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Jon Sobrino: «Fuera de los pobres, no hay salvación»

Varias agencias. Desde Bilbao, Vizcaya. | 14 de Junio de 2007 a las 00:00
Jon Sobrino, el jesuita vasco–salvadoreño habló por primera vez desde que el Papa Ratzinger lo sancionó en marzo, y pidió humildad a todos los integrantes de la Iglesia. Después de tres meses de estricto silencio, el jesuita vasco–salvadoreño Jon Sobrino habló públicamente por primera vez desde la advertencia que la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede le hizo el 14 de marzo. Y para hablar eligió Bilbao, su ciudad natal, donde invitó a todos los miembros de la Iglesia católica a caminar con humildad, "desde el último sacristán hasta el obispo de Roma", en alusión al papa Benedicto XVI. Sobrino, quien llegó a El Salvador desde 1957, respondió así al obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, quien le pidió que "repiense lo que se le ha dicho desde la Santa Sede, porque es mucho mejor caminar humildemente en la unidad y concordia de la fe que ir como un sublime aislado". En marzo, la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano (afirmó que las obras de Sobrino "Jesucristo liberador. Lectura histórico–teológica de Jesús de Nazaret" y "La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas" contienen "notables discrepancias con la fe de la Iglesia". En su respuesta al obispo Blázquez, Sobrino fue enfático: "No me considero nada sublime, sino normal y, desde luego, no me siento nada aislado ni que vaya por libre, porque a lo largo de estos 30 años he caminado junto a muchísima gente y mucha gente va por estos caminos". El teólogo jesuita, que pronunció una conferencia bajo el título "Fuera de los pobres no hay salvación", añadió que no tiene ningún problema para hablar con el obispo de Bilbao, de quien se consideró amigo, para explicarle "un poquito más" sus posiciones teológicas o preguntarle: "¿Qué dice usted, monseñor?". Además dijo: "Roma y los obispos tienen una responsabili–dad formal, pero luego está el mundo de la teología, de las universidades, y para mí, lo más importante, el mundo de la gen–te, porque lo que más me disgustaría es que la cocinera de mi casa no se fiase de mí o de nosotros", tras lo cual subrayó que "hay muchas maneras de caminar con otros".

«Nuestra utopía es luchar por la vida del hombre, hacer que coma y respire»

Por Isabel Urrutia, diario El Correo Digital, desde Bilbao, Vizcaya. La iglesia de la Residencia de los jesuitas de Bilbao no daba abasto. La respuesta a la convocatoria para escuchar, ayer, al teólogo bilbaíno Jon Sobrino fue multitudinaria. Miembros de ONG"s y de comunidades cristianas, misioneros, monjas, profesores, y muchos inmigrantes latinoamericanos se agolpaban en el templo media hora antes de que comenzara la conferencia del religioso. La expectación era altísima: bajo el título "Fuera de los pobres, no hay salvación" iba a presentar los puntos fundamentales de su visión como hombre comprometido con el mundo que le rodea. Afincado en El Salvador desde 1957, el contacto directo con la realidad de un pueblo oprimido –«donde hay mucha gente que no da la vida por supuesto»– le llevó muy pronto a seguir las pautas de la Teología de la Liberación, una corriente que arranca en Latinoamérica poco después del Concilio Vaticano II. Compañero de fatigas de los jesuitas, también vascos, Ignacio Ellacuría, Jon Cortina y Javier Ibizate, su único objetivo se resume en pocas líneas. «Debemos luchar por la utopía, que no es otra cosa sino garantizar la vida del ser humano. ¿La esencia de la utopía es la vida!». Nada más sencillo que eso, nada más primario. Ignacio Ellacuría destacaba ese mismo significado en el último artículo que dio a conocer, en noviembre de 1989, pocos días antes de que lo mataran a tiros en El Salvador: «Hagamos que la clave del desarrollo sea la satisfacción universal de las necesidades básicas, hagamos que el principio del desarrollo sea comer y respirar ». En los países de la abundancia, admitía ayer Jon Sobrino, este postulado puede llegar a ser incomprensible, «por la sencilla razón de que hemos olvidado que somos la excepción en este mundo, donde 3.000 millones de seres humanos malviven con menos de dos dólares al día». La civilización que impera en la actualidad «no ha producido vida para las mayorías, no ha hecho de nosotros una sociedad fraterna». Ante esa injusticia que condena «a una inmensa parte de la familia humana» a la muerte antes de tiempo, el teólogo bilbaíno no se resiste a dar su particular puñetazo sobre la mesa: «Las cosas no deben ser así, esto no es lo normal, el sufrimiento del ser humano clama al cielo». Y cita las palabras del economista y ex jesuita Luis de Sebastián: «El capitalismo es el responsable de la mala organización ético–moral de la economía mundial y de la convivencia». Caer en la cuenta de ello, asumir el reto de cambiar las tornas y sentir como propio «el dolor de nuestros hermanos del resto del mundo» no es una opción descabellada para Jon Sobrino. «Si no lo hacemos, nada serio se puede entender de Dios Su gloria es que el hombre viva, que los pobres también puedan vivir». Jon Sobrino, uno de los principales representantes de la teología de la liberación, afirmó ayer en Bilbao que no se considera "ni sublime ni aislado". Contestaba de esa forma al obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, quien el martes, también en la capital vizcaína, le había pedido humildad y emplazado a "repensar lo que le ha dicho la Santa Sede". "Es mucho mejor caminar en la unidad que ir como un sublime aislado", dijo Blázquez, aludiendo a la amonestación vaticana que Sobrino recibió en noviembre pasado por destacar la humanidad de Cristo por encima de su divinidad. El teólogo jesuita, quien presentó en Bilbao su libro Fuera de los pobres no hay salvación, argumentó que "en este mundo enfermo hay que aprovechar cualquier referente humanizador, y Jesús ofrece un gran potencial". Aunque evitó entrar en "pequeñas batallas" y consideró amistosa su relación con Blázquez, Sobrino destacó que humildes tienen que ser todos, "desde el último sacristán al obispo de Roma". Agregó que siempre ha escuchado los mensajes del Vaticano, y destacó que no va "por libre", sino que hay muchas personas junto a él.

La teología de Jon Sobrino

Por Félix Placer Ugarte, Gara

La visita en estos días del conocido teólogo vasco de El Salvador a Euskal Herria, donde vivió hasta que, como jesuita, se trasladó a aquellas tierras de pobreza y opresión, ha causado una gran expectativa llena de afecto hacia quien ha dedicado su vida al servicio de los más desfavorecidos. Jon Sobrino no es un hombre espectacular. Llama la atención su cercanía, su modo de hablar sobre lo que lleva más dentro de su corazón: los pobres y Dios. En sus lecciones y charlas, en los foros internacionales a los que es invitado, se expresa con la misma atrayente sencillez con la que habla a los salvadoreños en las eucaristías populares que comparte con ellos y ellas. En sus numerosos libros e innumerables artículos teológicos, de lectura densa, se detecta su profunda sensibilidad hacia los más pobres. Desde ellos elabora su cuidada y trabajada reflexión sobre Dios, que es para él un entendimiento del amor con quienes son las víctimas de un mundo sin justicia y sin corazón. Los grandes temas de la teología de Jon Sobrino se derivan de estos dos polos íntimamente relacionados e inseparables: Dios y los pobres. Cada pobre, cada «pueblo crucificado» es el lugar más apropiado para hacer teología. Por una profunda y básica razón teológica: Porque Jesús de Nazaret los presentó como destinatarios del Reino que anunció. Entonces, recuerda con toda lógica Jon Sobrino, fuera de ellos no hay salvación y evidentemente no se puede elaborar una teología auténtica. Para el teólogo de El Salvador esta reflexión de amor, que relaciona íntimamente a Dios con los pobres, se concreta en un compromiso de misericordia liberadora. Y no sólo razones sociológicas y éticas –que también cuentan en su teología para un análisis honrado de la realidad– sino por sus convicciones cristológicas, es decir, por su manera de entender a Jesús. Precisamente, en sus libros "Jesucristo liberador" (1991) y "La Fe en Jesucristo" (1999) –razón de las advertencias del Vaticano– descubre su humanidad como fuente de la profunda sensibilidad y orientación irrevocable hacia los pobres. Así fue la vida de Jesús. Así mostró en su evangelio. Así entendió el Reino de Dios que anunció, donde aparece en toda su hondura significativa el misterio de la divinidad de Jesús de Nazaret. Desde aquí también Jon Sobrino es muy crítico con el «proceso de involución» de una Iglesia que se preocupa más de sí misma que de los pobres y busca más una «pastoral de éxito» que de solidaridad liberadora con los excluidos. Y sobre todo denuncia la globalización neoliberal que ha generado un mundo de víctimas con su injusto mercado donde hace de los pobres su mercancía. Aboga, en consecuencia, por «revertir la historia con los pobres y oprimidos del mundo, con esperanza y utopía». Sus afirmaciones cristológicas incomodan a Roma, que ha tratado de descalificarle junto a otros teólogos que han elaborado la Teología de la Liberación que allí no pueden ni les interesa comprender y menos aplicar. Pero, como lo han demostrado muchos teólogos cualificados, no hay razones dogmáticas ni metodológicas para la "Notificación" de disconformidad sobre su teología. La teología de Jon Sobrino, que muestra el sentido divino de la lucha por los derechos humanos, no deja de tener resonancia en los momentos difíciles que vivimos en Euskal Herria. Aquí subsisten pobres olvidados en su marginación y exclusión, aunque ocultos en una sociedad y políticas neoliberales. Además, también nuestro pueblo reclama el respeto a su libertad a fin de superar el sufrimiento de un injusto conflicto. El respeto de los derechos de todas las personas y pueblos es el camino de una honesta solución y garantía de un auténtico proceso de paz. (Félix Placer Ugarte es profesor en la Facultad de Teología de Gasteiz

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