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El grito de Túpac Amaru

Ciudad de Panamá. Por Mauro Zúñiga Araúz, Rebelión. | 11 de Febrero de 2012 a las 00:00

"No queremos que se lleven la miel de nuestros panales", fue el grito de Túpac Amaru, caudillo indígena que liderizó la primera rebelión anticolonial que se dio en América en el siglo XVIII. Los españoles amarraron cada una de las extremidades a cuatro caballos y lo desmembraron. Pero ese grito persiste en el corazón de los grupos originarios de América Latina. Es la consigna que ellos tienen para sobrevivir, como quedó demostrado en Panamá con la reciente movilización de los ngäbes en contra de los intereses comerciales del Presidente Ricardo Martinelli Berrocal de explotar las minas y de construir hidroeléctricas dentro de la comarca, a pesar de que en Julio de 2010 se firmó un acuerdo con el gobierno de que no se iban a explotar minas ni a construir hidroeléctricas. Aquel acuerdo fue la resultante de la movilización de ese grupo originario, víctima de una masacre por parte de la Dictadura Fascista de Martinelli Berrocal que dejó muertos, heridos y ciegos. Pero como ya se ha hecho hábito: El gobierno miente e incumple. Este año, la Asamblea Nacional volvió a aprobar en primer debate esas nefastas intenciones y los ngäbes volvieron a salir a las calles. Hubo otra masacre. Aún no se conoce la cantidad de muertos, pero hay más de 200 desaparecidos, tal como lo reportó la Coordinadora de los Pueblos Indígenas. Muchos heridos y arrestos arbitrarios, incluyendo a menores de edad y mujeres embarazadas. La Defensora del Pueblo, Patria Portugal, también fue víctima del atropello militar. El día 7 de febrero, luego de una semana de protestas, se logró un nuevo acuerdo.

Una reflexión sobre lo ocurrido me lleva a las siguientes conclusiones:

1. Un masivo apoyo de la población panameña a la causa de los ngäble. La indignación fue colectiva.

2. Otra clara manifestación de la naturaleza fascista del gobierno. Prefirieron la represión que la negociación, a pesar de los intentos, casi desesperados de monseñor Lacunza, de la Iglesia Católica. Utilizaron armas de fuego, lo que está prohibido para control de multitudes. El cinismo y la mentira fueron la tónica del gobierno. Algunos ejemplos: el Ministro de Seguridad, José Raúl Mulino dijo que los indígenas tenían a extranjeros secuestrados: falso. Que habían violados las instalaciones del Banco Nacional: falso. Que no se habían utilizados armas de fuego: falso. Una fotografía que tomó el diario La Estrella de Panamá se ve al capitán Rodolfo Jiménez Vargas con un arma en la mano, disparando. Que el gobierno no dio la orden de cerrar las comunicaciones en las provincias: falso. Que la Defensora del Pueblo no había sido agredida: falso.

3. La confirmación de que en Panamá hay un ejército, a pesar de que la constitución lo prohíbe. Ejercito diseñado para la represión a las protestas sociales.

4. La prioridad del Presidente Martinelli Berrocal en el dinero, a expensas de las vidas humanas. Ya la misma Estrella de Panamá publicó que los señores Virzy y Betsh, socios del Dictador están detrás de las hidroeléctricas.

5. La naturaleza sumisa y servil de los integrantes de todo el equipo de gobierno. Se mantuvieron callados y, los que dieron la cara, fue para justificar la masacre.

Por otra parte, los partidos políticos de la oposición complaciente, se limitaron a comunicados de protestas y a algunas denuncias. Ellos están centrados en las elecciones del 2014. Ya varios precandidatos están en campaña con los ojos vendados de lo que ocurre en el país. De igual manera, la mayoría de las organizaciones de las Sociedad Civil no se apartaron de esa conducta y desaprovecharon la crisis para señalar los verdaderos orígenes del problema y sobre todo, la solución que beneficiará a la población: la convocatoria a una Constituyente Originaria, Participativa e Incluyente.

 


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