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Los gobiernos de Centro América no quieren nada con el «anticristo»

MiPunto.com Desde San José. | 24 de Abril de 2007 a las 00:00
Los gobiernos centroamericanos están decididos a frenar el avance del autoproclamado "Anticristo" o "Jesucristo Hombre", el puertorriqueño José Luis Miranda, a quien se le impidió asistir al seminario mundial de su congregación en Guatemala, el pasado fin de semana, y se le ha prohibido la entrada en la mayoría de los países de la región. Desoyendo súplicas y maldiciones, el gobierno del presidente Oscar Berger frustró la esperanza de entre 400 y 500 delegados internacionales de la secta Creciendo en Gracia, que debieron contentarse con escuchar el mensaje de su líder y "dios encarnado" mediante una transmisión cibernética emitida desde Miami. Las actividades programadas se realizaron en un predio privado, tras la cancelación de las reservaciones en centros de convenciones y hoteles. Las autoridades de El Salvador y Honduras también han rechazado la presencia del hombre que se atreve a desafiar a cristianos católicos y protestantes de todo el mundo, reivindicando como símbolo de gracia la figura de la Bestia Apocalíptica y su número insignia, el 666. "Hay que evitar que venga aquí al país un loco que diga que es 'el Mesías', por eso dimos la orden de sacarlo del país, y tiene un impedimento (una prohibición) para entrar... estamos obligados a proteger la fe cristiana del país", explicó el presidente salvadoreño, Elías Antonio Saca. Héctor Fonseca, portavoz de la secta en Honduras, dijo que la administración de un hotel en Tegucigalpa les canceló también la reservación para un encuentro el pasado domingo. "No podemos conseguir ni dónde tener oficinas", se quejó. Los "anticristos" -como se definen a sí mismos los seguidores de Miranda- se consideran víctimas de una persecusión sistemática de los gobiernos que -según sostienen- actúan bajo presiones de la Iglesia Católica y en alianza con los medios de comunicación, pero ello no les desalienta. "Está escrita en la Biblia, pero para nosotros la persecución es buena porque, si no, estaríamos hablando de lo que hablan los demás", aseguró Luis Angel Calvo, uno de los más activos dirigentes de la congregación en Costa Rica. El propio Miranda aseguró el domingo que "los obispos católicos controlan como títeres a muchos gobiernos en muchos países" y que ellos habían influido para impedir su ingreso a Guatemala. Persecución o no, los voceros de Creciendo en Gracia aseguran estar creciendo también en número, aunque algunos de ellos admiten que, al menos en la región, se trata de un proceso lento. "El crecimiento es paulatino, porque el fin del pecado es una noticia maravillosa pero muy controversial", admitió Calvo, un ebanista de 50 años que dirige varios grupos de la secta en barrios populosos de San José. El precepto de que no existe el pecado ni el demonio, porque de ellos nos libró el sacrificio de Jesucristo hace 2000 años, es uno de los pilares de la doctrina proclamada por José Luis Miranda. Fuentes de la comunidad aseguran que en la actualidad funcionan decenas de centros de reunión en los cinco países del área y que sus seguidores se cuentan por miles. Portavoces de la congregación en Costa Rica y Honduras estimaron que entre ambos países hay unos 10.000 seguidores de Miranda, mientras que en Guatemala llegarían a 2.000 y a 1.000 en Nicaragua. No obstante, autoridades de varias denominaciones religiosas manejan cifras mucho menores relativas a la membresía de la secta en Centroamérica. Mundialmente, la congregación de Miranda mantiene un canal las 24 horas al día, Telegracia, y asegura contar con más de 200 millones de televidentes en 16 países. Además de la "siembra" -el equivalente al diezmo que pagan los fieles en las iglesias cristianas- la congregación tiene otras fuentes de financiamiento como una tienda virtual que vende discos de música, videos, libros y una gran cantidad de accesorios.

Esperan inmortalidad

"El mundo es nuestro y lo vamos a gobernar con él, nuestros cuerpos van a ser transformados para la inmortalidad", asegura Esther, una ama de casa que participa, en San José, en el ritual de la secta Creciendo en Gracia, del puertorriqueño Miranda. "No vamos a sufrir dolor, ni hambre, ni enfermedades, y eso es para pronto, está por venir", agrega esta mujer, para quien el encuentro con la figura y el pensamiento de Miranda transformó su vida en un remanso de paz. Esther junto a otras 75 personas se congregaron el pasado domingo en su local del centro de San José, un galerón amplio provisto de unas doscientas sillas y sin más identificación que un podio con el escudo de la congregación, en el que destaca la figura de una águila imperial. El grupo esperaba escuchar una trasmisión de las palabras del fundador y líder de la iglesia en el Seminario Mundial que se celebró en Guatemala el pasado fin de semana y al que Miranda no pudo asistir porque el gobierno de ese país centroamericano le impidió el ingreso. Como Esther, la joven pareja constituida por Fabián Sandí y Priscilla Cortés, están convencidos de que se avecina un gobierno regido por Miranda, para ellos "Señor Dios", "Padre", o afectuosamente "Papi". En realidad, ninguno de los asistentes sabe cómo se producirá ese cambio dramático pero no tienen dudas al respecto. Como tampoco dudan de que están "bendecidos" por Dios, libres de pecado y puros de espíritu, porque el propósito de Jesucristo al morir en la cruz fue "quitar los pecados del mundo y heredarnos la vida". "Esa es la noticia más maravillosa que nos trajo el Padre (Miranda), porque antes vivíamos asustados por nuestros pecados y por el diablo, dos cosas completamente inexistentes", afirma Luis Angel Calvo, uno de los líderes de la secta en Costa Rica. Los católicos y los protestantes "son unos mentirosos, llenan baldes con joyas y dinero prometiéndole a la gente quitarle sus pecados y les dicen que tienen que orar... nosotros creemos que la oración no cambia nada y por eso no la practicamos", afirmó Calvo. Los miembros de Creciendo en Gracia aseguran que no son una religión, a nadie se le prohibe tomar licor, fumar o asistir a un baile. "Para mí (ingresar a la congregación) ha sido lo más grande que me pudo haber pasado -concluye Esther-, he aprendido a amarme, a entenderme cuando soy carne y cuando soy espíritu. Vivo con el responso que nunca antes tuve", concluye.

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