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El Papa en Brasil

Brasilia. Por Emir Sader, diario Página/12. | 21 de Julio de 2013 a las 10:58

Estaba en el programa del papa anterior, que el nuevo papa viene justamente a cumplir, la visita a Brasil. Es claramente parte de un plan del Vaticano para intentar recuperar el terreno perdido en las últimas décadas en el que es considerado el continente más católico del mundo.

El papa Juan Pablo II había tomado una decisión estratégica al alinearse con los Estados Unidos y Gran Bretaña, para protagonizar, junto con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la ofensiva final contra la URSS, para provocar el desenlace favorable al bloque imperialista en la Guerra Fría. Formó parte de eso, a través de la represión y el debilitamiento de la Teología de la Liberación, que podría haber sido la versión popular del catolicismo.

La fuerte ofensiva del Vaticano contra la Teología de la Liberación mató a la gallina de los huevos de oro del catolicismo y abrió el campo para todas las variantes evangélicas, que ocuparon el espacio que podría haber sido ocupado por la versión popular del catolicismo. En lugar de fortalecerse, la Iglesia Católica entró en una profunda –y probablemente irreversible– decadencia.

La visita del Papa a Brasil –considerado el país con más católicos del mundo– tiene como objetivo recuperar el espacio perdido en las últimas décadas, a contramano de las tendencias de debilitamiento de adhesión a las religiones y de la expansión de varias corrientes evangélicas.

Pero el Papa no trae ningún discurso atractivo, especialmente para las nuevas generaciones, mayoritarias en Brasil y en América latina. Más allá de la participación de una cantidad relativa de jóvenes durante su visita, nada indica que el Papa pueda recuperar prestigio y adhesión en Brasil y en nuestro continente. Sobre los temas que preocupan a los jóvenes y al mundo contemporáneo, el Papa no tiene nada para decir. Su discurso se revela conservador en lo que refiere a los temas básicos que interesan a los jóvenes y que podrían renovar el discurso de la Iglesia: el papel de las mujeres, el aborto y el divorcio, entre otros.

Hay una campaña publicitaria que intenta proyectar una imagen simpática del nuevo papa para contrarrestar la antipatía y la falta de atractivo del papa anterior. Pero nada más allá de su imagen.

Se esperaba que, como el nuevo papa es argentino, ya no vendrían dos millones, sino dos millones y medio de personas, pero estas previsiones ilusorias rápidamente naufragaron, y se habla ahora de menos de la mitad de eso y seguramente más del 90 por ciento será procedente de Brasil.

La visita del Papa tendrá un efecto instantáneo, sólo porque es producto de una campaña publicitaria para proyectar a algún líder conservador en un mundo en que los estadistas del bloque occidental –Obama, Merkel, Hollande, Rajoy y Cameron entre otros– tienen una imagen muy deteriorada. Pero a falta de un discurso atractivo –más allá de las apelaciones demagógicas y vacías sobre la miseria, la paz, la revigorización de la espiritualidad, etc.–, nada más se puede esperar de la visita del Papa, que se irá como vino, sin ninguna capacidad para fortalecer una Iglesia Católica brasileña con autoridades oficiales conservadoras e inexpresivas. La derecha conseguirá esporádicamente proyectar la imagen simpática del papa actual, sin ninguna injerencia en la situación de Brasil y de América Latina.

Magisterio gestual

Por Washington Uranga

La visita que el papa Francisco iniciará mañana lunes a Brasil –y que se extenderá hasta el próximo domingo– puede ser la oportunidad para que la máxima autoridad del catolicismo profundice en su magisterio gestual, utilizando con simbólica capacidad política cada una de las situaciones que se le presenten. De hecho, todos los detalles que trascendieron del viaje –que tiene por principal objetivo participar de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro– han servido para ratificar la imagen de austeridad que el Papa ha construido desde el inicio de su pontificado hace poco más de cuatro meses. Rechazó una cabina especial en el avión que lo llevará hasta Río, ya avisó que no utilizará el llamado "papamóvil", un vehículo blindado, porque quiere estar cerca de la gente y pidió que la seguridad se reduzca al máximo por el mismo motivo.

"El Papa no desea obstáculos en su comunicación con el pueblo. Esa es la realidad de este pontificado" aseguró el sacerdote Federico Lombardi, vocero del Vaticano, en una entrevista concedida esta semana al diario O Estado de São Paulo. Esa será la tónica de la visita. Lejos del carisma de masas de Juan Pablo II, pero también de la distancia formal de Benedicto XVI, Francisco seguirá en la línea de profundizar su imagen de un pontífice cercano a la gente.

Pero, más allá de lo que el Papa quiera o desee, Brasil tiene sus propios problemas y el gobierno de Dilma Rousseff no va a descuidar ningún detalle. Tampoco los de seguridad. Por eso habrá aproximadamente 14 mil efectivos dedicados a garantizar el orden en los actos, sobre todo teniendo en cuenta que la vidriera que aporta la visita papal puede ser una oportunidad ansiada por los mismos manifestantes que hace apenas unas semanas hicieron oír sus voces de protesta a raíz de la celebración de la Copa de Fútbol de las Confederaciones.

Nadie espera que el viaje a Brasil depare grandes sorpresas en cuanto a anuncios. La última novedad generada por Francisco tuvo lugar hace apenas unos días, el 18 de julio, cuando informó sobre la creación de una comisión pontificia de carácter técnico-jurídico que tendrá como misión elaborar "soluciones estratégicas de mejora, necesarias para evitar el dispendio de recursos económicos, para promover la transparencia en la adquisición de bienes y servicios, para perfeccionar la administración del patrimonio mueble e inmueble, para operar cada vez con mayor prudencia en el sector financiero, para garantizar la correcta aplicación de los criterios contables y garantizar asistencia sanitaria y social a todos los que tienen derecho". Esa comisión, de ocho miembros, será nombrada directamente por el Papa, estará en directa relación con el grupo de cardenales a los que Francisco le confió la reforma de la estructura de la Iglesia y será dotada de todos los recursos necesarios para su acción. Bergoglio continúa en su línea de poner las cuentas en claro y recuperar la transparencia de las finanzas vaticanas.

Desde el punto de vista doctrinal no habría que esperar tampoco sorpresas o grandes anuncios en Brasil. Bergoglio utilizará su visita para hablarle al continente latinoamericano y para hablar al mundo desde la Iglesia de América latina de la que él mismo surgió. La mayoría de sus discursos repetirán las claves del documento colectivo de los obispos latinoamericanos en Aparecida (Brasil, 2007) del que el propio Bergoglio, entonces cardenal de Buenos Aires, fue uno de los principales redactores. Se sabe que Francisco tiene siempre a mano un ejemplar de ese documento para entregarlo con recomendación de lectura a los gobernantes y dirigentes políticos que lo visitan. Dos ejes pueden surgir de allí. En lo estrictamente eclesiástico la necesidad de recuperar la fuerza misionera de la Iglesia que pierde espacio en la sociedad y en la cultura. En lo social habrá un reiterado llamado en favor de los pobres, de la justicia y de la paz.

En lo político, Francisco también dirigirá su discurso al continente latinoamericano. Bergoglio acordó con la Presidenta de Brasil un encuentro al que fueron invitados todos los mandatarios de América latina. Allí estará también la presidenta Cristina Fernández. No debería sorprender que frente a los jefes de Estado haya un llamado a la responsabilidad de los gobernantes para combatir la pobreza, luchar por la justicia y la paz.


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