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El calentamiento global ya llegó a Centro América y el Caribe

Agencia TELAM. Desde Buenos Aires, Argentina. | 8 de Abril de 2007 a las 00:00
En el siglo XX, la temperatura de la superficie global aumentó cerca de 0,60 grados centígrados lo que produjo la disminución de las áreas cubiertas de hielo y nieve. En la región de América Latina y el Caribe los efectos de ese proceso dejaron huellas en la modificación de los patrones de precipitación, el derretimiento de los glaciares y la vulnerabilidad de costas, bosques y selvas. En un informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que fue presentado por el titular de la regional América Latina y el Caribe, Ricardo Sánchez Sosa, se describieron las causas y los efectos del calentamiento global en la región. Los países posiblemente más vulnerables a los fenómenos hidrometeorológicos son los que tienen costas en la cuenca del Caribe. Otras regiones particularmente vulnerables se encuentran en Sudamérica, particularmente en el noreste brasileño, en las desérticas costas peruanas y chilenas, y en las zonas áridas de Argentina, así como en la región Andina, las cuales son vulnerables a cambios en los patrones climáticos. Respecto a los bosques y selvas, abundantes en toda la región, el mayor peligro radica en la deforestación. La mayoría se encuentran en Sudamérica, particularmente en Brasil y el Perú, que concentran el 92 por ciento de los bosques de la zona. Estos países se encuentran entre los diez que concentran las dos terceras partes de los bosques y selvas en el mundo. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) el 88 por ciento de los bosques de la región se encuentra en siete países: Brasil, Perú, México, Bolivia, Colombia, Venezuela y Argentina. Existen muy altas tasas de deforestación en algunos países pequeños e insulares, como por ejemplo en Santa Lucía y Haití, donde las tasas de deforestación en la década pasada alcanzaron el 4,9 y 4,6 por ciento anual. En Centroamérica, la deforestación va desde tasas de 4,6% en El Salvador, hasta 0,8% en Costa Rica. Nicaragua y Belice se asemejan más a El Salvador que a Costa Rica en ese sentido, mientras que México y Honduras están por encima del promedio. Por su parte, en Sudamérica las tasas son más altas en Ecuador, que enfrenta una fuerte presión poblacional, y en Argentina que las pierde debido al incremento en el uso de las tierras agrícolas, mientras que en el resto de los países las tasas se mantuvieron por debajo del promedio subregional. Por su parte, la tala de árboles en la Amazonia brasileña durante la década pasada aumentó 32 por ciento, pasando de 14.000 a más de 18.000 kilómetros cuadrados por año. Las causas principales de deforestación incluyen el desarrollo del sistema de transporte carretero, los incentivos del gobierno para la agricultura, el financiamiento de proyectos a gran escala, tales como presas hidráulicas, y explotación de la tierra. En cuanto a las energías renovables, América Latina y el Caribe forman una parte importante de la oferta primaria. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, mientras que en el mundo las energías renovables incluían un 5,5% de fuentes modernas (de las cuales, 2,3% correspondían a energía hidráulica y 2,2% a nuevas fuentes de energía, eólica y biomasa), y un 9,3% de tradicionales (principalmente leña). En América Latina esos mismos porcentajes incluían un 8,3% de energía hidráulica y un 14,7% de fuentes tradicionales. Si se considera la producción de electricidad, las cifras son sustancialmente más impactantes, debido a que la energía hidráulica participa en un 67,7% de la producción, el porcentaje más alto en cualquier región. Las cifras anteriores también ilustran algunos dilemas que el uso de las energías renovables enfrenta en la Región. Si bien la energía hidráulica cuenta con un alto nivel de desarrollo, no se han impulsado de igual manera otras. El informe señala que una mayor expansión de las energías renovables en América Latina y el Caribe requiere no sólo de un marco regulatorio que no discrimine a éstas, sino que además proporcione un impulso adicional para su desarrollo. Ellas compiten directamente con las energías convencionales y enfrentan dificultades de distinto tipo. Las energías renovables no siempre se pueden producir a voluntad, la mayoría de ellas son intermitentes y el recurso hídrico ha sido escaso en algunas subregiones en los últimos años.

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