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A propósito de las giras de Bush y de Chávez, por Alejandro Bendaña

El Nuevo Diario. | 30 de Marzo de 2007 a las 00:00
A propósito de las giras de Bush y de Chávez, es un triste legado de la guerra la insistencia casi histérica de algunos sectores de que el gobierno no critique al presidente Bush, reflejo de nuestra cultura política dependiente. O simplemente absolutizar la ignorancia y la impotencia, toda vez que la gira demostrara una vez más que Estados Unidos ni quiere, ni puede ganar un concurso de popularidad en América Latina y el Caribe Veamos qué es lo que se aduce: Que se van a asustar los inversionistas, cuando es reconocido que los que están se quedan, y los que no vinieron aun cuando gobiernos obsecuentes anteriores extendieron la carpeta roja, probablemente continúen absteniéndose de aparecer en masa, pero a partir de otros cálculos. ¿Que Estados Unidos considere que sus intereses están amenazados por los discursos de Ortega? El discurso de Ortega es muy distinto al de Chávez, por más que los danielistas, por un lado, y los derechistas, por el otro, insistan en que se trata de la misma cepa Y la Embajada norteamericana lo sabe. Los intereses de Washington los asegura el Fondo Monetario, el Comando Sur y la cooperación europea, toda vez que éstos imponen al gobierno el comportamiento macroeconómico y macroestratégico "responsable". De manera poco congruente, Ortega insiste en darle "el beneficio de la duda" a los Estados Unidos en América Latina para luego criticar la presencia de éste en Irak y Afganistán. Y al día siguiente su gobierno se sienta con la misión del Fondo Monetario en total hermetismo, salvo el mensaje de Jaime Morales Carazo que resulta más fondomonetarista que el Fondo. Y entre el ALBA y el TLC con Estados Unidos, el compromiso real pero no retórico del gobierno continúa siendo con el Norte. Y eso lo sabe también el gran capital nicaragüense. Una cosa es no sudar calenturas ajenas, pero otra es, como dijo Martin Luther King Jr., reconocer el momento en que el silencio se vuelve complicidad. No se trata de anti-norteamericanizar la política exterior, pero tampoco de comportarse como pro-norteamericano, lo cual tiene poquísimos seguidores en el mundo. Se puede y se debe defender firmemente, pero sin epítetos, el derecho internacional. Esto como piso, porque a diferencia de Chávez, don Daniel no tiene la correlación de fuerzas internas como para manejar una política exterior más estridente. Con ello también reconocer que Chávez es la expresión política de un fenómeno más amplio, interno e internacional, recordando que, durante las giras paralelas, ningún gobierno latinoamericano criticó la posición de Venezuela. Recordar también que para Estados Unidos, Venezuela es más que Chávez, es también el suministro de petróleo y la cooperación en la denominada lucha contra el narcotráfico que el mismo gobierno venezolano viene asegurando. En lo que Nicaragua sí puede seguir el ejemplo de Estados Unidos es en concederle mayor atención a Brasil y al "petróleo del futuro" que se llama etanol. Esa fue la prioridad de Bush tomando en cuenta el peligro de la aguda dependencia de la economía norteamericana del petróleo y la repercusión de su política agresiva en el Medio Oriente sobre los precios del crudo. Producir más etanol también es una manera de disminuir el poder petrolero de Venezuela o Irán. Pero otra vez surge América Latina como la "reserva estratégica" del imperio en búsqueda de los recursos naturales que los pueblos, y a veces los gobiernos, buscan defender. Según la Unión de Industria de Caña de Azúcar de Brasil, entre Brasil y Estados Unidos controlan un 70% de la producción mundial de etanol. Sin embargo, la producción en base a la caña permite a Brasil producir al US$0.83 por galón, en tanto en la producción estadounidense en base al maíz arroja un costo de US$1.14 por galón. EU impone un arancel de US$0.54 a cada galón de etanol brasileño, pero aun así, en 2006, de los 3.8 miles de millones de litros exportados por Brasil, 2 mil millones fueron absorbidos por el mercado norteamericano. Por diversas razones hay limitaciones en la capacidad de Estados Unidos de ampliar su propia producción de etanol. No es de extrañarse entonces que el mes entrante el presidente Lula viaje invitado a Estados Unidos. Junto a sus multinacionales, la Administración Bush está clara de que la hegemonía mundial está íntimamente vinculada con el control de producción de combustible, incluyendo ahora el biocombustible. Para todo país productor de caña de azúcar el tema es importante. En Guatemala actualmente hay tres productores de etanol y otra planta en formación. De acuerdo con la Asociación de Promotores de Combustibles Renovables (ACR), hay planes de invertir US$80 millones para que funcionen un total de ocho destilerías en el país. Empresarios norteamericanos y brasileños actualmente se disputan la inversión en implementar fábricas de etanol y biocombustibles. En este sentido, a Nicaragua no se le debe dormir el pájaro, visualizando la importancia de una relación con Brasil que asegure tecnología apropiada y una mejor capacidad de negociación latinoamericana en este campo. Lástima que a última hora se suspendió la visita oficial del presidente Ortega a Brasil. (*) El autor es director del Centro de Estudios Internacionales (CEI) y consultor de Naciones Unidas.

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