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Brasil

Managua. Por Aldo Díaz Lacayo. | 24 de Junio de 2013 a las 18:00
Brasil

La historia es el registro de las luchas sociales. Más bien debería serlo. Porque la convencional generalmente no se corresponde con la real. Esta escrita por los vencederos en función de la preservación de su ideología. Verdad irrebatible en las naciones sin historia. Aquellas que viven un largo presente: doscientos años en el caso de las naciones de América, desde su independencia. No es el caso de Los Estados Unidos, cuya historia continúa la de los llamados padres fundadores, a pesar de la ruptura independentista.

El caso de Brasil también es diferente. Ahí no hubo independencia. Primero fue parte indirecta de la Santa Alianza. La unión de los imperios europeos contra el republicanismo que había tomado carta de ciudadanía en América. Nada menos que en sus colonias. Luego fue sede literalmente del propio imperio portugués por casi un siglo.

Fue el propio emperador portugués asentado en Brasil quien le concedió la independencia. No hubo ruptura. No hubo revolución independentista. Hubo solución de continuidad. El establecimiento político heredero del imperio portugués nunca tuvo rechazo a la metrópoli. No desarrolló resentimientos ni actitudes vindicativas contra Portugal, y por extensión contra Europa.

Los descendientes de aquel establecimiento político mantienen ese sentimiento colectivo. Convencidos de la falta de revolución independentista los mantienen en unidad. Odian toda ruptura revolucionaria. Una actitud que reflejan las clases medias de reciente formación, ahora protestando masivamente por primera vez en la historia de Brasil. No pretenden una ruptura del sistema democrático occidental, representativo. Menos una revolución. Señalan las ineficiencias del gobierno y la desbordada corrupción pública y privada para qué rectifiquen. Nada más.

No es pues una lucha política contra el PT. Es contra la ineficiencia e insensibilidad del establecimiento político, que incluye al PT. Así debe entenderse la reacción de la presidente Dilma Roussef y la de los partidos de derecha que quieren capitalizar las protestas populares pero sin arriesgar el sistema. Todos tratan de mantener la protesta dentro del sistema. Se asocian con este propósito.

Esta nueva clase media protesta no a la usanza latinoamericana sino al estilo europeo. Así la cataloga la prensa del Norte. Justifican la represión calificándola contra los vándalos. Una minoría de derecha extrema que si quiere derribar al PT. Sentar las bases de triunfo para el próximo proceso electoral nacional. No por razones ideológicas solamente, sino para recuperar el control absoluto de la corrupción.

¿Nunca habrá revolución en Brasil? Desde luego que sí. Las clases bajas marginadas y explotadas están muy bien organizadas por sectores. Brasil es paradigma en materia de organización de movimientos sociales de la región. Con una larga tradición de lucha. Cada vez más integrados a los de América Latina y El Caribe. Con conciencia de clase. Con inconsciente colectivo de liberación. Nunca formaron parte ni responden al inconsciente imperial del establecimiento político.

Cuánto impactarán las actuales protestas de las clases medias en la lucha organizada de los movimientos sociales brasileños es una pregunta que debe responderse en forma integral, en el marco de la situación socioeconómica general de la República Federativa. Un análisis que se escapa a la naturaleza histórica de este trabajo, pero que ya se está haciendo en la región y más allá. Hay demasiados interese económicos en juego, todos imperiales.

Las protestas de las clases medias continuarán con más o menos intensidad y continuidad dependiendo de la capacidad del establecimiento político para colmarlas. Algo que los primeros análisis de la situación socioecómica integral de Brasil ponen en duda. En otras palabras, la lucha de los movimientos sociales tiende a escalarse. La represión también.

Pero, lo más importante. El mundo está transitando de un estadio histórico a otro que implica una nueva forma universal de organización social. Sin duda socialista. En eso están todos los pueblos del mundo. Habrá reflujos pero no prolongados, aunque sí en más de un caso cruentos tal como lo está demostrando la realidad.


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