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Sandino está hoy más vivo que nunca en Nicaragua

Managua. Por Daniel Urbino */PL. | 20 de Febrero de 2014 a las 12:16
Sandino está hoy más vivo que nunca en Nicaragua

Dicen que cuando su padre, Gregorio Sandino, sintió los disparos esa noche dijo: Los están matando. ¿Será verdad que quien se mete a redentor, muere crucificado?

Ese 21 de febrero de 1934, Augusto C. Sandino asistió a una cena con el presidente nicaragüense, Juan Bautista Sacasa, en la antigua casa presidencial, ubicada por entonces en la cima de la loma de Tiscapa, en Managua.

A la salida de la colina, una emboscada urdida por el jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García, con el apoyo de la embajada estadounidense en el país, logró detenerlo junto con sus acompañantes.

Esa misma noche, la guardia también acechó a su hermano Sócrates y lo asesinó.

Walter Castillo, nieto del héroe nicaragüense, contó en un artículo algunos detalles sobre la muerte de su abuelo.

Según él, a última hora, el capitán que debía dar la orden de fuego al pelotón de fusilamiento tuvo escrúpulos por ser hermano masón de Sandino y no quiso presenciar la masacre, poniendo el mando en manos de un subteniente.

No obstante, con un disparo al aire dio la señal para que se diera la orden de fuego.

Una bala penetró en la cabeza del héroe y otra en el corazón, mientras que los dos generales que compartieron su suerte, Juan Pablo Umanzor y Francisco Estrada, quienes fungían como sus ayudantes, recibieron una lluvia de disparos.

A Sandino le quitaron parte de su ropa, su reloj, una leontina de oro y un anillo de brillantes que llevaba, agregó en su relato.

A la misma hora, Somoza asistía a un recital de poesía.

De Masaya a la eternidad

Sandino nació el 18 de mayo de 1895 en lo que hoy se conoce como Niquinohomo, en el departamento de Masaya, a 30 kilómetros de esta capital.

En su juventud tuvo infinidades de trabajos, lo mismo en las plantaciones de café, que como ayudante de mecánica, bodeguero, jefe de cuadrilla de limpieza, en un departamento de venta de gasolina y en varias empresas agrícolas y petroleras.

Cuando tenía unos 17 años, según declaró él mismo, vivió muy de cerca los sucesos relacionados con la intervención norteamericana en Nicaragua, hechos que sin duda lo marcaron para siempre.

Según contó, por esa época fue testigo de los honores que los nicaragüenses rindieron al cadáver del general Benjamín Zeledón, quien murió combatiendo en 1912 a las fuerzas norteamericanas interventoras.

Tras un periplo que lo llevó a trabajar por Honduras, Guatemala y México, regresó en 1926 al país para participar en la Guerra Constitucionalista.

Sobre ese hecho, él mismo expresó: "En vista de los abusos de Norteamérica en Nicaragua, partí de Tampico, México, el 18 de mayo de 1926 para ingresar al Ejército Constitucionalista que combatía contra el régimen impuesto por los banqueros yanquis en nuestra república".

Con sus ahorros se hizo de algunas armas y junto a trabajadores de la mina de San Albino tuvo su bautizo de fuego el 2 de noviembre de ese mismo año.

Junto a 29 hombres se enfrentó a más de 200 guardias nacionales en una escaramuza de la cual salió derrotado.

Sin embargo, este revés militar no fue freno para el ímpetu de Sandino, quien poco tiempo después, en abril de 1927, a la cabeza de 800 hombres tomó el poblado de San Ramón, en Matagalpa.

Por esas fechas, el General de Hombres Libres anunció su firme determinación de continuar la lucha hasta que fueran retiradas las tropas norteamericanas de ocupación.

Tras largos años de lucha, los marines norteamericanos dejaron el país centroamericano el primero de enero de 1933.

Entonces, Sacasa asumió la presidencia de la nación mientras que Somoza García ocupó la jefatura de la Guardia Nacional. Tras la expulsión de los interventores, Sandino firmó un tratado de paz.

Este se firmó -declaró- para evitar el regreso de la intervención armada que apenas estaba detrás de la puerta, esperando regresar antes de un año. Ese es el secreto por el cual no salgo del Norte, para estar pendiente de todos los momentos en que se presente la oportunidad de restaurar también nuestra independencia política-económica.

Para muchos que lo conocieron luego de consolidar su prestigio, la imagen de Augusto C. Sandino no correspondía con el retrato mental que tenían de él.

"Es un hombre de poco más de cinco pies de estatura y de unas ciento treinta y cinco libras de peso. Ojos pequeños, oscuros, de mirar vivo, tez blanca, un poco rojiza, el cutis maltratado y una fisonomía severa, aún cuando sonreía", detalló el periodista Adolfo Calero.

A pesar de su pequeño tamaño, era un enorme escollo para los planes de Somoza y su Guardia Nacional, institución que comenzó a atacar a los seguidores de Sandino.

Al final, la violencia fue la baraja utilizada para aplacar el prestigio y el liderazgo de Sandino, y las balas pusieron fin a esa heroica vida.

Después sucedió lo esperado. Somoza intentó proscribir su legado y no cejó en los esfuerzos por borrar toda huella del paso de este hombre por Nicaragua.

Pero no pudo. Los pueblos son fieles a su historia y unos 45 años después, un grupo de jóvenes vestidos de pueblo e inspirados en Sandino pusieron fin de una vez y por todas a la sombría dinastía Somoza.

80 años

A ocho décadas de su asesinato, Sandino está hoy más vivo que nunca en Nicaragua.

Es omnipresente. Por donde quiera que se camine se encuentran sus siluetas y sus característicos sombrero y pantalón caqui.

Lo mismo está en una fachada, un árbol, una valla, en carteles de instituciones gubernamentales, escuelas y mercados, la televisión y la radio.

Por eso, el gobierno, encabezado por el presidente Daniel Ortega, uno de los líderes del Frente Sandinista de Liberación Nacional que luchó contra la dictadura somocista, impulsa una jornada para recordar el 80 aniversario del tránsito a la inmortalidad del general.

Según la coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía de Nicaragua, Rosario Murillo, este plan tiene de todo, desde caminatas, hasta la inauguración de proyectos de educación, salud, medio ambiente, ciencia y tecnología, agua y saneamiento, entrega de obras desde las alcaldías y de soluciones al pueblo.

Estas acciones son la evocación de un pueblo que siente suyo y presente como nunca al General de Hombres Libres.

*Corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua.


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