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Bárbara: Pesadilla convertida en realidad

Por Omar Escamilla, Diario del Sur. Desde Tapachula, Chiapas. | 3 de Junio de 2007 a las 00:00
Bárbara tocó tierra en Chiapas y abrió la herida del miedo, del terror y de los daños que dejó en 2005 el huracán Stan; miedo que comenzó por la madrugada de éste sábado, al escuchar el rugido de los vientos de más de 100 kilómetros por hora, que azotaron la geografía de Tapachula, Huixtla y Suchiate, municipios donde se ha reportado la mayor afectación. La pesadilla que miles de habitantes de la Costa de Chiapas han soñado desde hace un año y siete meses, se convirtió en realidad al filo de las 3:00 am, cuando como un presagio del desastre, el cielo se tornó rojizo como si estuviera teñido de sangre. Los pronósticos del mal tiempo por la tormenta tropical Bárbara, se hicieron efectivos y la lluvia que había sido un "chipi chipi" durante tres días antes, se intensificó, no mucho, pero el problema fue su acompañante que hizo danzar eufóricamente cuanto objeto se encontraba en su camino. El despertar fue violento al filo de las 5:00 am, cuando el crujir de los árboles, láminas, postes de luz y cables, se vieron vencidos por la ira de Bárbara que estaba en su punto más álgido, castigando la Perla del Soconusco y municipios aledaños con fuertes vientos. Sorpresa y pánico de miles de tapachultecos que salieron de sus casas espantados al escuchar y ver volar por los aires en horas de la mañana, un sin fin de objetos que caían bruscamente en el suelo, golpeaban las paredes de las casas o se quedaban trabados entre los cables de luz de alta y baja tensión. Robustos árboles de color verde, no vieron el amanecer de éste sábado al caer vencidos por las ráfagas de hasta 100 kilómetros por hora que bramaban en el aire chiapaneco y silbaban la melodía del terror. Mirada estupefacta de la paisanada que vive en las zonas marginadas consideradas cinturones de miseria, donde con huaraches, shorts, playeras o hasta descalzos y sin camisa, corrían de un lado a otro rescatando los pocos objetos de valor, que con los primeros rayos de luz que cruzaban el nublado intenso de Tapachula, podían ver. Algunos más prefirieron huir, abandonar sus cosas e irse a refugiar en los albergues. Mientras, las luces de las sirenas de patrullas de la Policía Municipal, Sectorial y Protección Civil, iluminan la madrugada de éste sábado y los altavoces daban el grito de alerta a la población para que permaneciera dentro de sus domicilios y esperaran indicaciones que irían de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional. La furia, el coraje y la fiereza de Bárbara, una tormenta tropical muy singular, tardó poco más de cuatro horas; después vino la calma y el despertar terrible de los nuevos damnificados que vieron volar por los aires parte de su patrimonio. Cientos de hogares en Tapachula se vieron afectados. Lo peor no fue aquí, se sufrió en Puerto Madero, pueblecillo que encaró valientemente con sus habitantes, los embates de la tormenta tropical que para muchos mareños, fue un verdadero huracán. Panorama desolador desde el camino de Tapachula a Puerto Madero. Ahora no fueron inundaciones. La mayor afectación la provocaron los colosos de madera que cayeron abatidos sobre la carretera al puerto y obstaculizaban la circulación. Imagen embravecida del Océano Pacífico que con olas de más de tres metros, golpeaba las rocas que protegen la inconclusa construcción de lo que será el malecón San Benito. Devastación de un enemigo invisible, pero poderoso: El viento. El cielo grisáceo que en partes se tornaba más oscuro y no dejaba de llorar, daba un preámbulo de lo que los damnificados verían al salir de sus refugios y volver a sus casas, abandonadas por el terror que provocaron las ráfagas de viento a gran velocidad. Tristeza de los habitantes de éste poblado, quienes vieron fugarse el techo de sus casas, cual papel en el aire y tuvieron que pensar en salvar su vida y dejar sus cosas. Recuento e intercambio entre vecinos, de una de las peores anécdotas. Recorrido del reportero por la zona donde se sintieron los primeros y más fuertes efectos de la tormenta Bárbara. Descalza, con una blusa verde y una falda negra mojada que se le pegaba a su rechoncha figura, doña Aurelia, una habitante de Puerto Madero relató lo ocurrido en la madrugada. "Estuvo horrible, feo, todo sonaba bien feo, las láminas se volaron y el viento golpeaba todo. Primero vino de éste lado y aflojó las láminas, luego se fue y regresó por este otro lado y de una vez se llevó todo; todo, con todo y las vigas, ya no quedó nada", expresó la dama de aproximadamente 40 años, quien aseguró que el fenómeno se comenzó a sentir con mayor fuerza a las 4:00 am. Junto a ella, otro vecino llamó a los reporteros del Decano del Periodismo en Chiapas. Don Angel, un maestro de la escuela local, que permanecía montado en su bicicleta con un pantalón corto y sin camisa. "Mire señor, venga, venga usted aquí el de la cámara, mire como quedó mi casa, todo se lo llevó la chi..., no se que vamos a hacer porque no tenemos dinero y mi casa no tiene techo", relató. Al igual que él, decenas y decenas de vecinos comenzaron a salir como hormigas de sus domicilios y a llamar al equipo de Diario del Sur para que diera cuenta y haga público el daño causado. Su súplica: Apoyo inmediato para que repongan los techos de sus casas, que fueron a dar a terrenos vecinos en el mejor de los casos y en los peores, fueron a parar a manos de rateros que recopilaron las cientos de láminas que estaban tiradas en la calle y que los dueños no pudieron recoger por temor a los fuertes vientos. Sobre la avenida Las Escolleras, la más importante en Puerto Madero, casi todas las palapas de restaurantes y puestos de venta de ostiones en su concha, sufrieron afectaciones. En algunas sólo volaron las palmas y en otras, cayó la estructura completamente. De vuelta a Tapachula, la lluvia cesó y en la carretera ya se podían observar a las cuadrillas del Ejército Mexicano y de la Marina Armada de México, brindando apoyo a la población damnificada. Para las 4:35 de la tarde, el sol iluminó el cielo de la Perla del Soconusco, como no lo había hecho en tres días y el agua cesó casi por completo. Bárbara se alejaba hacia la Sierra Madre y la cruzaría como depresión tropical para llegar hasta Comitán. Aquí, en ésta ciudad, la más importante de la Frontera Sur, distante 10 kilómetros de la línea divisoria con Guatemala casi todo volvió a la normalidad a las 17:00 horas. En la única plaza comercial que hay, la gente no damnificada y que vive en zonas residenciales, se concentró con sus mejores prendas para disfrutar de la tarde del sábado, ver el cine y gastar su dinero en la venta nocturna de una prestigiada tienda, para adquirir los regalos del Día del Padre, en fin, olvidarse de la tormentosa mañana con un viento muy furioso. Mientras tanto, en las zonas marginadas, donde viven los más pobres, que tenían sus casitas de lámina, el panorama fue distinto. La gente no tenía prendas de marca, ni zapatos brillosos y mucho menos olía a perfume francés. Allí, los marginados expedían el hedor del trabajo físico, para tratar de enmendar los daños provocados por la tormenta, subirse a sus techos y tratar de colocar láminas. En las calles, las cuadrillas de Comisión Federal de Electricidad, arreglaban los graves desperfectos que dejaron los árboles al caer sobre cables y postes, para que la ciudad pudiera volver a iluminarse la noche del sábado, que a diferencia de la mañana, tuvo un cielo algo claro y sin lluvia, que dejaba ver una o dos estrellas.

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