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El antídoto contra violencia

Managua. Por Daniel Urbino/granma.cu | 30 de Mayo de 2014 a las 11:07

Varias naciones centroamericanas viven una espiral de violencia, alimentada por el narcotráfico y azuzada por la corrupción. En ese escenario, Nicaragua sobresale con uno de los mejores índices de seguridad de la región.

Nicaragua está ubicada en el justo medio de Centroamérica, una zona que se ha convertido en uno de los carriles vitales de las rutas de la droga que tiene como destino a Europa y América del Norte.

Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) el narcotráfico es la fuente de ingresos más lucrativa para los grupos delictivos organizados.

La competencia entre estos contribuye a elevar los niveles de violencia y corrupción relacionados con las drogas, así como a agravar la carga que soportan los ya saturados sistemas de justicia penal, revela esa organización.

Asimismo, el JIFE contabiliza alrededor de 900 maras o pandillas centroamericanas, las cuales cuentan aproximadamente con 70 mil miembros y cuya mayor fuente de ingresos son los negocios vinculados al narcotráfico.

Por si fuera poco, Honduras tiene una de las tasas de homicidios más elevada del mundo, seguida de cerca por El Salvador y Guatemala.

Sin embargo, el panorama en Nicaragua es completamente diferente al de muchos de sus vecinos. Parafraseando al presidente Daniel Ortega, es como una isla que no ha sido penetrada por la situación delictiva que la rodea.

Seguridad

Un estudio de opinión pública de Latino­barómetro reveló que el país es el de mejor percepción de seguridad en América Latina, con un 64 %, a la vez que es el de mayor credibilidad en su policía, con un 78 %.

La directora de la Policía Nacional, Aminta Granera, en un informe donde se resumen los principales avances de esa institución durante el 2013, dio a conocer que la tasa de homicidios se redujo a nueve de cada cien mil habitantes. Esta tasa es la menor que registra el país en los últimos 14 años, la más baja de Centroamérica y la segunda de América Latina.

Las estadísticas positivas no terminan ahí. En el 2013 hubo solo cinco secuestros extorsivos en Nicaragua y en ningún caso se pagó dinero de rescate ni las víctimas sufrieron lesión alguna.

Esta nación se encuentra en el nivel uno del combate a la trata de personas, o sea, entre los países que cumplen con los compromisos internacionales para la prevención y el combate a este tipo de esclavitud moderna, acotó Granera.

No obstante, los logros más relevantes se pueden percibir en la lucha contra el narcotráfico, una actividad delictiva que ha perdido considerable terreno en esta nación en los últimos años.

El jefe del ejército, Julio César Avilés, declaró durante la presentación de la memoria anual de la institución castrense que el narcotráfico es considerado la principal amenaza a la Seguridad Nacional, una muestra de la importancia que se le da al enfrentamiento de esta situación.

Por su parte, la policía desarticuló siete células y confiscó 264 vehículos, 35 medios acuáticos, 221 bienes inmuebles, 1 117 medios de comunicación, 171 armas de fuego y 2,2 millones de dólares.

Gracias al trabajo desempeñado, en el país no existen cárteles y producto de una estrategia de muro de contención las organizaciones criminales tratan en la actualidad de no utilizar el territorio nacional para trasegar la droga, dijo el jefe del ejército.

Pero no todo fueron acciones de enfrentamiento. También hubo una labor social. Por ejemplo, la policía realizó más de 1 185 actos preventivos con la comunidad, capacitó a 30 mil estudiantes y ejecutó un plan que redujo en un 35 % los sitios de venta de drogas, lo que sacó de las calles unos cuatro millones de dosis de crack en el año.

Causas

A pesar de las carencias obvias de uno de los países más pobres del istmo, las estadísticas no mienten y los resultados son indiscutibles.

La voluntad política y las estrategias concertadas entre instituciones militares y de Go­bierno, uno de los pilares de estos logros, han dejado resultados palpables. Hay que tener en cuenta que estos no son secuelas de la improvisación o del buen trabajo de un año, sino de una larga etapa de esfuerzos y persistencia donde los actores y decisores políticos no cejaron en el empeño de mejorar la situación del país.

En opinión de la directora de la policía estos logros "serían impensables desligándolos de los programas sociales y económicos en be­neficios de los más pobres y del abordaje integral y sistémico del problema de seguridad ciudadana y humana que realiza el gobierno".


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