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¿Teología de la conciliación? Entrevista al teólogo João Batista Libânio

Por Pedro Doria, agencia Adital. Publicada en: O Estado de São Paulo, 13/05/2007. traducción: Daniel Barrantes | 22 de Mayo de 2007 a las 00:00
¿Cuál es el impacto producido por Brasil en Benedicto XVI? Benedicto XVI es alemán del sur, bávaro, ellos son más afectivos que los prusianos, aunque retraídos. En su país, es de mal gusto demostrar afectividad, pero en Brasil, no. En San Pablo, él estuvo apareciendo a cada rato en el balcón, interrumpiendo sus estudios. Sonrió. Se sintió a gusto para demostrar afecto, lo que genera una reacción en las personas a su alrededor y crea un ciclo. Cuanto más se expande, mayor el retorno. El Papa fue humanizado, en Brasil. Él ha escrito mucho sobre el amor. Hay dentro suyo un deseo muy grande de probar que el amor purifica. Y aquí, por primera vez, demostró físicamente aquello sobre lo cual escribió teóricamente. ¿Qué balance hace de esta visita? Él vino a reclamar a los cristianos una postura más misionera. Benedicto XVI tiene una visión muy crítica, en ciertos puntos correcta, de la modernidad. Hay una crisis de valores que afecta el concepto de vida, de relaciones humanas, de respeto de la realidad según el proyecto de Dios. Él pide que los cristianos se levanten contra los valores anti-cristianos. La sociedad está hedonista, materialista, consumista, trata la vida con mucho desprecio. ¿Y usted qué espera de la Conferencia en Aparecida? Realizará una convocatoria para que los católicos sean menos tímidos, después de todo, convengamos: es bonita la manera como los evangélicos no tienen vergüenza de declarar su religión. El éxito del encuentro se dará por la capacidad de expresar este concepto en una frase fuerte. Cuando hablamos de la Celam de Medellín, en 1968, recordamos la "opción preferencial por los pobres". Nadie lee los documentos producidos. Pero las frases fuertes quedan. ¿El Papa quiere católicos más activos? Sí, a partir de la fe y de los valores cristianos. No sólo a partir de una ideología, de un partido, de compromisos meramente éticos. El Papa cree que sin una contribución explícita de la fe cristiana, hasta la percepción ética tendría dificultad de contraponerse a los valores dominantes. El segundo punto importante es que Benedicto XVI no pretende contraponerse al crecimiento de los evangélicos. Él espera que la respuesta a ese fenómeno venga de dentro de la Iglesia, una Iglesia más fiel, más coherente. Como buen académico alemán, no está preocupado por conquistar fieles, que es el método de los evangélicos. Pretende atraerlos con una Iglesia que tenga una vida interna atrayente, fiel a los preceptos, a la doctrina. El tercer sesgo es resaltar que el lado social, el cuidado de los pobres y de os marginados, también es importante. Lo que Benedicto XVI tal vez tenga es dificultad para enfocarse por el prisma de la Teología de Liberación. ¿Por qué? Benedicto XVI propone primero trabajar los valores, cuidar que el individuo tenga una sólida formación religiosa y, con este bagaje, acercarse a la realidad. Con la Teología de Liberación, primero voy a comprender la realidad. Voy a recurrir a los medios sociológicos, psicológicos, políticos y, conociendo bien la realidad, intento saber qué preguntas le hace a mi fe. Benedicto XVI busca aplicar su fe a la realidad. Nosotros, los de la Teología de Liberación, preferimos primero auscultar la realidad, comprender la pobreza, sus causas. Nunca diríamos, como dice el Papa, que Cristo es la solución de la violencia. Antes intentamos ver las causas de la violencia: la miseria, las drogas. Sin levantar las causas socio-político-económicas, se nos hace difícil decir una palabra de fe. Para el Papa, esta palabra de fe ya es tan clara que ni siquiera es necesario hacer un análisis para presentar una solución a los problemas reales. Crece la preocupación por el aborto en la jerarquía de la Iglesia católica, especialmente después del proceso de legalización en Portugal y en México. ¿En qué medida el tema es prioritario en la agenda de la iglesia brasilera? Puede ser que él se imponga ahora, pero no era prioritario. Para el conjunto de la Iglesia de Brasil, la prioridad todavía es la situación de injusticia por la cual tantas personas mueren. Situación que inclusive lleva a muchos abortos, motivados por la extrema pobreza. No es un aborto sofisticado, es un aborto provocado por la miseria, bajo las peores condiciones posibles. La pobreza y la miseria son problemas mucho más graves. No sirve de nada tratar los efectos si no se tocan las causas. No sirve tener una escuela secundaria en la cual las adolescentes reciben información inadecuada sobre sexo. Allí se embarazan, se hacen abortos. Pero, ¿y antes de eso? Aislar el problema del aborto en medio de tantas causas que llevan hasta él no es una manera objetiva de enfocar la realidad. ¿Usted diría que, para tener apoyo del Vaticano en las cuestiones sociales y ambientales, la CNBB va a incorporar el discurso del Papa en el campo moral? Un analista político puede hacer este tipo de lectura, pero la política interna de la Iglesia camina de otra manera. Para nuestro episcopado, el pensamiento del Papa es palabra final. El católico más crítico hasta tiene libertad de cuestionar, pero para el católico medio y sobre todo para el obispo, que promete obediencia especial, es preciso seguir al Papa, independientemente de cualquier estrategia de aproximación con Roma. Poquísimos obispos se permiten libertades ante posiciones del Vaticano. Cuando lo hacen, jamás es en público. Recuerdo que en la Celam de Puebla, en 1979, la opción sería por los pobres. El Papa dijo que debería ser la juventud, y allá entró: "opción preferencial por los jóvenes". Es la estructura interna de la Iglesia Católica. Cuanto más la Iglesia se confronta con las otras iglesias cristianas, más se distingue justamente por la existencia del Papa. Pero en este momento, la Iglesia de América Latina no va a modificar su preocupación social. ¿Basado en qué usted hace tal afirmación? Aquí, la Iglesia tiene tradición de compromiso. Es verdad que ahora, influenciada por los evangélicos, existe también esta Iglesia más carismática. Por un lado es bueno, da alegría a la vida, alivia sufrimientos. Sólo lucha, lucha, nadie aguanta. Existe un cansancio mundial con aquella militancia de la década de 1960. La cultura post moderna trajo desarrollo tecnológico, recursos económicos, las personas viajan más, tienen más bienes, hay más música, los jóvenes están más lindos, con aros, con gel, hay más alegría... Eso afecta la cultura. Sólo que no podemos olvidar el compromiso con la Justicia. La Iglesia latinoamericana va a continuar luchando, pero el mundo es otro. Quiere decir: ¿las restricciones del Papa en lo que respecta a la Teología de la Liberación no existirán en la práctica? Pueden surgir oposiciones. Si los diputados comienzan a hablar de despenalización del aborto, la Iglesia va a levantarse. El aborto es una cuestión delicada y difícil de tratar con la gran masa sin correr el riesgo de la simplificación. Doy un ejemplo. Se yo me cuestiono a este respecto, diré que estoy en contra de realizar el aborto. Pero otra cosa es que el Estado abra el debate, ya que abortos inseguros existen en cantidad, y ahí nosotros nos preguntamos ¿cuál sería el mal menor? ¿Preferimos que ocurran en el fondo de las huertas o en los hospitales? Debemos discutir las dos preguntas separadamente. El aborto es una cuestión ética, no de la Iglesia. La Iglesia entra cuando puede contribuir a la discusión ética. Vea lo que el Papa dice a respecto de la vida, que es una manera muy sutil de entrar en la cuestión. Juan Pablo II era más enfático. Benedicto XVI busca las sutilezas. En relación con la obediencia plena al Papa: ¿Los obispos no ganaron independencia a partir del Concilio Vaticano II? ¿Hubo retroceso? El problema se produce en el Concilio Vaticano I de 1870, con Pío IX, cuando es definida la primacía del Papa. Es cuando él gana poder sobre las diócesis del mundo entero y hay un refuerzo del poder central. El Vaticano II procuró disminuir un poco este centralismo, apelando a la colegialidad, implementada a través de los sínodos que tienen lugar de tiempo en tiempo en Roma. Pero se trata de un órgano sólo consultivo. El Papa hace lo que quiere. Parece que los nombres más ligados a la Teología de Liberación estarán ausentes en la Celam. ¿Por qué? No hubo prohibición. Ocurre que nuestra presencia puede provocar reacciones y no tendremos espacio para contribuir. Es una cuestión de sensibilidad. Seré de Minas Gerais: es mejor que no nos expongamos. No es el momento. ¿El Vaticano quiere callar las tensiones internas de la Iglesia en América Latina? Pienso que este Papa no va por la línea del callar autoritario, no. Si él pretende callarnos, va a hacerlo usando la razón. La lógica. Él argumenta con la razón y la fe. Quiere demostrar que nuestro movimiento se equivocó en algunas cosas, la propia historia lo mostró, entonces Benedicto XVI no precisa callar a nadie. Estamos distantes de la época de los años 1980. Él está cambiando hacia decir, "si usted escribe eso, no lo voy a callar, pero sus razones no son buenas". Al criticar la modernidad, el Papa rechaza al mundo, ¿es como para fijarse en una vuelta al pasado? Lo que él intenta decir es que la modernidad tiene elementos del cristianismo: derechos humanos, derechos de la mujer, eso viene de Jesús. El Papa es extremadamente moderno, no es TFP. Él lucha contra la modernidad que niega su origen cristiano. Pero, ¿él rechazará los cambios? Este pontificado todavía es muy nuevo para que levantemos tal conjetura. Juan Pablo II instituyó que vivíamos un período de intensa transformación. Entonces, hizo gestos de apertura en encuentros ecuménicos e interreligiosos. Pero no permitió una transformación interna de la Iglesia, pues temía la dilaceración. Fue hasta severo. Tuvo momentos de audacia, como el de pedir perdón por la manera como fue evangelizada América Latina, por la Inquisición, etc. Quebró aquella pureza bautismal de que la Iglesia no se equivoca. Siendo así, ¿quién va a negar la posibilidad de pedir perdón mañana por los errores de hoy? El Pontífice quiso un encuentro aparte con Don Paulo Evaristo Arns, que defendió al ex-fray Leonardo Boff en Roma, en los años 80. ¿Tiene algún significado esto? Fue un gesto de benevolencia. Hay una tradición en Roma en la que el Papa siempre visita a cardenales cuando están debilitados. Y Don Paulo es un hombre de gran mérito para la Iglesia. Yo lo interpretaría en esta dirección. ¿Qué marcas usted cree que esta visita le dejará a Benedicto XVI? Él elogia mucho la vitalidad de la Iglesia de América Latina. Y debe sentir un contraste muy grande con la iglesia de su país, que está muriendo. Por más errores que hayamos cometido, Benedicto XVI no puede considerar a nuestra Iglesia como perdida. Es una Iglesia viva. Una acusación que se le hacía a la Teología de Liberación era que habría sido una de las causas de la evasión de fieles. Pero, si observamos las estadísticas, la Iglesia que más perdió fieles fue la de Río de Janeiro, liderada por un conservador del porte de Don Eugenio Sales. ¿La Iglesia todavía se molesta por la laicización de los Estados? En el pasado se molestó más. Hoy muchos lo consideran hasta una bendición, porque la Iglesia quedó más libre. Existen hasta obispos que creen que ella debería desistir hasta del Vaticano. Se cuenta que cierta vez, Don Helder Cámara preguntó a Paulo VI si podría ofrecerle dos consejos. Primero: que el Papa dejase el Vaticano y se fuese a vivir a la sacristía de una iglesia pequeña, dejando toda aquella riqueza a la Unesco. Segundo: que reuniese a todos los nuncios, agradeciese por los servicios prestados y los dispensase a todos. El Papa lo encontró gracioso, rió, pero no hizo nada, evidentemente. Pero sería como volver a la Iglesia de Pedro y Pablo, que nada tenía.

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