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La nica asesinada en Costa Rica soñaba volver a Estelí

Por Otto Vargas M., diario La Nación, de Cosa Rica | 23 de Marzo de 2007 a las 00:00
Como una servidora silenciosa y trabajadora recuerda el dirigente político Ricardo Toledo a la empleada Ligia Hernández Alvarado, una de las víctimas mortales del asalto en su casa. La mujer tenía 23 años de vida matrimonial con Ismael López, un ebanista con quien procreó ocho hijos, el menor de 5 años y la mayor de 24. Los hijos viven en Estelí de Nicaragua, ciudad adonde hoy serán enviados los restos de la mujer vía aérea. La familia Toledo correrá con los gastos. Hernández planeaba pasar la Semana Santa en casa de su hermano César, en Cariari de Pococí. "Estaba muy emocionada. Se supone que este sábado se venía. Ella quería trabajar un tiempo en este país y regresar con su familia. Estaba muy contenta con su trabajo", contó el hermano. Yadira López, cuñada de Hernández, la definió como una linda madre. "Yo le conseguí ese trabajo. Cuando dijeron en las noticias que habían matado a la empleada de Ricardo Toledo, sentí algo muy feo. Ya sabíamos que hablaban de ella", expresó. La mujer residía desde hace algún tiempo con su esposo en San Rafael de Alajuela.

OIJ pisaba talones a la banda

Los sujetos que mataron a dos personas en la casa del político Ricardo Toledo estaban a punto de ser detenidos por la Policía Judicial (OIJ), que les seguía la pista por violentos atracos. Y es que de acuerdo con el director de ese cuerpo policial, Jorge Rojas, el sangriento asalto –ocurrido el miércoles cerca del parque La Amistad, en Pavas– se adelantó a la detención que las autoridades tenían prevista. "A este grupo lo teníamos bajo investigación", señaló Rojas. La banda, de la que formarían parte tres sujetos de apellido Umaña, Rueda y Vargas, así como un menor, de 16 años, figura como sospechosa de ultimar a Ligia Hernández Alvarado (servidora doméstica de la familia Toledo) y a Werner Bohl, un vecino quien desde un balcón alertó sobre el ataque. La banda tiene un amplio historial delictivo por robo de vehículos, asaltos, lesiones y portación de armas prohibidas. Rueda, según trascendió, es investigado por una privación de libertad ocurrida el domingo, cuando habría retenido a una víctima en su casa mientras sacaba dinero de sus tarjetas. La Fiscalía pidió ayer un año de prisión preventiva contra el grupo. Las autoridades descartaron que los sujetos detenidos fueran los mismos hampones que la empleada Ligia Hernández sorprendió el viernes anterior en el techo de una vivienda cercana. Gracias al aviso de la trabajadora, la Policía arrestó a dos hombres –uno de 17 años y el otro de 18, de apellido Quirós– quienes tenían en su poder una computadora. Por ese hecho Hernández recibió amenazas de muerte. "Cuando los capturaron, la Policía los trajo para que ella (la servidora) los reconociera. Ella llamó desde mi casa al 911 para reportar el robo. Uno de los sujetos le dijo: ‘este clavo nos lo vamos a sacar; te vamos a matar’", contó Toledo. Pese a esta situación, Hernández no denunció el hecho. De momento las autoridades no encuentran conexión entre lo ocurrido ese día y el asalto del miércoles en la casa del dirigente político. Ricardo Toledo no lo cree así. "Es mucha casualidad que la mataran a ella; una mujer indefensa que no tenía nada con qué hacerles frente", puntualizó. El fiscal general, Francisco Dall’Anese, considera que el grupo escogió una víctima al azar. "Pareciera que andaban en busca de alguien para asaltar y no que hubieran escogido como blanco a la esposa del señor Toledo (Martha Lora", comentó Dall’Anese. Los malhechores llegaron a ese barrio en Pavas en un Hyundai, vehículo que se detuvo a unos metros de la casa mientras Lora procedía a guardar su vehículo en la cochera. Dos sujetos armados descendieron del carro y encañonaron a la mujer en el garaje. A golpes (con la culata de las pistolas y sus puños) la dejaron herida en el piso. Desde lo alto del tercer piso –en un balcón frente a la casa de la familia Toledo–, Werner Bohl observó el ataque. "Están asaltando; están asaltado", gritó . Uno de los hampones lo silenció de un balazo. Uno o dos hombres entraron a la casa de Toledo; otro se quedó con su esposa. En la sala, alguno de ellos disparó dos veces contra la empleada. También intentaron abrir la puerta de la habitación donde se encontraba Ricardo Toledo Lora, hijo del matrimonio. "Vamos por ese carajo", escuchó decir el joven a uno de los asesinos. En lugar de eso, de la casa escaparon con un televisor viejo (de más de 20 años), joyas de fantasía y relojes en mal estado. Antes de salir, dos hampones discutieron: el televisor resultaba demasiado grande para la cajuela. La Policía detuvo al grupo tras un intercambio de disparos en Hatillo 8. Ahí aprehendieron a tres sujetos; Vargas cayó luego.

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