Escúchenos en línea

Tristes relatos de nicas que viven en ciudades españolas

Madrid, España. Agencias. | 1 de Diciembre de 2014 a las 10:43

Al mes, hasta 25 nicaragüenses están llegando a este destino en busca de trabajo. La vida ilegal los expone a la explotación laboral y a la zozobra de fracasar si son capturados por Migración

“Llegué temprano. Dejé a mi jefe dormido. Él es amante de la cama y suele decir que ha llegado a los 90 años porque duerme como un lirón. Era la primera en la cola. Hacerla me hace cruzar el charco en cuestión de segundos. Me siento en la Nicaragua de mi juventud cuando atendíamos a miles en el campo y colaboraba en la Revolución Sandinista.

Ayer me tocó hacer fila en Los Madrazos 34, donde está la Consejería de Asuntos Sociales. No logro entender para qué necesitamos hacer papeles en cada lugar donde nos queremos asentar. Si solo hay un planeta debería haber un documento que tenga todas las funciones para ser ciudadana de este mundo. Mi nombre es Jamileth Chavarría, soy una campesina de Bocana de Paiwas y soy ilegal en Madrid. Aquí es como si todos nos vieran, pero no existimos. Vivimos en la sombra.

Recuerdo que a las cinco de la mañana del 17 de enero de 2001 empecé a despertar, a través de la Radio Palabra de Mujer, a los campesinos de mi pequeño poblado campesino ubicado en el centro de Nicaragua.

“Jijiji. Hoy en mi pelota de cristal estoy viendo a Ramón. A ver Monchito, ¿qué pasó ayer? Le pegaste a la Cipriana. No te luce, jodido. ¡Vos tenés que ser de otro modo! ¿Ese es el ejemplo que le das a tus hijos?” —recuerdo que dije alguna vez en la emisora con mi personaje de la Bruja Mensajera.

Así lo hacía todos los días cuando en Nicaragua empezaba a amanecer. Así, oficialmente, la transmisión de la única radio existente en mi comunidad, ubicada a unos 230 kilómetros de Managua, daba inicio. Denunciando el machismo”.

Viviendo con miedo

Es una tarde de finales de octubre en Madrid, y Jamileth recuerda con melancolía su vida en Bocana de Paiwas antes de llegar a España en 2009. Vino a estudiar teatro-terapia y cuenta que los primeros días se encontró, por casualidad, con una señora en la calle a la que de manera imprevista le preguntó si sabía de alguna oportunidad de trabajo.

La señora le respondió que sabía de un señor que necesitaba una “interna” (doméstica que duerme en casa) urgente. Al día siguiente ya estaba cuidando a Enrique, un pícaro señor que se ha convertido en su familia en España.

“Acostumbrada a ser independiente, a veces me siento encerrada. El internet es mi ventana de escape para seguir luchando. A veces también voy a las manifestaciones”, explica.

Alguna vez ha estado a la par de policías que revisan a indocumentados. Dice que siente escalofríos y que cree que por ser “un poco más blanca y poner cara de valentía” se ha salvado de que la capturen en alguna de las redadas.

Feminista convencida, insiste en que su meta es ahorrar dinero para dedicarse a la siembra y comprar una radio en la que seguirá denunciando la violencia machista en Nicaragua.

Jamileth explica que manda unos 180 dólares mensuales de remesas. Recientemente se endeudó para poder traer a su hijo menor. En Nicaragua aún quedan su esposo, que es maestro, y su hijo mayor que está estudiando medicina. Dice que gana “mucho más” que en su pueblo, pero en el fondo “duele sacrificar el estar con tu mundo”.

Aumenta migración

España tiene una tasa de desempleo del 25%, un panorama económico deprimente y la confianza en el gobierno en un mínimo histórico desde que empezó la crisis en 2008. Cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que 545,890 personas se fueron de España en 2013. Según las autoridades, solo 79,306 de esos eran españoles nacidos en el país.

Los inmigrantes, sobre todo latinos, se han regresado a sus países. A pesar de los impedimentos que plantea para los nicaragüenses viajar a España, no dejan de llegar. De hecho, junto a los hondureños, son las únicas dos nacionalidades en las que ha aumentado la migración.

Luis Sacasa, presidente de la Asociación de Amistad Hispano-Nicaragüense, conformada en Madrid en 1994, sostiene que cada mes les llegan entre 10 y 25 migrantes procedentes sobre todo de Madriz y de Nueva Segovia. Casi todas mujeres.

El INE registra en su informe de empadronamiento que existían 17,455 nicaragüenses registrados en España hasta inicios de 2013. En Zaragoza hay 3,891 nicas registrados, convirtiendo a la ciudad en la “capital” nica de España, según datos oficiales.

Mientras en Madrid había hasta finales del año pasado 2,832 empadronados. En 2006 apenas eran 443. Sacasa destaca que España es el tercer destino migratorio de los nicas, después de Costa Rica y de Estados Unidos. Sin embargo, dice que existe un considerable subregistro, y las autoridades nicaragüenses creen que puede haber unos 80,000 nicaragüenses en toda España.

Explotadas

Muchas de las mujeres que llegan son campesinas y ni siquiera habían estado en Managua antes de venir, comenta Sacasa. Por eso es más fácil que muchas veces sean explotadas, porque no conocen sus derechos.

Este hombre que llegó a España en 1966 para especializarse en Criminología en la Universidad Complutense, donde ha trabajado, se reúne dos días al mes en el Bar Nicaragüita de Madrid para atender dudas, dar consejería legal y brindar apoyo moral a los compatriotas que lo requieran.

“Me siento rejuvenecido y querido. Es como estar en Nicaragua de alguna manera”, confiesa. Sin embargo, es tajante al lamentar que muchos de los migrantes que vienen no saben que vienen a un país en crisis, donde las oportunidades son cada vez más escasas.

Denuncia que la mayoría vienen con un préstamo que les hacen particulares cobrando intereses que en otros países “serían considerados delito”, porque les prestan de US$3,000 a US$5,000, y deben regresar hasta US$10,000 o US$15,000.

Insiste en que le sigue sorprendiendo la dignidad de los nicaragüenses, porque aun pasando penurias jamás han llegado a la organización a pedir ayuda económica. Lo que sí recibe diariamente son llamadas telefónicas con consultas de todo tipo. Le preguntan desde cómo mandar dinero, hasta dónde comprar hojas de chagüite para hacer nacatamales.

A estudiar y se quedan

Mercedes Escorcia tiene 44 años. Lleva diez en España. Vino con una media beca a estudiar a Valencia un curso de terapia familiar para completar los estudios de trabajo social que hizo en su natal León.

Cuando decidió quedarse empezó trabajando como camarera en restaurantes, luego limpiando casas y después en una panadería. Por ser ilegal, el dueño las despidió ante el temor de una inspección laboral.

Después trabajó cuidando a una niña por dos años y medio. Sus jefes le ayudaron a sacar sus papeles de residencia. Eran los dueños de un restaurante, pero con el inicio de la crisis, tuvieron que despedirla también.

En 2011 se trasladó a Madrid. Empezó a trabajar en la casa del hermano de su cuñado. Pero la trataban muy mal. “La señora de la casa me quería poner a limpiar a cuatro patas, no me daban de comer bien y eso que estábamos emparentados”, recuerda.

Tenía que ir a un comedor social a comer. Cuando reclamó que no le pagaban nada por hacer de doméstica, la echaron a la calle y tuvo que dormir dos noches en una estación de bomberos.

Pero fueron unas monjas del comedor social al que iba, las que le consiguieron un trabajo con un señor mayor. Con el dinero que gana se compró una casa en Nicaragua. “Estoy empezando a ver la luz. Ahora es más difícil vivir en España por la crisis. No es lo mismo escuchar sobre inmigrantes que serlo”, agrega.

“Antes las becas eran buenas”

OPORTUNIDAD• Alberto Urbina trabajaba en el departamento de Desarrollo Agrario en la Universidad Centroamericana (UCA), donde estudió Ingeniería en Sistemas de Producción Agropecuaria. En 2006 se ganó una beca Erasmus Mundus. El primer año estudió en Madrid, el segundo en Montpellier (Francia).

Volvió a España para terminar su trabajo de fin de curso trabajando en la Sierra Norte de Madrid. Pero en ese tiempo empezó una relación sentimental, y como le daban una beca de 1,000 euros mensuales, le dio la oportunidad de ahorrar.

“Entonces, teniendo dinero ahorrado que me permitió vivir casi un año mientras encontraba trabajo y el apoyo de mi pareja, decidí quedarme”, cuenta.

Se inscribió como voluntario para trabajar en proyectos de cooperación. Desde 2010 trabaja con la Fundación Padre Fabretto para recoger dinero en España que se envía a Nicaragua, para proyectos de educación. “Conozco de gente que ahora las becas que tienen les alcanzan lo justo para vivir o incluso que deben costear casi todos sus gastos”, indica.


Descarga la aplicación

en google play en google play