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Belice, un ejemplo de integración de pueblos

Por Ana Cerrad, agencia EFE. Desde Ciudad de Belice. | 13 de Mayo de 2007 a las 00:00
Belice, el más pequeño y joven de los países del Caribe centroamericano, formado por seis diferentes grupos étnicos que hablan entre ellos hasta 8 lenguas, proclama con el ejemplo que la integración en la región es posible. Y lo hace como anfitrión de la segunda Cumbre presidencial del Sistema de Integración Centroamericano (SICA) y de la Comunidad del Caribe (CARICOM), celebrada este sábado en Ciudad de Belice, y como único país que pertenece a ambos bloques. En su breve geografía de 23 mil kilómetros cuadrados conviven criollos afroantillanos, garífunas, mestizos, hispanos, mayas, ingleses, menonitas, libaneses, chinos e indios orientales. La tolerancia racial y la religiosa se combinan con éxito en Belice, donde 300 mil habitantes demuestran que se puede vivir la diversidad en armonía. Independiente desde hace 27 años, Belice muestra una identidad como nación casi imposible. Su ministro de Relaciones Exteriores, Eamon Courtenay, afroantillano y protestante, y su primer ministro, Said Musa, de origen palestino y musulmán, comparten un proyecto de país que trasciende sus diferentes referencias culturales. Inicialmente territorio español, Belice no hubiera sido diferente a sus vecinos de hoy si, primero los piratas y luego los madereros ingleses, no hubieran elegido estas costas para establecerse y exportar caoba. Los asentamientos de náufragos, prófugos y aventureros establecidos en torno al siglo XVIII en la región, denominada Bahía de Honduras por Cristóbal Colón, por la profundidad de sus costas (bien conocida es la simpleza, pero eficacia del descubridor al bautizar sus conquistas), dio pie a los ingleses a reclamar el lugar, ante la poca voluntad hispana de colonizar. La corona española "vendió" la no nata Belice a los británicos a cambio de protección en las aguas de los mismos bucaneros y comerciantes que se asentaron en la zona. Llamada hasta hace poco Honduras Británica y la última colonia en el continente americano de los ingleses, Belice se convirtió en un importante centro de exportación maderera. Al llegar la independencia, en 1981, Belice ya era una comunidad de refugiados de variopinta procedencia, arropada por la eficaz administración inglesa. El 30 por ciento de sus habitantes son mulatos, llamados criollos, descendientes de la mezcla de los primeros colonizadores ingleses con esclavos africanos, y cerca del 40 por ciento es mestiza, descendientes de la mezcla de mayas y españoles. Los garífunas, en si mismos otro referente histórico del Caribe, hijos, según se cree, de los primeros esclavos africanos escapistas, náufragos en las islas, y los indios arawaks que los rescataron, son el 6.6 por ciento y mantienen su propia lengua y costumbres. Los chinos, los menonitas, procedentes de Canadá en los años cincuenta, y los indios orientales, que representan el 2 por ciento de la población, también mantienen sus comunidades. Llegaron también soldados confederados derrotados de la guerra civil estadounidense, campesinos de Guatemala que huían de la explotación de los cafeteros y vecinos mayas que escaparon de la Guerra de Castas en México. Todos adoptaron como idioma común el inglés, que se habla con un sinnúmero de acentos, junto al "criollo", el español, el "garífuna", hasta tres lenguas de origen maya, yucatecos, mopán y kekchí, y el lenguaje de los menonitas de Manitoba. Los turistas necesitan visado, salvo los de la Unión Europea y los de los países del CARICOM, Estados Unidos y México, y la estadía máxima en el país es de 30 días. Destino turístico indiscutible y bien vendido entre operadores de cruceros en el Caribe (sin a penas infraestructura de puertos recibe uno cada semana), Belice ofrece la barrera de arrecifes más larga del hemisferio norte. El "agujero azul", delimitado frente a la costa del país por tres atolones, con 123 metros de profundidad, es uno de sus atractivos más conocido, además de su selva tropical, reservas naturales y sus ruinas mayas. Descubierto para el mundo por el marino francés Jacques Cousteau, el "agujero" es la entrada a lo que fue un sistema de cuevas seco durante la Edad de Hielo, inundado tras las glaciaciones. No se puede llegar a la entrada de las cavernas, flanqueadas por estalactitas, sin descender 34 metros por una pared de roca, profundidad que supera las recomendaciones del buceo de recreo. Sin embargo, miles de turistas se dan cita cada año en el "blue hole", aunque sea para asomarse a uno de los secretos guardados de Belice.

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