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Teólogo propone crear una «Teología indígena de la liberación»

Agencia DPA. Desde Madrid. | 8 de Mayo de 2007 a las 00:00
El papa Benedicto XVI tomó postura en contra de la Teología de la Liberación hace tiempo, cuando aún no era Papa pero sí una gran figura del Vaticano. Y ahora que ocupa la Silla de Pedro la mantiene, algo que el teólogo progresista español Juan José Tamayo no considera "extraño". Siendo Joseph Ratzinger presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe condenó abiertamente esa corriente teológica que promueve el compromiso de la Iglesia con los pobres, un Jesús más "real" y que es muy popular entre los fieles de América Latina. "La acusaba de marxista, decía que incorporaba la lucha de clases en la Iglesia y que reducía la iglesia popular a iglesia de clases", asegura Tamayo, fundador y actual secretario general de la Asociación Española de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, progresista, que preside el también renombrado Miret Magdalena. El Papa inicia el miércoles su primera visita a América Latina: será en Brasil, donde además, el próximo domingo inaugurará la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM). "No es extraño que (Ratzinger como Papa) siga manteniendo las mismas posturas, sobre todo cuando unos meses antes de la celebración de la Conferencia Episcopal Latinoamericana sancionó a uno de los representantes más cualificados de esta teología". Tamayo, de 60 años, se refiere al influyente Jon Sobrino, el jesuita español afincado en El Salvador desde hace medio siglo, que fue amonestado en marzo por El Vaticano. La Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua Inquisición, consideró que en sus enseñanzas destaca en demasía la solidaridad con los pobres y oprimidos y poco la fe y la redención a través de Jesucristo. Según cuenta Tamayo en entrevista con la agencia dpa, en enero coincidió en Nairobi con Sobrino en el Segundo Foro Mundial de Teología y Liberación y ya entonces el jesuita estaba esperando la amonestación del Vaticano. "Él estaba muy tranquilo, no quería reaccionar de ninguna manera y me dijo que esperaba a recibir el documento de censura". Y cuando llegó, Sobrino reaccionó. "En la respuesta volvía de nuevo a insistir en la deformación de que había sido objeto su obra, también por parte de Ratzinger desde hace tiempo". El propio Tamayo tiene experiencia con las amonestaciones por parte de la jerarquía católica. En 2003, la Iglesia romana lo censuró y lo acusó de negar la divinidad de Cristo. Y sus compañeros de la Teología de la Liberación, entre ellos Sobrino, salieron en su defensa y lo apoyaron. "En mi caso, lo mismo de lo que se queja Sobrino, deforman los textos, los sacan de contexto e incluso llegan a falsearlos quitando palabras fundamentales", critica el teólogo español. Su obra censurada fue "Dios y Jesús", y la censura llegó tres años después de su publicación. Le ocurrió "algo muy parecido" a lo que le ocurrió al jesuita afincado en El Salvador: "El tema era el mismo: errores sobre la figura de Jesús de Nazareth". Respecto a la reunión del episcopado latinoamericano que Benedicto XVI inaugurará, Tamayo no tiene grandes esperanzas. "Yo no sé lo que va a pasar en esta asamblea, pero es previsible que se vaya reduciendo y se vaya limitando cada vez más el horizonte de la liberación y de la opción por los excluidos", señala. Y eso es justo lo contrario a lo que defiende él, que trabaja en una propuesta de una Teología de la Liberación en Europa en perspectiva ética. El compromiso de la Iglesia con los excluidos "tiene que llegar hasta el límite, hasta la defensa de la vida de los pueblos, de los continentes, de los sectores amenazados en su vida, en su identidad cultural, en su identidad étnica, en su calidad de vida, en todo", insta. "La denuncia", prosigue, "tiene que ser radical y profética y la apuesta tiene que ser no preferencial, sino fundamental por los excluidos y por los pobres". Respecto a la relación con los movimientos indigenistas en América Latina, Tamayo no duda en afirmar algo claramente: "Tiene que crearse una teología indígena de la liberación", dice. "La Iglesia Católica ha sido la responsable en buena medida de eliminar las señas de identidad de las culturas y de las religiones y de las comunidades indígenas en América Latina. Por tanto creo que es de justicia que les devuelva todo lo que les ha eliminado, les ha quitado", sostiene. Preguntado sobre la reciente despenalización del aborto en Ciudad de México, cuyos promotores han sido amenazados con la excomunión, el teólogo y catedrático destaca el derecho de la jerarquía católica mexicana y del Vaticano a pronunciarse en contra. "Pero el derecho a optar y hacer públicas sus posiciones no debe implicar ni sanciones ni censuras contra los políticos ni, por supuesto, injerencia en la esfera gubernativa y legislativa", concluye.

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