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Masiva protesta de los «Sin Tierra» en Brasil

Varias agencias. Desde Brasilia. | 14 de Junio de 2007 a las 00:00
El Movimiento de los Sin Tierra (MST) realizó este jueves una multitudinaria marcha en Brasilia, para exigir la aceleración de la reforma agraria y también en protesta contra el "imperialismo" de Estados Unidos. En su camino de cinco kilómetros hasta el palacio presidencial, la manifestación se detuvo frente a la embajada de Estados Unidos para expresar el rechazo del movimiento campesino a las políticas "genocidas" del gobierno de George W. Bush, quien fue tildado de "satanás" y "asesino". La manifestación partió de un gimnasio convertido en campamento que sirve de sede al Congreso y transcurrió en forma pacífica, con la férrea disciplina que caracteriza a este movimiento. La primera escala fue frente a la sede diplomática de Estados Unidos, que estaba custodiada por 116 agentes de la Policía Federal, veinte de ellos a caballo, que formaban parte de un contingente de 1.100 hombres desplegado para vigilar la manifestación. Frente a la embajada colocaron veinte féretros de madera cubiertos con paños negros e inscripciones con los nombres de países que consideraron agredidos por Washington, y la cantidad de muertos atribuida a esos hechos. "Corea, dos millones de muertos; Vientam, un millón; Irak, 572.000; Angola, 550.000; Colombia, 300.000; Guatemala, 200.000; El Líbano 150.000; Nicaragua, 60.000; Argentina, 30.000; Chile, 20.000", proclamaban las inscripciones. "Basta a Estados Unidos y a la política de Bush que destruye al pueblo brasileño tomando nuestra tierra y transformándonos en esclavos del imperio", arengaba una de las voces desde los camiones que acompañaban la marcha marcando las consignas y con música. Empuñando las clásicas banderas rojas con un árbol en el centro del MST, los manifestantes retornaron la marcha a la principal avenida de Brasilia, que acoge los más importantes edificios públicos del país, para protestar en reclamo de la reforma agraria. Una segunda escala fue frente al Palacio de Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, para protestar "contra los acuerdos en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y donde los sin tierra expresaron su "repudio" por la presencia de tropas extranjeras en Haití", donde Brasil dirige el contingente de cascos azules de la ONU. El hecho de que en este país esté destacado un contingente de paz de la ONU bajo mando de Brasil constituye "una vergüenza", dijo el periodista Vladimir Martini, uno de los coordinadores del Movimiento. "El pueblo haitiano necesita la solidaridad de los pueblos y no intervenciones militares bajo el ala del imperio", agregó Martini. La marcha concluyó en la Plaza de los tres Poderes –flanqueada por el Palacio presidencial de Planalto, el Congreso y el Supremo Tribunal Federal– donde desplegaron un enorme cartelón de letras blancas sobre fondo negro, que afirmaba: "Acusamos a los tres poderes de impedir la reforma agraria". Según los organizadores, participaron los 17.500 delegados del Congreso del MST que esta semana se celebra en Brasilia. La columna, de varios kilómetros de largo, avanzaba en filas de seis o siete personas, perfectamente encuadradas por equipos de orden de los propios trabajadores rurales. Algunas consignas apuntaban al presidente Luiz Inacio Lula da Silva, su aliado histórico, que desde que llegó al poder en 2003 se convirtió también en defensor del sector agroexportador, tanto en las negociaciones de la OMC como en la campaña para imponer el etanol, alcohol combustible de caña de azúcar, como alternativa internacional al petróleo. "Lula, Lula, el pueblo apareció ¿dónde está la reforma agraria que usted nos prometió?", coreaba la multitud. Lula sostiene que asentó a unas 382.000 familias de sin tierra en sus primeros cuatro años de gobierno (2003–2006), apenas por debajo de la meta de la reforma agraria (400.000 familias), pero el MST dice que en gran parte fueron solamente regularizaciones de tierras ya entregadas. El ministro de Desarrollo Agrario, Guilherme Cassel, defendió la postura del gobierno: "Brasil en los últimos cuatro años convivió con dos modelos: la agroindustria patronal y la agricultura familiar. Los dos modelos crecieron y generaron frutos muy importantes para el país", dijo a la estatal Agencia Brasil. El máximo líder del MST, Joao Pedro Stédile, tomó la voz cantante para acusar a Lula, al Congreso y al Poder Judicial de "mantener un Estado burgués" que le cierra las puertas de una "vida digna" a los pequeños campesinos. Stédile condenó el modelo agrícola implantado por Lula, que "sólo favorece a los exportadores, a los banqueros y a las trasnacionales" y exigió una reforma agraria profunda, que tenga a la agricultura familiar como pilar del desarrollo económico y social. En el centro de la plaza, antes de concluir la manifestación, los militantes del MST dejaron una enorme pancarta, de unos 30 metros de largo, con un triple dedo acusador: "Acusamos a los tres poderes de impedir la reforma agraria", decía en grandes letras blancas, sobre fondo negro. Al menos uno de los responsables de esos poderes no pudo siquiera ver la pancarta. El presidente Lula no estaba este jueves en Brasilia, pues había viajado a Río de Janeiro para una serie de actos oficiales. Según Stédile, esa ausencia no impedirá que "a Lula le llegue el mensaje" de que el MST "mantiene su lucha" y está decidido a seguir "combatiendo". La marcha se realiza en el marco del V Congreso del MST, que esta semana llevó a la capital de Brasil a más 17.000 delegados de todo el país. Ante el Supremo tribunal de Justicia los manifestantes pretendían reclamar "la anulación de la privatización" de la gigante siderúrgica Companhia Vale do Rio Doce (CVRD). Ante el Supremo Tribunal de Justicia, los manifestantes reclamaron "la anulación de la privatización" de la gigante siderúrgica Companhia Vale do Rio Doce (CVRD), realizada en 1997 a un precio que los adversarios de la operación juzgan escandalosamente bajo. El MST anunció esta semana que quiere organizar en septiembre un plebiscito informal sobre ese tema. La CVRD fue privatizada en 1997 a un precio que los adversarios de la operación juzgan escandalosamente bajo.

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