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Los prisioneros de guerra del Estado Colombiano

Tegucigalpa. Por Dick Emanuelsson, RLP. | 3 de Abril de 2012 a las 00:00

Con la liberación de los diez oficiales de las Fuerzas Militares Colombianas capturados en combate con la guerrilla de las FARC-EP, se culmina un proceso en donde esta guerrilla ha entregado unilateralmente casi 500 prisioneros de guerra desde el 2001.

La entrega a las Cruz Roja Internacional se hizo en el municipio de Mapiripan. Fue un hecho simbólico por que ahí se cometió una de las peores masacres para-estatales en la guerra en Colombia.

Fue el año 1997 cuando contingentes de los paramilitares se trasladaron desde la región bananera de Urabá, en el norte del país, hasta el sur-oriente. Pasaron más de 100 paramilitares, armados con fusiles de alto calibre, por el aeropuerto de San José de Guaviare, controlado tanto por las FF.MM. colombianas como por militares estadounidenses, siguiendo su ruta por el Río Guaviare pasando, sin problemas, por varios retenes fluviales de la Armada colombiana y una base antinarcóticos de USA, para llegar al municipio de Mapiripan en donde hicieron una de las peores masacres en el matadero local.

La alianza entre el ejército, la armada, la aviación con los matones paramilitares del entonces jefe de las AUC, Carlos Castaño, fue obvia. Es más, unidades del ejército colombiano fueron enviadas por un coronel y entraron en combates con tropas guerrilleras para impedir que ellas llegasen a Mapiripan para prevenir la masacre. Es por eso, sin duda, que la selección de Mapiripan para la entrega de estos diez oficiales tiene su símbolo.

Según la misma guerrilla, las liberaciones unilaterales hoy (lunes) se han hecho para favorecer una salida pacífica del conflicto social y armado que sufre el país desde más de medio siglo. La respuesta del estado colombiano ha sido como siempre una sola: Más guerra y más muertos.

El canal continental Telesur presentaba hace pocos minutos las primeras imágenes de la entrega por parte de la guerrilla a los representantes de Colombianas y Colombianos por la Paz. En el aeropuerto de Villavicencio, capital del departamento del Meta, quedaron también los familiares de los prisioneros militares que en algunos casos han esperado más de 14 años para reunificarse con sus seres queridos.

Contrasta el estado de salud de los uniformados del estado con los presos políticos y prisioneros de guerra en poder del estado que en las cárceles hacinadas sufren todo tipo de problemas.

Los facilitadores para la liberación de los últimos prisioneros de guerra, encabezados por la ex senadora Piedad Córdoba, han solicitado en vano al gobierno de Juan Manuel Santos el permiso para visitar once cárceles en donde se encuentran más de mil prisioneros de guerra de las FARC-EP y el ELN. Pero la posición y la voluntad de buscar una salida política al conflicto social y armado son nulas. Para el estado colombiano no existe un conflicto político en Colombia y por ende así sigue la guerra derramando la sangre del pueblo colombiano. No son los hijos de Santos o Uribe los que van al campo de batalla sino los hijos obreros y campesinos que son sacrificados en la guerra de la oligarquía colombiana.

Son casi 100.000 presos en Colombia de los cuales 8.000 son presos políticos. En la cárcel de la Picota, construida para 2.000 presos, conviven casi 9.000.

Los medios de comunicación tanto colombianos como internacionales desconocen o ignoran la situación de las cárceles colombianas. Ni siquiera una sola línea cuando 555 presos políticos se lanzaron a una huelga de hambre la semana pasada.

Mientras tanto, los medios de Santos y sus colegas trabajan ahora doble turnos para describir la vida, desde el nacimiento hasta la fecha de hoy, de diez militares profesionales.

En las cárceles colombianas sigue la vida de miles de seres humanos, resistiendo tratamientos infrahumanos. Son negados por unas autoridades que se sientes fuertes ahora, cuando recibirán "refuerzos" por generales estadounidenses con experiencia de las guerras de genocidas en Afganistán e Irak. Llegarán a la selva para respaldar a sus colegas colombianas. No es suficiente con siete bases militares en el territorio colombiano, ahora poco a poco se integran literalmente, y no solamente como asesores militares o pilotos sino en la misma guerra.

 


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