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La reforma migratoria en EEUU: ¿peor el remedio que la enfermedad?

Por Óscar Martínez, diario La Prensa Gráfica, de El Salvador. | 1 de Junio de 2007 a las 00:00
Óscar Chacón, nacido en El Salvador y ciudadano estadounidense, es desde hace más de 10 años un luchador por la causa de los indocumentados en el país que tiene entre su población a casi 45 millones de personas de ascendencia hispana. Es director de una de las organizaciones pro migrantes más fuertes de California, la Alianza Nacional de Comunidades Caribeñas y Latinoamericanas. Antes fue tesorero de la misma organización.

Por Óscar Martínez, diario La Prensa Gráfica, de El Salvador.

En enero de 2007 fue llamado a participar en la definición de una estrategia conjunta salvadoreña de cara a la reforma migratoria. Es una voz escuchada en debates televisivos en Estados Unidos y en el Congreso, donde ya ha sido invitado varias veces. Para este salvadoreño, la reforma que ahora se debate no solo no es ideal, y mucho menos integral, sino que puede llegar a ser perjudicial para la comunidad migrante. Chacón piensa que por la elección presidencial de 2008 se requiere ya una buena reforma. "Si no, se abriría una larga espera", dijo el 22 de mayo pasado. Pero ahora, Chacón cree que, sin importar qué resuelva el Congreso de Estados Unidos, no frenará la inmigración ilegal. No, porque en esta coyuntura cualquier reforma soslayará la causa: la irresistible posibilidad de lograr un mucho más alto nivel de vida en el norte que en el sur. En esta entrevista con La Prensa Gráfica de El Salvador, Chacón califica como "un mito de grandes proporciones" el señalamiento de que los indocumentados no pagan impuestos en Estados Unidos. "Claro que sí, la mayoría lo hace." Dice tener claro que es posible que la reforma no se resuelva este año. "Pero no nos sentaremos a esperar", promete. Después de conceder la entrevista, Óscar Chacón se fue de prisa a apurar a su equipo para que diligenciaran correos a congresistas estadounidenses del Partido Demócrata y a la oficina del precandidato presidencial de ese grupo político, Barack Obama. En los correos, que se enviaron el pasado 11 de mayo, Chacón pedía a los políticos que impidieran que en la propuesta de reforma migratoria que se discute en el Senado estadounidense se incluyeran tantas trabas para que un latino residente en aquel país pueda llevar a sus parientes. Los correos fueron contestados con párrafos de buenas intenciones, pero bajo el lema que ya todos conocen en este debate: la reforma, de llegar a ser, no será la ideal, sino la posible. A pesar de la mayoría demócrata en el Congreso, la reforma que permitan los republicanos. Es una cifra de consenso hablar de 12 millones de indocumentados, ¿pero es una cifra real? Desde que hablas de contar algo que no está en la superficie, que se está escondiendo, ya estás hablando de estimados. Tienes razón cuando dices que se ha universalizado la cifra de los 12 millones. Nadie sabe si es real ni nadie sabe por qué dicen 12 millones. Hay quienes aseguran que son 20 millones. Yo te diría que la posibilidad de encontrar el número preciso está en algún lugar entre los 12 millones y los 20 millones de personas. Hay una gran población ilegal en Estados Unidos que no está ilegal. Los acogidos al TPS, por ejemplo. El beneficiario del TPS es indocumentado, y el TPS no cambia eso, sino que solo crea un régimen de protección temporal mientras dura el TPS. Después de eso, esa persona vuelve a ser ilegal. ¿En qué puede afectar que este estimado sea erróneo? Te recuerdo que en enero de 2001, cuando suceden los terremotos en El Salvador, fuimos los primeros en pedir a la administración de Bill Clinton que otorgara un TPS. Y cuando nos preguntaron para cuántos, nosotros dijimos que para 100,000, y ese número se manejó en la administración Clinton. Y fueron 430,000 los salvadoreños que se inscribieron al primer TPS. Ahorita hablamos de 12 millones, pero una vez se apruebe la legislación, no le podrás poner un tapón, tendrás que admitir a los que cumplan con los requisitos. Se ve muy complicado que en el debate actual se hagan concesiones en el tema de la reunificación familiar que ustedes tanto defienden. Sí. Para ver el problema de fondo hay que ver hacia atrás. Desde que llegan los primeros europeos, el paradigma de identidad cultural que comienza a consolidarse es el de una sociedad con herencia europea. Y, al menos hasta la década de los setenta, la mayoría de la inmigración que llegaba a Estados Unidos era europea. En cuestión de identidad, desde 1975 a la fecha lo que ha cambiado es a quiénes se considera extranjeros ahora: a los latinos, africanos y asiáticos. A estos migrantes los ven como una amenaza a la identidad estadounidense, y te hablo de antes de los atentados del 11 de septiembre (11-S). Ven que de cada 10 extranjeros que ahora viven en Estados Unidos, ocho vienen de estas regiones del mundo. Te recuerdo que la ley más restrictiva que Estados Unidos aprueba hasta antes del 11-S es la ley de 1996, mucho antes de que se hablara de terrorismo, y se aprueba bajo el tutelaje de un presidente demócrata, Bill Clinton. Los veían como una amenaza cultural y económica. Una de las líneas de ataque de los sectores más xenófobos es plantear la cuestión de una manera muy simple y especulativa: tenemos 12 millones de posibles amenazas terroristas en el país. Cualquier estudioso serio le respondería que está hablando de 12 millones de trabajadores que pagan, en su mayoría, impuestos, y que están enviando dinero a sus países en cantidades que Estados Unidos jamás ha enviado en ayuda. La lucha por una reforma migratoria es para mí una batalla entre el sector más xenófobo y un sector menos prejuiciado. Hay un 50% de probabilidades de que se apruebe la reforma. La pregunta es: ¿va a ser beneficiosa para la comunidad inmigrante? Yo soy de la opinión de que si se aprueba una ley este año, si acaso mejora las cosas, va a ser mínimamente. El énfasis estará en reforzar la frontera, clandestinizar más el trabajo de los inmigrantes mediante un mecanismo de verificación del empleo y hacer más énfasis en los mecanismos policiales. Siempre se habla de la era post-11-S para explicar las restricciones a la migración, ¿cree que la gente olvida lo que antes ocurría? Sí, claro. Te repito que hasta 1965 la migración hacia Estados Unidos era europea. 1965 marca lo que muchos consideraron una ley muy de avanzada, pero que resultó muy mal diseñada: por primera vez se empezaron a reconocer valores sobre origen étnico, esa ley creó el régimen de lo que se conoce como preferencia familiar, es decir, quién puede patrocinar a un familiar y qué familiares pueden ser patrocinados. Y te define el deseo de mantener un equilibrio. Crearon un sistema de cuotas donde cada país del mundo podía legalizar un máximo de 20,000 personas al año, eso lo hicieron para que ningún país tuviera una hegemonía. La ley de 1965 es la ley del concepto de ilegal en Estados Unidos, crea las bases prácticas y jurídicas para lo que ahora tenemos. ¿En qué cabeza cabía que México iba a poder funcionar con 20,000 visas al año? Era absurdo, y esa mala planificación parió el concepto actual de indocumentado. Ahora, si tú tienes una cónyuge estadounidense y te quiere pedir, tendrás que esperar, como mínimo, seis meses para estar con ella. Si ella no es estadounidense, sino residente permanente y te pide a ti, vas a tener que esperar de barato ocho años. ¿En qué cabeza cabe eso? Te vas de ilegal. Suele olvidarse también en este debate que, al margen de la reforma, hay leyes estatales que también perjudican al indocumentado. Es que eso es clave. Hay que recordar que la ley migratoria solo regula quién puede y bajo qué mecanismos llegar a Estados Unidos. ¿Qué pasa con el extranjero una vez que llega a Estados Unidos? A diferencia de países como Australia o Canadá, Estados Unidos no tiene una política de absorción de extranjeros. California, por ejemplo, es en cierta forma una postal del futuro, y lo era hace 20 años. La ley federal que se aprueba en 1996, la conocida como propuesta 187, se origina en California, a principios de los noventa. Era una propuesta increíblemente retrógrada, que tenía cláusulas que decían que si dos indocumentados tenían un hijo, aunque naciera en Estados Unidos, no podía ser ciudadano. Esa ley la aprueban los votantes de California en 1987, pero el poder judicial del estado impide que se aplique, porque contradice la Constitución. Así queda sin efectos la ley en California, y todo el mundo se regocija porque se hubiera derrotado a los antiinmigrantes, pero ellos no tenían ninguna intención de que la ley se aprobara en el estado: querían crear la controversia a escala nacional. La mayor parte de esa propuesta, invalidada por la Corte Suprema de California, se transforma después en el lenguaje jurídico de la propuesta que se aprueba el 30 de septiembre de 1996 para todo el país. Los que promueven estas ideas no son ningunos imbéciles, saben cómo hacer las cosas bajo de agua, y están muy conectados con los medios de comunicación, al grado de que ahora tenemos en Estados Unidos dos cadenas de televisión, Fox y CNN, por medio de un programa matutino, que diariamente están vomitando odio en contra de los extranjeros. ¿Usted descalifica las medidas diciendo que se basan más en sentimientos y arraigo a su identidad que en análisis reales? Lo que está pasando en el Congreso es que se está debatiendo algo que si lo sometes a una revisión rigurosa, hará perder a los inmigrantes. La campaña no está basada en una racionalización, en una realidad fundamentada con datos, sino en una emoción. Te pongo un caso: si tú eres musulmán y estás convencido de que si te vuelas con explosivos vas a llegar a ver a Alá, no importa lo que yo explique racionalmente, tú vas a cumplir tu cometido. Así de peligroso es cuando una sociedad se mueve hacia lógicas de pensamiento sustentadas por la emoción y deja de lado la razón. Menciono argumentos estadounidenses: los inmigrantes son una carga económica. Si lo analizas en cuanto a la fuerza laboral, en cuanto a la salud macroeconómica de Estados Unidos, en cuanto a la salud tributaria, desde el punto de vista de las tasas de consumo: ¡Los inmigrantes son una bendición económica para Estados Unidos! ¿Es falso entonces que los inmigrantes le generan a Estados Unidos una enorme inversión en la estructura carcelaria, por ejemplo? Ellos ocupan imágenes muy aisladas para sustentar sus argumentos. En Estados Unidos, los últimos 20 años dan vergüenza, gastamos más en poner a la gente en la cárcel de lo que se gasta en promedio por estudiante. ¿Qué te dice esto de una sociedad? ¿Son los inmigrantes los causantes de estos problemas? Difícilmente. Cualquier economista racional o sociólogo te va a decir que los extranjeros son más víctimas que victimarios. Claro, sale mucho más fácil decir que los extranjeros son pandilleros todos. Yo he estado en muchos debates con senadores y congresistas republicanos, y este argumento carcelario antiinmigrante no ha salido. El tema que sale es más genérico. Hace poco debatí con Steven Camarota, uno de los ideólogos de la postura antiinmigrante, y sus dos argumentos eran estos: los extranjeros quitan el trabajo a los estadounidenses. ¡Es un argumento ideológico! Le dije que más parecía un líder religioso. La tasa de desempleo en enero era de 4.6% y hoy es de 4.4% a escala nacional. ¿Cómo sustentas ese argumento? Su otro argumento es que los inmigrantes se aprovechan de todo sin pagar impuestos. Le pregunté si no leía los periódicos: el 17 de abril es el día en que todos pagan impuestos, cuando se presentan las planillas de declaración de impuestos. Hubo muchas publicaciones en los medios que salieron ese día dando fe de cuánto paga la población extranjera en impuestos anuales: entre $50,000 millones y $60,000 millones. Desmitificando: la población indocumentada implica un gasto fuerte en los presupuestos policiales, porque al no tener documentos ya están cometiendo un delito. Bueno, si les preocupa genuinamente el bienestar del país en planificación tributaria y, sobre todo, en seguridad nacional, es mejor tener 2,000 sospechosos que 12 millones de sospechosos. Si quieres un aparato de seguridad eficaz y que no contradiga el sistema de libertades, prefiero tener 2,000 sospechosos. ¿Cómo me deshago de tantos? Dale a la gente indocumentada la oportunidad de hacer de una manera legal lo que de hecho ya hacen. Claro, pero la contraparte de esto es que ya no entren más indocumentados, y eso lo hacen con muros, patrulleros de la frontera, etc. Sí, es su lógica, y eso no se puede evitar. Ahora, la idea del muro es arcaica, absurda. El problema de fondo de la migración hacia Estados Unidos tiene que ver fundamentalmente con asimetrías: mientras yo, creciendo en El Salvador, sepa que en Estados Unidos puedo ganar 10 veces más que en El Salvador, aun si en El Salvador hubiera oportunidad de trabajo, pues no hay que ser sabio para decidir qué hacer. ¿Cuál es la solución a esto? ¿Un muro? No. La solución es elevar los estándares económicos en mi periferia geopolítica. Y con eso creo dos beneficios para Estados Unidos: primero, desestimulo la migración de una manera muy racional. En segundo lugar, creo una masa de consumidores en estos países con muchos más recursos para gastar. No hablemos de muros, porque además de inhumanos, son soluciones medievales y estúpidas. No es ver hacia el futuro. La prórroga al TPS se ha visto como un dulce de consuelo ante la postergación de la reforma migratoria. Creo que la prórroga al TPS responde a criterios fáciles de leer. De alguna manera hay que compensar el grado de colaboración de los gobiernos de Centroamérica con Estados Unidos, incluyendo el hecho de que El Salvador es el último colaborador latinoamericano en Iraq. Por otro lado, sí, es una manera de decir a los gobiernos de Centroamérica: "Miren, creemos que esta reforma no se aprueba, así que por si las dudas, los dejamos resguardados de momento con este TPS". Aún se debate si pedirle al indocumentado que salga de Estados Unidos y que reingrese legalmente. ¿No cree que sería complicado que muchos quieran hacer eso? Sin duda. Es que mira, el problema fundamental es que no hay una discusión genuina, de fondo, sobre cómo reformar la ley de inmigración. Si lo más sensato es pedir una multa, pero sin salir del país. En 1987 hicieron eso. Pero para que eso ocurra hay que despejar la mentira de que el indocumentado es una amenaza que se aprovecha del sistema. El problema real es que han pasado muchos años convenciendo a los estadounidenses de que el indocumentado es una amenaza y que se aprovecha, y por eso mucha gente encuentra razonable que se lo castigue así. ¡Que salgan del país para purificarse y que vuelvan a entrar! ¿Eso es lógica o emoción? Otra de las ideas ya asumidas y repetidas es que está en debate "la reforma integral". ¿Es integral? No, no, no. Son reformas que caen muy lejos de un concepto genuino de solución plena y estructural, porque una salida integral tendría que tener en cuenta los factores que originan la migración. No hablar de las razones por las que la gente migró te deja con cuestiones incompletas. Esa es la gran diferencia. Esta reforma más será una excusa que una solución: "Yo ya le di la oportunidad de legalizarse al que se la merecía. Ahora, al que incumpla, hay que sacarlo con palo duro". Y ahí se va a armar un lío enorme.

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