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No hay justicia humana que repare daños de Ríos Montt

Ciudad Guatemala. Por Mariano González, Rebelión | 11 de Mayo de 2013 a las 12:13

"La sentencia" dijo Efraín Ríos Montt "es un show internacional que afecta el alma y el corazón del pueblo guatemalteco", después que ser declarado culpable por los delitos de genocidio y deberes contra la humanidad, por el tribunal A de alto impacto presidido por la jueza Yazmín Barrios.

Después de tanto tiempo, Ríos Montt sigue sin aprender nada.

Porque lo que realmente afectó el "alma y corazón" del pueblo guatemalteco sucedió hace 30 años: las miles de muertes, desapariciones, violaciones y demás delitos cometidos contra los cuerpos sufrientes de los indígenas guatemaltecos.

La extensa y sistemática represión llevada a cabo por el ejército guatemalteco encabezada por Ríos Montt (pero también por otros que han de empezar a sentir miedo) se dirigió contra todos aquellos que fueron considerados parte del "enemigo interno" por la Doctrina de Seguridad Nacional y que, en un sentido profundo, ponían en cuestionamiento el sistema imperante por sus prácticas solidarias y no integrables a la reproducción del mismo.

Fue en ese momento en que se afectó seriamente el alma y el corazón del pueblo guatemalteco o más bien, su encarnación en hombres, mujeres y niños (sobre todo indígenas, sobre todo pobres) que fueron salvajemente asesinados, lo que entre otras cosas, reforzó una fractura extensa del tejido social.

Sin embargo, inadvertidamente y contra sus intenciones, Ríos Montt tiene razón. El juicio y la condena ponen en primer plano las divisiones y contradicciones que conforman el país. Contribuye a desmontar los mitos que se han querido imponer respecto a que "todos somos guatemaltecos" o que Guatemala es "el país de la eterna primavera", olvidando las posiciones enfrentadas que siguen existiendo.

Descubre a un pueblo que alterna entre el miedo y la necesidad de verse de frente en el espejo, para asumir una serie de heridas y fragmentos no articulados sino por el poder y la violencia que han venido de lejos.

Indudablemente que no hay justicia humana capaz de reparar el daño hecho por Ríos Montt y una larga cadena de mando que incluyó a los ejecutores materiales.

La condena, pese a la profunda emoción y esperanza que despierta, tampoco se encuentra firme. Diversos recursos legales (y presiones desde el poder) pueden anular esta sentencia. Todavía existe un largo camino amenazado por múltiples obstáculos.

No hay que olvidar que este paso no es el final del trayecto, sino parte del recorrido, de muchos pasos para la búsqueda de la verdad y la reconciliación que son logros siempre provisionales, finitos y frágiles. Humanos pues.

No obstante, aún cuando fuera revocada, hay que reconocer este logro simbólico que ha permitido el conocimiento y la discusión sobre aquello terrible sucedido en el enfrentamiento. El juicio y esta condena permiten reflexionar y pensar un pasado doloroso y actuante. Que apunta, entonces, a la justicia.

Sí, contra las intenciones de Ríos Montt, esto sí afecta el alma y el corazón del pueblo guatemalteco.

(*) Mariano González, psicólogo, guatemalteco. Docente de la Escuela de Ciencias Psicológicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala e investigador de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala –ODHAG.


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