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Salvadoreños rinden emocionado tributo a San Romero de América

Agencia AFP. Desde San Salvador. | 24 de Marzo de 2007 a las 00:00
Centenares de salvadoreños con cánticos y ofrendas florales rememoraron este sábado el vigésimo séptimo aniversario del asesinato del arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, perpetrado por un sicario de la extrema derecha el 24 de marzo de 1980. La jornada conmemorativa "del martirio" de Romero se inició con cánticos y una misa en la capilla del hospital La Divina Providencia, en el sector noroeste de San Salvador, a donde acudieron casi mil personas, todos seguidores de Romero y procedentes de distintos lugares del país. Romero, considerado "la voz de los sin voz" por denunciar la injusticia social y la represión militar, fue asesinado de un balazo al corazón por un francotirador de los ultraderechistas escuadrones de la muerte, cuando oficiaba una misa en el hospital de cancerosos La Divina Providencia de San Salvador. "Recordar a nuestro pastor mártir es una acción que no debemos dejar pasar nunca, porque él fue quien defendió a los más indefensos en aquellos momentos más difíciles de nuestro país como fue la guerra y su voz y enseñanza permanece vigente hoy", dijo a la AFP un sacerdote franciscano que participó en la misa, Arnoldo Tejada. Tras la celebración de la misa en la capilla del hospital, los salvadoreños "romeristas" se marcharon en peregrinación hasta la catedral de San Salvador, distante unos cinco kilómetros de ese lugar, para ir a colocar flores y entonar cánticos ante la tumba de monseñor Romero, cuyos restos descansan bajo un monumento de bronce en la cripta de la catedral. La peregrinación era encabezada por una gigantesca pancarta con la figura de Romero, en la que se podía leer "Romero vive, la lucha sigue". En la catedral temprano de la mañana hubo música de marimba en honor al asesinado arzobispo, mientras que cientos de católicos muchos de los cuales llegaron en peregrinación desde distintos rumbos de la capital, se congregaron en la cripta algunos para rezar otros para entonar cánticos o colocar arreglos de flores multicolor ante la tumba de su "San Romero de América". "Soy devota de monseñor Romero desde niña, todos los años vengo a ver su tumba y rezarle, él me ha ayudado mucho para salir adelante en mi vida, sé que él ha intercedido por mí ante Dios para que yo esté bien", dijo a la AFP Magdalena Rivera, de 38 años, una salvadoreña que junto a su esposo viajó desde Virginia, Estados Unidos, para participar en el homenaje a Romero. "Monseñor Romero es muy querido por su pueblo, él les dedicó su vida, y después de 27 años de su muerte todos debemos de rezar por él y siempre mantener viva su memoria", dijo a la AFP el arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz. Este sábado las actividades en memoria del extinto arzobispo de San Salvador incluirán temprano en la tarde una misa en la catedral a la que acudirán sacerdotes y feligreses de toda la diócesis. Al anochecer de este mismo sábado se prevé una procesión que saldrá de la plaza El Salvador del Mundo, en el sector oeste de la ciudad, con destino a la catedral, donde más tarde tendrá lugar en el atrio una misa que será presidida por el obispo de San Marcos, Guatemala, Alvaro Ramozzini. El magnicidio de Romero aceleró el estallido de la pasada guerra civil de 12 años en El Salvador, que concluyó con los acuerdos de paz del 16 de enero de 1992, mediados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Una comisión de la Verdad, creada por la ONU, culpó como autor intelectual del asesinato del arzobispo al mayor del ejército Roberto D'Aubuisson, fundador de la gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA, derecha), quien murió de cáncer en febrero de 1992. De momento la causa para beatificar a Romero se inició a nivel local el 24 de marzo de 1994 y luego en 1996 pasó a Roma, donde el expediente se encuentra en la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe a la espera de pasar a la Congregación para la causa de los Santos.

«La voz de los sin voz»

Considerado "la voz de los sin voz", el arzobispo Romero se constituyó en un símbolo de una nueva iglesia que optó por los pobres. Su asesinato polarizó aún más la sociedad salvadoreña y aceleró el inicio de operaciones de un movimiento insurgente que se constituyó en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Monseñor Romero fue merecedor de la reverencia del también fallecido papa Juan Pablo II, el 6 de marzo de 1983, cuando se arrodilló frente a su tumba, hecho que fue interpretado por la iglesia local como una "muestra de solidaridad" ante la persecución que sufría, en el marco de la guerra civil. El gesto fue repetido por Juan Pablo II en febrero de 1996. Poseedor de una convincente y abundante oratoria, Romero denunció la injusticia social y la represión militar. Había nacido el 15 de agosto de 1917 en el hogar de Santos Romero y el carpintero Guadalupe Galdámez, establecido en Ciudad Barrios, un pueblo enclavado en montañas y cafetales en el departamento de San Miguel, unos 156 km al noreste de San Salvador. El segundo de ocho hermanos, Romero ingresó a los trece años al seminario menor de San Miguel y era conocido como "el niño de la flauta", por el pequeño instrumento de bambú que heredó de su padre. En 1937, Romero fue aceptado en el seminario mayor San José de la Montaña, en San Salvador. Siete meses más tarde viajó a Roma para estudiar Teología, en medio de las posteriores penurias de la Segunda Guerra Mundial. Oscar Arnulfo Romero fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 en Roma, donde aprendió a tocar piano y el armonio. La primera parroquia donde trabajó fue en Anamorós, un poblado de La Unión, en el este del país. Luego pasó a San Miguel (este), donde permaneció 20 años, hasta que el 2 de septiembre de 1967 fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES). El 21 de junio de 1970, Romero -de línea conservadora- fue ordenado obispo auxiliar del obispo capitalino Luis Chávez; luego obispo de Santiago de María, Usulután (sureste), el 15 de octubre de 1974, en momentos en que comenzaba la represión contra campesinos organizados. Sin la confianza del clero progresista, monseñor Romero fue ungido arzobispo el 23 de febrero de 1977, cuando tenía 59 años y adoptó el lema "sentir con la iglesia". El 12 de marzo de 1977 adoptó una línea de denuncia luego de que militares asesinaron, junto a dos campesinos, al connotado sacerdote jesuita Rutilio Grande, por lo que exigió una inmediata investigación al entonces presidente, coronel Arturo Armando Molina, su amigo personal. El 23 de marzo de 1980, a pesar de las persistentes amenazas de muerte, en su homilía dominical Romero instó -invocando el mandamiento no matarás- a los efectivos del ejército y cuerpos de seguridad a obedecer a Dios antes que a sus jefes cuando éstos les ordenaban matar. "Les ruego, les suplico, les ordeno, en nombre de Dios, cese la represión"; fue la frase lapidaria que irritó a militares y derechistas. Cuando se aproximaba la noche del 24 de marzo de 1980, a las 16H20 locales (22H20 GMT), mientras oficiaba misa en el hospital de cancerosos La Divina Providencia, un francotirador mató a Romero de un disparo al corazón. Con la muerte de Romero, la guerra civil estalló y con el saldo de más de 75.000 muertos concluyó el 16 de enero de 1992, luego de que el gobierno y la guerrilla firmaran un acuerdo de paz bajo la mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Una Comisión de "La Verdad" creada por la ONU, culpó como autor intelectual del asesinato al mayor del ejército Roberto D'Aubuisson, fundador de la gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA, extrema derecha), quien murió de cáncer en febrero de 1992. La causa para beatificar a Romero se inició a nivel local el 24 de marzo de 1994 y luego en 1996 pasó a Roma, donde el expediente se encuentra en la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe a la espera de pasar a la Congregación para la causa de los Santos.

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