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Hugo Chávez, incondicional

La Habana. Por Orlando Oramas León, PL. | 12 de Junio de 2013 a las 08:43

Germán Sánchez Otero es de los cubanos que más íntimamente conoció al expresidente Hugo Chávez Frías. Quince años como embajador en Venezuela abonaron una relación estrecha, cotidiana y llena de vivencias, marcadas ahora por la desaparición física del líder bolivariano.

"Siempre lo recordaré sonriente, pensando en cómo ayudar a los demás, que puede ser un enfermo, puede ser un pueblo, el venezolano, el cubano, el de Estados Unidos; consagrado cada minuto a ayudar a la humanidad", evoca Otero en declaraciones exclusivas para Prensa Latina.

"Él mismo no se percataba de su grandeza. Se hace necesario un análisis exhaustivo de tal atributo, del proceso bolivariano, original, singular, creativo, lleno de sorpresas para la teoría revolucionaria".

El autor de los libros Abril sin censura y La Nube Negra, relativos al golpe de Estado de abril de 2002 en Venezuela y al paro petrolero que le siguió, subraya la urgencia de estudiar a fondo la integralidad de Chávez, "ante los intentos del enemigo por desdibujar su figura y legado".

"Habrá que detenerse mucho en su estilo de hacer política, que es un estilo sumamente fácil para él, porque lleva al plano social, al plano de lo político su manera de ser, un humano, de carne y hueso".

El ex diplomático cubano recuerda con emoción el primer encuentro, el 12 de septiembre de 1994:

"Él acababa de salir de la cárcel hacía unos meses, tenía una vigilancia permanente de la policía secreta, represiva, y de la dirección de inteligencia militar. Aunque no fue un encuentro clandestino, sí fue una entrevista muy discreta y adoptando las medidas de rigor. Lo encontré espontáneo, emotivo, mente rápida, preguntón en el mejor sentido de la palabra, agudo en sus enfoques, muy creativo, sumamente humilde, modesto".

"Chávez una y otra vez evocaba a lo mejor de la historia venezolana, Bolívar en primer término. Se refería a la necesidad de un cambio radical de lo que ya llamaba una crisis estructural; decía que no había solución dentro del sistema constitucional político de la IV República. Me dijo con absoluta soltura que no era marxista, pero tampoco antimarxista; que no era comunista, tampoco anticomunista. Y cuando habló de marxismo dijo: «no puedo ser antimarxista porque no conozco suficientemente al marxismo. Tengo que estudiarlo». Ese era el Chávez de 1994, abierto al mundo de las ideas y muy imbuido por la convicción de que debía conducir un proceso político de base popular, vinculado especialmente a los pobres, que entonces eran el 80 por ciento de la población venezolana".

Cuenta mi interlocutor –quien recibiera de manos del estadista bolivariano la Orden Libertador– que entonces trató de compararlo con el guatemalteco Augusto Turcios Lima, con Omar Torrijos, con Velazco Alvarado; también con líderes de partidos políticos de izquierda de Latinoamérica. "Era un hombre singular, que no cabía en ningún molde".

"Si vi a alguien con mucha capacidad para plantearse resolver la ecuación del poder, pero no la ecuación del poder en un libro, o una fórmula, o copiándola de un país. Estaba inventando una ecuación de poder", enfatiza.

A Sánchez Otero le impresionó también cómo aquel Chávez ya se "paseaba por la historia, pero no como un académico, no como un amante del estudio, sino buscando en ella las variables de esa ecuación del poder que él tenía que despejar para encabezar el cambio".

"Pero lo que más me emocionó fue cuando, despidiéndonos, al abrazarme, me dice: «díganme en qué yo puedo ayudar a Cuba». Un hombre que hacía cinco meses había salido de la cárcel, que tenía que dar una batalla en las calles con el pueblo, que vivía en condiciones muy modestas. Chávez nos abrió y entregó su corazón desde el primer momento, fue un gesto de solidaridad auténtico, fue un amigo auténtico", remarca.

Sánchez Otero rememora con particular intensidad la estrecha relación que se estableció entre los máximos conductores de las revoluciones de Cuba y Venezuela. "Recuerdo la visita de Fidel a Venezuela en el 2000 para la firma del convenio integral de cooperación. La idea del convenio, que yo recuerde, en honor a la verdad, fue de Chávez".

El jefe de Estado bolivariano estaba buscando una fórmula que beneficiara a los países del Caribe y cómo incluir a Cuba en el convenio petrolero de San José, "pero los mexicanos le dijeron enfáticamente que no", recuerda.

Entonces Chávez propone el acuerdo de Caracas con los caribeños y le manda a decir a Fidel Castro que no asista, pues quería hacer algo especial con Cuba y recibir al líder cubano en visita oficial, como le prometiera en su primer encuentro bilateral en La Habana, en 1994.

Días antes el mandatario venezolano pregunta cuál es el consumo de petróleo de Cuba: alrededor de 160 mil barriles diarios. Los especialistas de PDVSA le habían propuesto suministrar a La Habana 53 mil barriles, la tercera parte.

"Y él propone: «vamos a duplicar la cifra esa, vamos a garantizarle a Cuba 106 mil barriles de petróleo», las dos terceras partes del consumo, que equivalía virtualmente a casi el 80 por ciento o más de las importaciones nuestras en aquel momento". Cuando Fidel llega a Venezuela le dice: «no te podemos aceptar esa cifra, tú no estás en condiciones en estos momentos de darnos a nosotros 106 mil barriles de petróleo. Vamos a dejarlo en la mitad que ya para nosotros es una cifra extraordinaria». A partir de ahí fueron tantos y tantos momentos en que uno o el otro le decía «no estoy de acuerdo contigo». Chávez le repetía a Fidel: «cómo nos vas a regalar la biblioteca familiar»; eran dos millones de bibliotecas hechas en medio de la descomunal batalla de las misiones sociales en el 2003. ¿Cómo nos vas a mandar gratis los televisores, cómo nos vas a mandar gratis los casetes, ustedes necesitan, ustedes no tienen recursos y Fidel discutiendo con él que después se vería eso, que lo importante era desarrollar todas las misiones de manera exitosa".

Según Sánchez Otero, ambos estadistas coincidieron en muchos conceptos, pero es la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) la que más los encarna. "Fidel y Chávez siempre han sostenido que la integración tiene que ser de almas, humana, sin las mezquindades de los valores del mercado. La generosidad de la complementariedad verdadera, que cada país ayude a los demás según sus posibilidades".

Otero evoca entre sus recuerdos el momento en que el líder venezolano conoce a Raúl Castro, a fines de 1999. Chávez había participado en la X Cumbre Iberoamericana en La Habana, y luego hizo una visita oficial. "Él vino con varios altos oficiales, algunos de los cuales luego le traicionaron en el golpe de abril de 2002. Juntos fueron a visitarlo en la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Tras regresar a Venezuela, me invita a un desayuno y empieza a hablarme de la reunión con Raúl Castro. Se da cuenta de quién era Raúl, de lo que significaba para la revolución cubana, y me dice, con angustia: «Yo no tengo un segundo, necesito tener un segundo»".


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