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Una nueva ruta comercial: desde Nicaragua hasta la capital de México

Por José Luis Ruiz, diario El Universal, de México. | 1 de Abril de 2007 a las 00:00
De manera silenciosa, casi en las sombras, se desarrolla una nueva ruta de comercio legal entre México y Centroamérica, que no necesita ni acuerdos ni tratados internacionales, pero que genera millones de dólares en ganancias y que florece al amparo del sigilo y la confianza entre compradores y vendedores.

Por José Luis Ruiz

Esta nueva vía, que no consta en registros, tiene al centro histórico de la ciudad de México como punto neurálgico y polo de atracción para cientos de empresarios centroamericanos, que llegan al lugar en busca de atractivos "precios bajos" de un sinnúmero de productos para vender en la región. Viajan desde Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, en un recorrido de miles de kilómetros, que casi siempre realizan por tierra, para hacer compras millonarias, que no se registran en ninguna estadística, de artículos hechos principalmente en México, Estados Unidos y China. Cosméticos, bisutería, telas, herramientas y artículos para elaborar prendas de vestir, se encuentran entre los productos que adquieren y que les dejan ganancias extraordinarias en sus países de origen. Este comercio dinámico demuestra que no todo lo que existe entre estos cuatro países y México es tráfico de personas, drogas o armas, sino una nueva forma de relación económica fructífera, legal y de gran perspectiva. "Aunque lejos, las ganancias son buenas, por eso creo que vale la pena venir hasta acá", explica Jorge Tirado, un comerciante de Masaya, población al oriente de Managua que viaja una docena de veces al año a México para hacer sus compras. Pero prefiere no hablar de los montos que invierte ni de los sitios donde adquiere su mercancía por el temor a ser asaltado en alguno de sus viajes a México. Sus distribuidores, decenas de comercializadoras en el centro histórico, también prefieren el anonimato como estrategia para mantener alejado de cualquier riesgo este nuevo flujo comercial.

De ganancias y riesgos

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Seguridad Pública del DF, se cometen alrededor de 100 atracos a comerciantes que buscan sus mercancías en las calles que se ubican a espaldas de Palacio Nacional, donde banquetas y calles se encuentran atiborradas de puestos ambulantes, que compiten sin tregua todos los días con los locales establecidos, a los que la Secretaría de Hacienda sí presiona para que cumplan con sus obligaciones tributarias. Leticia Robinson, una comerciante del mercado de Guatemala realiza compras en distintos establecimientos del centro histórico, por lo menos una vez al mes. Representa a una docena de vendedores de comerciantes de su país, y a diferencia de sus competidores, Robinson cuenta con un permiso para ingresar de manera legal a México para hacer sus compras. Como Leticia, otro joven guatemalteco, quien pide que no se le identifique, adquiere mercancías en el centro de la ciudad de México por más de 5 mil dólares al mes, misma que transporta en tren hasta Tabasco y de ahí en autobús a la frontera. Sus productos los comercializa en los alrededores del mercado de artesanías de Antigua, en el municipio de Sacatepéquez, al suroriente de la ciudad de Guatemala. Cuando se le pregunta si hay un buen margen de ganancias en los productos que adquiere en la capital mexicana y que revende en su país, sonríe abiertamente y asiente con la cabeza. "Mira, venir es un buen negocio, vale la pena el arriesgue", expresa en un tono festivo. "Los sábados y domingos son los buenos para vender en mi tierra", agrega. Sabe de los riesgos que existen al venir a la ciudad de México, y él mismo ha sido víctima de la delincuencia que azota sin cuartel en la zona del centro capitalino. En diciembre pasado, dos jóvenes armados lo despojaron de tres mil dólares en efectivo, en Corregidora, en el corazón del casco viejo del centro histórico, muy cerca de la zona arqueológica del Templo Mayor. Pero no sólo de Nicaragua o Guatemala llegan a México, lo hacen también de Honduras y El Salvador, países con los que existe un boyante comercio de todo tipo de mercancías, incluso de películas mexicanas pirata que son llevadas a la región para su venta. "Las de Pedro Infante y de (Mario Moreno) Cantinflas se venden muy bien", asegura Magdalena Pérez, una mujer salvadoreña que viaja cinco veces al año a México para comprar bisutería y cosméticos, además de películas mexicanas que comercializa en mercados de la capital de su país. "Pero estos productos se pueden encontrar en la mayoría de los 14 departamentos (estados) de El Salvador", agrega Miguel Cosio, quien la acompañó en su más reciente viaje a la ciudad de México. "Muchas familias que viven en Estados Unidos nos mandan unos dólares para comprar la mercancía. Es común en El Salvador tener familia en Estados Unidos", explica Magdalena, quien lleva tres años haciendo sus compras en México.

La ruta de una discreta actividad

Este nuevo flujo de comerciantes ingresa a México por la frontera con Guatemala, pasa por Tapachula, Chiapas y sigue su paso por Tuxtla y después por Oaxaca, Guerrero y finalmente hacia la capital del país, en un recorrido que se hace preferentemente en autobús, y con los permisos migratorios necesarios para poder entrar a territorio nacional de manera documentada. Estos comerciantes eligen los mejores precios que encuentran en los casi 3 mil comercios establecidos y en unos 10 mil informales que se encuentran en una veintena de calles del centro histórico, que a diario enfrentan una férrea competencia que inicia a las nueve de la mañana y termina a las ocho de la noche. Diariamente el comercio informal realiza ventas, de acuerdo con la Cámara de Comercio del Distrito Federal, por más de 10 mil millones de pesos, sin que haya tributación alguna al estado por esta actividad económica. Estos modernos comerciantes transnacionales se surten principalmente en las calles de Moneda, Del Carmen, Correo Mayor, Corregidora y Academia, entre muchas otras, y son muestra de que no todo lo que existe entre México, Guatemala, El Salvador y Honduras, es tráfico de personas, drogas o armas. De hecho, entre los cuatro países existe un fructífero Tratado de Libre Comercio que relanzó las relaciones de estas naciones. Se estima que en el Distrito Federal hay más de 500 mil ambulantes, 35 mil de ellos en el centro histórico, que pagan un promedio de 50 pesos al día a sus líderes y protectores. En la actualidad, 48.5% de los trabajadores urbanos en América Latina subsisten en la economía informal, mientras que en México representa alrededor de 28% del Producto Interno Bruto, establece un estudio de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco), y el Tecnológico de Monterrey. La mayoría de estos comerciantes prefieren no dar detalles de sus compras, del dinero que invierten en cada visita al centro histórico, ni de los sitios donde hacen sus adquisiciones. No quieren ser blanco fácil de la delincuencia y privilegian la discreción para seguir haciendo de este comercio uno con grandes ganancias para las partes.

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