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Docenas de teólogos y curas certifican la buena salud de la Teología de la Liberación

Agencia Adital. Desde Brasilia. | 22 de Mayo de 2007 a las 00:00
Docenas de teólogos participantes del Seminario sobre los Desafíos de la Iglesia en el Siglo XXI, realizado en Pindamonhangaba entre los días 18 y 20 de mayo, enfatizaron la necesidad de la reformulación de la Iglesia para que ésta pueda acompañar los cambios vivenciados por la sociedad moderna, se informó este martes. Los teólogos y especialistas latinoamericanos, pidieron a los obispos de América Latina y el Caribe más "Teología de la Liberación", compromiso con los pobres y reforma de la "estructura piramidal rígida" de la Iglesia. Además: ¿Teología de la conciliación? Entrevista al teólogo João Batista Libânio Manifiesto del Pueblo de Dios pide cambios en América Latina Unos 250 teólogos, sociólogos y especialistas de toda la región participaron del Seminario Latinoamericano de Teología, organizado por el Consejo Nacional del Laicado de Brasil. El seminario se celebró el fin de semana en Pindamonhangaba (Sao Paulo), a pocos kilómetros de Aparecida, donde sigue reunida la V Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe, inaugurada por el Papa Benedicto XVI, y a la cual dirigieron una carta de conclusiones. En esa carta, divulgada este martes en internet, los teólogos y especialistas llamaron a "profundizar la teología de la liberación" y a "asumir con firmeza la opción por los pobres". Los teólogos participantes del seminario llegaron de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, México, Uruguay, Venezuela, Colombia, Guatemala, El Salvador, Haití, Nicaragua, Canadá, Francia e Italia. Entre éstos estaban los teólogos brasileños Agenor Brighenti y Benedito Ferraro, el también teólogo director del Centro de Formación Dei de Costa Rica Pablo Richard, y Carlos Signorelli, presidente del Consejo del Laicado de Brasil. Modificación del trato en relación con las minorías, reformas en su estructura jerarquizada y consideración de las peculiaridades de los pueblos latinoamericanos y caribeños fueron señalados por los participantes como fundamentales para un ejercicio pleno de la fe en el continente. En el segundo día del encuentro, el teólogo brasilero Agenor Brighenti sostuvo la necesidad de un proceso constante de reformulación y reflexión dentro de la Iglesia. "El desafío está en encarnar toda la fe dentro de toda la vida, en una búsqueda común, porque común es el destino", evaluó. "Las causas de la mujer, del indio, del homosexual, de los derechos humanos, de los labradores son también las causas del Evangelio", defendió el especialista. Basado en el argumento, Agenor reitera la necesidad de que se llegue a una "fidelidad renovada". "La Iglesia debe renovar sus instituciones porque las actuales no responden más a las exigencias del hombre y de la mujer de hoy", afirma. "Es urgente pensar en una estructura eclesial flexible pues vive en un tiempo intermedio, entre el hoy y la parusía, por lo tanto la estructura provisoria y dinámica le es más propia. La experiencia pascual es fundacional para su identidad y accionar y debe ser también la base para redefinir su estructura", culmina Brighenti. En su presentación, Paulo Suess, estudioso de la realidad indígena y asesor del Consejo Indigenista Misionero en Brasil (CIMI), corroboró la importancia del proceso de reflexión para una renovación de la fe en el continente. Ante el violento proceso de evangelización de las poblaciones indígenas durante el Período Colonial, él alerta que "un cristianismo de alas nuevas no será dádiva de la Providencia, sino una construcción a partir de nuestra comprensión de la fe". En la evaluación del especialista, es necesario tener en consideración las peculiaridades culturales, sociales e históricas de los pueblos de América Latina y el Caribe para llegar a una auténtica comprensión de su fe. "Nuestro cristianismo, por lo tanto, deberá ser respetuoso de la historia y de la cultura de los que viven aquí, no una filial con sede en Europa: tendrá el rostro del pobre, del indio, del afro-descendiente, del trabajador. Los crucificados de hoy son la epifanía del Cristo vivo, resucitado", concluyó. El director del Centro de Formación DEI, teólogo Pablo Richard, con sede en Costa Rica, trazó una comparación entre dos modelos coexistentes de iglesia en la contemporaneidad. El primero, en su clasificación, a pesar de dominante, se muestra en crisis irreversible. El segundo, que nace dentro del primero, todavía enfrenta dificultades, pero crece con el vigor de la esperanza. De acuerdo con la dicotomía propuesta por Richard, el primer tipo, en crisis, se caracteriza por su estructura jerárquica, "lejos del mundo que construye democracias". Para él, una iglesia que por miedo termina por encerrarse en sí misma. La segunda iglesia "se muestra inserta en la historia", conciente de lo que significa el neoliberalismo en la vida de las personas en términos de sufrimiento y muerte, marcada por la capacidad autocrítica en la búsqueda de nuevas estructuras. "Esa iglesia emergente debe continuar su propia conversión, pues pasó de una teología hecha por blancos, clérigos y hombres, a un nuevo cristianismo en el que nacieron polos de poderes difusos con más mujeres, afro-descendientes, homosexuales, indios; con más laicos, más jóvenes", desea el teólogo. En el último día del seminario, la postura de la profesora universitaria Eva Aparecida de Moraes, fue en dirección de lo presentado anteriormente. En su evaluación, "los desafíos para la iglesia comienzan dentro de ella misma, en los diferentes modelos que coexisten". "El modelo de iglesia implantado en América Latina y el Caribe inicialmente vino de afuera hacia adentro con el sistema de patronazgo, antes, y después con la romanización. Pero el proceso de los últimos cincuenta años motivó a mucha gente hacia el modelo del Vaticano II que mira más hacia afuera de sí, hacia el servicio a la sociedad", comparó. Ante las dificultades vividas en el continente y de la reformulación vivida por la sociedad de hoy, ella defiende una "iglesia de diálogo con los diferentes". "En esa relación la presencia del laico y de la mujer debe interesar más y hacer pensar a toda la iglesia y a cualquier teología, pero principalmente a la teología de liberación. En el grupo de Jesús no sólo había muchas mujeres, sino que actuaban. Laicos, hombres y mujeres, incorporados a Cristo y actuantes en el mundo, deben crear su identidad y autonomía que se van definiendo por su actuación", argumentó. El cierre del seminario le tocó al teólogo Paulo Fernando Carneiro de Andrade. En su presentación, enfatizó el deber de la Iglesia para con las malezas que acometen sobre el mundo. "El compromiso con la construcción de la justicia no puede ser entendido como una opción accesoria para la iglesia", afirmó. Incluso respetando la autonomía del Estado, la Iglesia, hacia el mismo, se siente en la obligación de colocarse siempre en defensa de hombres, mujeres y de la naturaleza, cuando el propio Estado o grupos de interés amenazan a la sociedad como espacio de vida plena, agregó. En estos últimos años, debido a situaciones de alcance global, aumenta la represión de la delincuencia, del ‘terrorismo’, pero la miseria de los pueblos todavía se impone como uno de los elementos principales que cuestionan y exigen la presencia de las iglesias y de sus militantes en la defensa de la justicia, dijo Carneiro. "La sociedad ‘policialezca’ transforma las leyes en medios, no para promover sino para controlar a movimientos y grupos organizados. Hasta acciones democráticas de participación terminan siendo encuadradas en el ámbito de la ilegalidad", criticó. De esa manera, el teólogo defiende que se "intensifique el accionar de las Pastorales Sociales con la mira en el empoderamiento de los pobres como protagonistas a través de acciones creativas de laicos y laicas capaces de promover alternativas económicas, sociales y políticas".

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