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El papa Francisco pide por los más pobres y desprotegidos

Ciudad del Vaticano. Agencias. | 25 de Diciembre de 2014 a las 08:55
El papa Francisco pide por los más pobres y desprotegidos

El papa Francisco pidió la madrugada de este jueves por los más pobres y los desprotegidos en todo el mundo.

En su mensaje natalicio Urbi et Orbi (para la ciudad y para el mundo), también recordó a la población de Irak y Siria, a los refugiados del mundo y a quienes sufren por el conflicto en Ucrania.

"Que pueda el Señor abrir a la confianza los corazones y donar su paz a todo Medio Oriente, a partir de la Tierra bendita de su nacimiento, apoyando los esfuerzos de aquellos que se empeñan efectivamente por el diálogo entre israelíes y palestinos", dijo Francisco.

El Papa rezó por "nuestros hermanos y hermanas de Irak y Siria que desde hace demasiado tiempo sufren los efectos del conflicto en curso y sufren una brutal persecución".

Invocó "esperanza" para los muchos refugiados, auspiciando que puedan recibir "las ayudas humanitarias necesarias" y "regresar a sus países". "Jesús es la salvación para toda persona y para cada pueblo", dijo Francisco en el mensaje, pronunciado desde San Pedro.

"Hay verdaderamente muchas lágrimas en esta Navidad junto con las lágrimas del Niño Jesús", exclamó.

"A El, salvador del mundo, le pido hoy que guarde a nuestros hermanos y hermanas de Irak y Siria, que desde hace demasiado tiempo sufren los efectos del conflicto en curso y, junto con los pertenecientes a otros grupos étnicos y religiosos, sufren una brutal persecución", rogó.

"Que la Navidad les lleve esperanza -subrayó- así como a los numerosos desplazados y refugiados, niños, adultos y ancianos, de la región y del mundo entero, que cambie la indiferencia por cercanía y el rechazo por acogida, para que cuantos ahora sufren puedan recibir las ayudas humanitarias necesarias para sobrevivir a la rigidez del invierno, regresar a sus países y vivir con dignidad".

"Que Jesús, salvador del mundo, guarde a los que sufren en Ucrania y conceda a esa amada tierra superar las tensiones, vencer el odio y la violencia y emprender un nuevo camino de fraternidad y reconciliación".

Mensaje íntegro del papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz Navidad!

Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, nos ha nacido. Ha nacido en Belén de una virgen, cumpliendo las antiguas profecías. La virgen se llama María, y su esposo José.

Son personas humildes, llenas de esperanza en la bondad de Dios, que acogen a Jesús y lo reconocen. Así, el Espíritu Santo iluminó a los pastores de Belén, que fueron corriendo a la cueva y adoraron al niño. Y luego el Espíritu guio a los ancianos Simeón y Ana en el templo de Jerusalén, y reconocieron en Jesús al Mesías. ”Mis ojos han visto a tu Salvador - exclama Simeón -, a quien has presentado ante todos los pueblos“ (Lc 2,30).

Sí, hermanos, Jesús es la salvación para todas las personas y todos los pueblos.

A él, el Salvador del mundo, le pido hoy que guarde a nuestros hermanos y hermanas de Irak y de Siria, que padecen desde hace demasiado tiempo los efectos del conflicto que aún perdura y, junto con los pertenecientes a otros grupos étnicos y religiosos, sufren una persecución brutal. Que la Navidad les traiga esperanza, así como a tantos desplazados, prófugos y refugiados, niños, adultos y ancianos, de aquella región y de todo el mundo; que la indiferencia se transforme en cercanía y el rechazo en acogida, para que los que ahora están sumidos en la prueba reciban la ayuda humanitaria necesaria para sobrevivir a los rigores del invierno, puedan regresar a sus países y vivir con dignidad. Que el Señor abra los corazones a la confianza y otorgue la paz a todo el Medio Oriente, a partir la tierra bendecida por su nacimiento, sosteniendo los esfuerzos de los que se comprometen activamente en el diálogo entre israelíes y palestinos.

Que Jesús, Salvador del mundo, custodie a cuantos están sufriendo en Ucrania y conceda a esa amada tierra superar las tensiones, vencer el odio y la violencia y emprender un nuevo camino de fraternidad y reconciliación.

Que Cristo Salvador conceda paz a Nigeria, donde se derrama más sangre y demasiadas personas son apartadas injustamente de sus seres queridos y retenidas como rehenes o masacradas. También invoco la paz para otras partes del continente africano. Pienso, en particular, en Libia, el Sudán del Sur, la República Centroafricana y varias regiones de la República Democrática del Congo; y pido a todos los que tienen responsabilidades políticas a que se comprometan, mediante el diálogo, a superar contrastes y construir una convivencia fraterna duradera.

Que Jesús salve a tantos niños víctimas de la violencia, objeto de tráfico ilícito y trata de personas, o forzados a convertirse en soldados; niños, tantos niños que sufren abusos. Que consuele a las familias de los niños muertos en Pakistán la semana pasada. Que sea cercano a los que sufren por enfermedad, en particular a las víctimas de la epidemia de ébola, especialmente en Liberia, Sierra Leona y Guinea. Agradezco de corazón a los que se están esforzando con valentía para ayudar a los enfermos y sus familias, y renuevo un llamamiento ardiente a que se garantice la atención y el tratamiento necesario.

El Niño Jesús. Pienso en todos los niños hoy maltratados y muertos, sea los que lo padecen antes de ver la luz, privados del amor generoso de sus padres y sepultados en el egoísmo de una cultura que no ama la vida; sean los niños desplazados a causa de las guerras y las persecuciones, sujetos a abusos y explotación ante nuestros ojos y con nuestro silencio cómplice; a los niños masacrados en los bombardeos, incluso allí donde ha nacido el Hijo de Dios. Todavía hoy, su silencio impotente grita bajo la espada de tantos Herodes. Sobre su sangre campea hoy la sombra de los actuales Herodes. Hay verdaderamente muchas lágrimas en esta Navidad junto con las lágrimas del Niño Jesús.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo ilumine hoy nuestros corazones, para que podamos reconocer en el Niño Jesús, nacido en Belén de la Virgen María, la salvación que Dios nos da a cada uno de nosotros, a todos los hombres y todos los pueblos de la tierra. Que el poder de Cristo, que es liberación y servicio, se haga oír en tantos corazones que sufren la guerra, la persecución, la esclavitud. Que este poder divino, con su mansedumbre, extirpe la dureza de corazón de muchos hombres y mujeres sumidos en lo mundano y la indiferencia, en la globalización de la indiferencia. Que su fuerza redentora transforme las armas en arados, la destrucción en creatividad, el odio en amor y ternura. Así podremos decir con júbilo: ”Nuestros ojos han visto a tu Salvador“.

Con estos pensamientos, feliz Navidad a todos.


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