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Salud gratuita, un derecho recuperado

Por Blanca Morel, agencia AFP. Desde Managua. | 19 de Abril de 2007 a las 00:00
Mientras que los hospitales y centros de salud públicos han mejorado en los primeros cien días de gobierno del sandinista Daniel Ortega, el hacinamiento, la suciedad y la falta de material siguen aquejando a las escuelas del Estado, en medio del descontento docente por sus bajos salarios. La vitrina de la política social sandinista es el hospital estatal de la mujer "Bertha Calderón" de Managua, en el que trabajan los mejores oncólogos y ginecólogos del país. "Antes, a las mujeres enfermas las ponían en medio de la cochinada (inmundicia) mientras que ahora tienen abanico y un baño privado en las salas", cuenta Silvia Montoya, de 30 años y quien padece cáncer cervical. Silvia, madre de tres hijos, fue transferida de un pueblo del departamento de Chinandega, 132 km al oeste de la capital, a Managua para ser atendida totalmente gratis. Y es que una de las primeras medidas del gobierno sandinista fue prohibir cobrar por los servicios médicos en clínicas y hospitales públicos, frecuentados por nicaragüenses de bajos recursos. Antes, los hospitales públicos solían contar con un ala de pago, que contaba con mejores recursos que el resto, desprovistos de casi todo. La nueva administración abrió las salas privadas con aires acondicionados para albergar a madres con embarazos de alto riesgo, muchas de ellas campesinas pobres del interior del país, cuyo estado es monitoreado constantemente por un equipo de ginecólogos, constató la AFP. Los enfermos de sida reciben ahora tratamiento retroviral y el resto, medicamentos básicos. El hospital de la mujer ofrece medicamentos, exámenes clínicos y terapias accesibles, así como quimioterapias que son financiadas por dos fundaciones humanitarias, afirmó a la AFP la directora del hospital, Olga Chávez. También cuenta con cursos de pintura, tejido y alfabetización para mujeres con cáncer y terapias alternativas para enseñar a las pacientes a relajarse y enfrentar la enfermedad de manera más positiva. La nueva política sanitaria ha permitido a las mujeres con cáncer cérvico uterino, de mama y de ovarios, que constituyen la segunda causa de muerte en Nicaragua, una oportunidad de luchar por sus vidas. La gratuidad de la salud también ha tenido efectos positivos en otras clínicas de atención básica y hospitales nicaragüenses que han sido abastecidos con medicamentos y materiales, que antes escaseaban. "Está mejor; cuando fui al médico me dieron todos los medicamentos", comentó Julio Rodríguez, un anciano de 62 años atendido en el centro de salud "Pedro Altamirano" de la capital. Pero si la salud mejora, en la educación, las medidas del gobierno sandinista, que también instauró la total gratuidad de la enseñanza pública, tardan en percibirse. Los colegios públicos siguen careciendo de lo más elemental, desde tizas hasta borradores, pasando por libros de texto o unas simples escobas con las que barrer o productos de limpieza. "A mi me encargaron traer todos los días una escoba" de mi casa para limpiar el aula de clases, dice Yuniet de los Angeles Funes, una niña de quinto grado de la escuela "Enmanuel Mongalo" de la capital. "Los profesores hacen un gran esfuerzo para enseñar lo mejor que pueden a los niños, pero hace falta que el gobierno nos ayude a mejorar el colegio porque aquí las puertas, los pupitres y los baños no sirven", dijo a la AFP, Guadalupe Peralta, una madre de 26 años de edad con una hija en primer grado. A eso suman las protestas del profesorado iniciadas hace tres semanas, exigiendo al gobierno un aumento salarial de 30 dólares que aprobó el Congreso. Más de 10 colegios de la capital, en los que estudian alrededor de 10,000 estudiantes de primaria y secundaria, permanecen sin clases a causa de la protesta, que amenaza con extenderse a otros centros. "La verdad es que vamos a ponernos de acuerdo para ver si nos sumamos al paro porque no hemos obtenido el aumento", dijo Miriam García, una profesora de primer grado. Tanto los profesores de primaria como las enfermeras ganan entre 80 y 100 dólares al mes. En ambos casos reclaman que hay mucho trabajo, poco personal y que las condiciones no han mejorado mucho con el gobierno sandinista.

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