragüense recién alfabetizada

Por Milagros Asenjo, agencia EFE. Desde Madrid. | 15 de Marzo de 2007 a las 00:00
"Un testimonio que nos llena de esperanza". Estas palabras de reconocimiento del Príncipe de Asturias a la nicaragüense Cruz del Carmen, tras el relato autobiográfico que ésta realizó en la presentación del Plan Iberoamericano de Alfabetización, resumen la fuerza y el poder de la educación. La historia de Cruz está marcada por su encuentro con la educación. Gracias a ella, comenzó a "recuperar la autoestima" y a recorrer el camino para salir de la pobreza extrema. Cruz del Carmen tiene 33 años y es madre de seis hijos de entre 5 y 17 años. Reside en un barrio periférico de León, la segunda ciudad en importancia de Nicaragua. Su hogar es humilde, pero lleno de esperanza, de dignidad y de valores, como explicó con sencillez, convicción y un sorprendente desparpajo a un auditorio que escuchaba admirado. La vida de la protagonista de esta historia de superación es la de más de 80 millones de iberoamericanos que sobreviven por debajo de los umbrales de la pobreza y sufren los efectos de la exclusión social. Desde su nacimiento estuvo "bajo el amparo y cuidado" de una tía paterna, ya que su madre estaba gravemente enferma y no podía atenderla. Tampoco pudo asistir a la escuela y se vio obligada a vender dulces de leche por las calles para "poder comprar alimentos y medicinas". Además, con apenas 16 años se quedó embarazada de su primer hijo y todo fue aún más difícil. Una serie de episodios, motivados por el analfabetismo de sus protagonistas, dejaron a su numerosa familia sin techo donde cobijarse. "Engañaron a mi suegra y nos echaron a la calle. De nada sirvieron llantos y súplicas. Era diciembre de 2004. Y además, Navidad", recordaba ayer Cruz. "Carecíamos de todo, hasta de los intrumentos de trabajo de mi marido, que es artesano. Mi autoestima estaba por los suelos". Pero un día llegó la esperanza. Dos promotoras de un programa de Educación Básica invitaron a Cruz a participar en un curso de alfabetización. Aceptó, aprendió a leer y escribir y superó la Enseñanza Primaria. Al tiempo, le ofrecieron una beca para un programa de habilitación laboral; robando horas al sueño, acabó un curso sobre belleza. Pidió un microcrédito y montó un pequeño negocio de "maniquiura y pediquiura", explicó con un cálido acento nicaragüense. "He recuperado la autoestima, mis niños y mis niñas van a la escuela; no quiero que pasen por lo que yo pasé". La joven madre es feliz, su negocio comienza a funcionar y quiere ayudar a otros a ahuyentar la pobreza. Trabajará como voluntaria en los proyectos educativos que "mejoran nuestras vidas y dignifican a nuestras familias".

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