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Una joven nicaragüense es protagonista de una increíble historia de policías y criminales

Por Jorge Mederos, diario La Raza, de Chicago. Desde Managua. | 20 de Julio de 2007 a las 00:00
La gran operación de inteligencia que permitió golpear a la organización falsificadora de "micas" en Chicago comenzó como una historia de amor entre una veinteañera mexicana-nicaragüense rica y un supuesto empresario americano, un poco mayor, que le ganó el corazón. Ella era la hijastra de Manuel Leija Sánchez, y el americano un contacto de los federales que durante tres años buscaron infiltrar la familia del "Jefe de jefes".

Por Jorge Mederos, diario La Raza, de Chicago.

Fue en Managua, Nicaragua, cuando Suad Leija tenía casi 20 años y recién comenzaba a conocer la vida nocturna con los amigos de la universidad, donde estudiaba arquitectura. Era el año 2004 y vivía allí con su madre nicaragüense, Yelba, y su hermana menor, Shirley, lejos de la familia mexicana que comandaba una banda de falsificadores de documentos que opera en 33 estados de EEUU, pero amparada por el dinero que enviaba su padrastro, Manuel, dos veces por mes. Eran miles de dólares que llegaban por Western Union, money orders, cheques de viajero u ocultos en revistas despachadas por Fedex. A veces eran entregas personales realizadas por un guardaespaldas polaco de apellido Grodski. El dinero era invertido en tiendas de ropa y taxis, además de utilizarse en el pago de los gastos de la casa y colegiaturas. Suad era la encargada de la administración, porque según dijo, su padrastro no confiaba en su ex, Yelba, quien tenía graves problemas de alcoholismo. Yelba Marina Reyes tiene su historia en Nicaragua como exguerrillera sandinista, cuya mentora fue Suad Marcos, comunista egipcia casada con uno de los comandantes de la revolución nicaragüense (N. de E.: en realidad, es palestina y fue secretaria privada de Yasser Arafat, antes de radicarse en Nicaragua, y casada con el siquiatra Jacobo Marcos Frech, fallecido hace dos años). De ahí que su primera hija fuera nombrada Suad. Para Yelba, la vida en su país sería un refugio para escapar de los abusos y amenazas de su exesposo. Antes de Managua habían vivido en Los Ángeles y Chicago, ciudades de las que tuvieron que huir en medio de la noche ante la amenaza policial al negocio familiar de las falsificaciones. Foto: Con el uniforme de un colegio católico donde fue educada en Managua. Fotografía reciente de Suad Leijia, que en abril cumplió 23 años. Según recordó Suad en una entrevista con La Raza, en Managua salía de la universidad "y pasábamos a recoger a mi hermana con el chofer para ir a almorzar al centro comercial. De noche, salíamos a cenar o a discotecas". En esos paseos un americano se cruzaba con ella por todos lados, "nos chocábamos y no sabía quién era, hasta que una noche fuimos presentados en un bar muy popular de Managua". "John" no hablaba español, pero ella sí inglés, lo que facilitó el diálogo. Él se presentó como un empresario con negocios en América Latina que viajaba periódicamente a Estados Unidos y México. "Frecuentábamos el mismo círculo social, nuestros amigos comunes eran dueños de casinos, restaurantes y clubes", dijo Suad en una entrevista telefónica. Volvieron a encontrarse al mes y medio, pero aparentemente, el americano no estaba interesado en una relación formal, porque "andaba al mismo tiempo con tres o cuatro niñas", dijo Suad. Sin embargo, "le dije que no se iba a deshacer de mí tan fácilmente... hasta que se comprometió conmigo verbalmente y al final nos casamos primero en Nicaragua y luego en México", recordó.

Misión encubierta

Para ella era la culminación de un romance con un hombre que en las noches de fiesta atraía a las mujeres como si fuera una estrella de rock. Para él era un primer paso que podría permitirle explorar por dentro el laberinto de una organización de falsificadores creada en 1987 por Manuel Leija Sánchez (40 años) y Pedro Castorena (44 años), y que podría estar vendiendo identificaciones a terroristas. Más allá del mercado de inmigrantes indocumentados que buscan una forma de legalizarse para sobrevivir, estaba la sospecha de que por lo menos un pequeño porcentaje de las falsificaciones pudiera ser aprovechado por gente interesada en introducirse en Estados Unidos con otros fines. "John" había recibido la misión de infiltrarse en la familia Leija y el blanco escogido fue Suad, la jovencita de hablar pausado que fue criada como hija por Manuel desde corta edad, y cuya vida fue estudiada hasta el mínimo detalle antes de la aproximación. Pero el momento de la verdad fue duro, a pesar de que el amor había solidificado la relación. Cuando Manuel Leija fue detenido en Cicero en noviembre de 2005 al descubrirse una de las fábricas de documentos falsos, el patriarca Natividad Leija requirió la ayuda del "americano" de la familia por considerar que un empresario con conexiones podría hacer algo "en confianza" para sacar al capo de la cárcel. Según información obtenida por La Raza, la policía de Cicero llegó a Manuel tras ser alertada por llamadas telefónicas anónimas sobre la existencia de actividades sospechosas en el 2555 Sur de la Avenida Lombard, apartamento 9. En lugar de traficantes de drogas, como imaginaban, se encontraron con uno de los lugares donde se imprimían documentos falsos y dieron intervención a inmigración. "Me llamaron mi tía Edith, mi mamá y mi abuelito, y cuando colgué el teléfono y lo comenté con mi esposo creí que él no sabía nada, que lo iba a sorprender", dijo Suad, quien en ese momento vivía en México con su marido. "En cambio la sorprendida fui yo, porque él me dijo que había estado trabajando durante tres años, rastreando a mi familia, y que en parte él era responsable de la detención de mi padre".

«El me usó»

"Quedé tan sorprendida que no supe qué decir en ese momento. Ya estábamos casados, y ni modo de decirle...'sabes qué, ahí nos vemos'. Ya existía una relación muy fuerte, los sentimientos de por medio", dijo Suad, aunque reconoció que "él me usó". "John" estaba preparado y "barajó muy bien las cosas", según el relato de Suad. "Me explicó las formas de terrorismo, de la gente que explota edificios en Estados Unidos o del papel de los carteles de drogas en México, y lo entendí. De la misma forma que no ayudaría a un traficante para que venda drogas a mi hermanita o niños, tampoco lo haría con terroristas para que usen identificaciones falsificadas por mi familia", agregó. "Si pasara nuevamente algo como el 11 de Septiembre (de 2001) y no hiciera nada para detener a mi familia, entonces yo sería igualmente culpable. No soy como ellos", afirmó. Pero más allá de ser convencida por su esposo, hubo un episodio familiar que marcó a Suad y la colocó en el camino a convertirse en informante del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) de Estados Unidos. En una de las reuniones con Natividad, el esposo de Suad preguntó al abuelo si sabía que alguna de las identificaciones fabricadas por su organización hubiera sido vendida a terroristas, o "a personas malas que quieren dañar a Estados Unidos", según las palabras exactas recordadas por Suad. "Mi abuelito y mi tío Pedro se pusieron a reír y (Natividad) dijo que el terrorismo no era problema de México, sino de Estados Unidos. A nosotros sólo nos importa el dinero", dijo. Aparentemente en la organización no había conciencia entonces del papel jugado por "John" y Natividad estaba dispuesto a alguna colaboración, pero Manuel se habría negado siquiera a responder a su yerno americano en las visitas a la cárcel. No hubo acuerdo. "Se te cae la venda de los ojos, no se puede tapar el sol con un dedo. Te das cuenta que las personas con las que has crecido y que crees conocer son totalmente distintas, principalmente mi abuelito a quien siempre vi como una persona simpática y cariñosa y que de repente se veía tan cruel. Eso es muy fuerte, ¿no?".

«Mucha tristeza y miedo»

Suad habló con La Raza desde un punto no identificado en los Estados Unidos, donde vive actualmente bajo la protección de su esposo y amenazada de muerte por Manuel. Su cooperación con el ICE ha sido clave para reconstruir la historia de la organización y, sobre todo, poner nombres y ocupación a las fotografías de vigilancia tomadas por las autoridades a los miembros de la banda, que actualmente están detenidos en su mayoría en Chicago. También fue fundamental el testimonio que Suad prestó ante el Gran Jurado federal que investigó el caso y resolvió acusar a 23 personas de falsificación de documentos y lavado de dinero. -¿Considera posible que su padrastro lleve a cabo la amenaza de muerte? -"Claro que es posible", responde Suad, y recuerda que fue en una llamada telefónica desde la cárcel del Condado en Chicago cuando Manuel le dijo a su actual esposa, Fabiola, y a la madre de Suad, "que si no me echaba atrás, dejara quieto el problema y me alejara de mi esposo, me iba a mandar matar". Inclusive citó el testimonio de su hermana Shirley, según el cual, Manuel también amenazó de muerte a su exesposa Yelba, por considerar que fue por ella que la policía llegó a él por primera vez en 1996. "Me da mucha tristeza y mucho miedo, pero en algún momento de la vida la gente tiene que tomar una gran decisión y en la mía, lamentablemente, tuve que escoger entre mi familia o ayudar a un gobierno. Estoy muy orgullosa de lo que hice", afirmó. Sin embargo, la propia Suad admite que su familia "es enorme y nunca va a salir de este negocio". En su opinión, "en cualquier momento alguien va a salir a luz" para hacerse cargo de las operaciones de falsificación de documentos, que a partir del golpe dado en Chicago por las autoridades quedaron detenidas, o por lo menos se volvieron más lentas aquí y en las demás ciudades donde operan en los Estados Unidos. Se espera que los procesados cumplan condena de prisión, aunque no muy extensa dado el carácter de los delitos. Luego serían deportados a México, pero mucho antes la cabeza de la organización habrá sido reemplazada, en opinión de fuentes allegadas a los servicios policiales.

Los acusados

La lista de procesados divulgada por la oficina del Fiscal Federal, Patrick Fitzgerald, es encabezada por los hermanos Manuel y Julio Leija Sánchez, de 40 y 31 años de edad, acusados de falsificación de documentos y lavado de dinero. Entre los acusados de falsificar licencias de conducir, tarjetas de residente, de identidad y de seguro social figura Elías Muñoz, de 62 años, padre del concejal Ricardo Muñoz, cuyo distrito incluye el barrio de La Villita, donde operaba principalmente la banda. Según la acusación, en el estudio fotográfico Nuevo Foto Muñoz, ubicado en el Discount Mall de la calle 26, los llamados "miqueros" obtenían las fotografías utilizadas en los documentos falsos, así como la información personal de los clientes. Los clientes eran inmigrantes indocumentados mexicanos en su mayoría, pero también la lista compilada por las autoridades incluye polacos, indios, argelinos, árabes, nigerianos, canadienses, haitianos, paquistaníes y asiáticos. Manuel Leija estuvo preso unos meses en Chicago por un delito de falsificación y fue deportado a México en agosto de 2006 y allí se encontraría ahora. Su hermano Julio era la cabeza de la organización, con negocios cercanos a 3 millones de dólares anuales en Chicago, junto a su esposa Caterina Zapien Ruiz, de 28 años, encargada de suministrar los materiales necesarios para las falsificaciones. El delito de lavado de dinero que involucra a los hermanos y al también mexicano, Raúl González Márquez, está relacionado con el intento de pasar de contrabando a México 170.000 dólares en efectivo en febrero de este año, producto del negocio. El dinero estaba escondido en los neumáticos de una camioneta que fue interceptada por agentes de la patrulla fronteriza en Galveston, Texas. La acusación del Gran Jurado también menciona a Julio Leija Sánchez en una conspiración para asesinar en México a dos exmiembros de la banda identificados como Bruno y Montes, que se habrían separado del grupo y querían instalarse por su cuenta como competidores. Transcripciones de conversaciones telefónicas interceptadas por agentes federales probarían que el sicario, Gerardo Salazar Rodríguez, llamó a Julio para contarle los detalles de cómo asesinó de 15 disparos a Montes, en un episodio que aparecería como resultado de un robo. En las mismas conversaciones, Julio Leija habría dado luz verde a los crímenes. Se desconoce si el asesinato de Bruno se concretó. Según la acusación, otro de los encargados de usar violencia y amenazas para limitar la competencia sería el "Chato", de edad desconocida y oriundo del Distrito Federal. La acusación menciona como vendedores de los documentos a Miguel Cepeda, 26 años; José Cortéz Pérez, 42; Armando Dávila, 26; Ricardo González Márquez, 54; Julio César Hernández López, 36; Antonio Márquez, 35; Eduardo Molina Vázquez, 32; Oscar Montiel Gerrido, 29; Rafael Morales, 36; Alfredo Muniz, 30; Luis Pérez, 23; Oscar Perigrino, 34; Claudio Carrillo Fuentes, 38 y Ricardo Quintero López, 33. Elías Márquez, de 51 años y cuñado de los Leija, era el supervisor de una de las instalaciones donde se fabricaban documentos, mientras que Ángel Martín Dorantes Vázquez, de 35 años, y José Cortéz Pérez, de 42, serían los encargados de la vigilancia en La Villita y de avisar sobre la presencia de la policía en el área.

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