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La nefasta herencia de los apagones

Por Néstor Marín, corresponsal en Managua de la agencia cubana de noticias Prensa Latina. | 4 de Agosto de 2007 a las 00:00
La mayoría de los nicaragüenses soportan con estoicismo y resignación apagones de hasta cinco horas diarias, a la espera de que el gobierno cumpla su promesa de acabar con la grave crisis energética para el primer trimestre de 2008. Al menos ahora sabemos cuando tenemos los cortes, responde rápidamente un vendedor ambulante al que le pregunto "¿cómo lo tratan los apagones?", mientras intenta venderme goma de mascar y cigarrillos entre el cambio de luces del semáforo. Mi anónimo interlocutor se refería al plan de racionamientos que se vio forzado a publicar la trasnacional española Unión Fenosa, luego de las protestas de la población, en algunos casos violentas, contra los desordenados apagones. La empresa ostenta el monopolio de la distribución de la energía eléctrica en Nicaragua desde hace casi siete años, cuando el gobierno del presidente Arnoldo Alemán (1997-2001) privatizó ese servicio básico, como parte de las medidas neoliberales. Pero la crisis energética comenzó a agudizarse desde hace dos años en Nicaragua, a la par de la subida de los precios internacionales del petróleo, con cuyos derivados se genera el 80 por ciento de la electricidad que produce el país. A ello se une el mal estado de las plantas generadoras, la mitad de las cuales también se encuentran en manos privadas, al punto que de una capacidad instalada para producir 717 megavatios, actualmente se generan como máximo 450 megavatios. Para el presidente Daniel Ortega, quien volvió al poder en enero pasado, tras 16 años en la oposición, los únicos culpables son los gobiernos anteriores, que no invirtieron, dice, ni un solo centavo del presupuesto en la generación de electricidad. "Hemos recibido un país totalmente destruido en el campo de la generación, y totalmente distorsionado en el campo de la distribución", aseguró el líder sandinista, en uno de sus múltiples discursos alusivos al tema. Para paliar la crisis, Ortega estrechó las manos solidarias que le tendieron Cuba y Venezuela, mediante el envío de 32 plantas eléctricas, con capacidad de generar hasta 60 megavatios en el horario de mayo demanda, pero que aún resultan insuficientes. "La situación ¡ni qué decir! es dura y provoca irritación en toda la gente; es normal que así sea... ¿quién puede estar contento sin energía? Todo el mundo se molesta", admitió Ortega días atrás, cuando el déficit alcanzó los 150 megavatios y los apagones fueron de 12 horas. Según los expertos, la situación comenzará a mejorar a partir de septiembre, para cuando se prevé entren en operaciones dos centrales azucareros que producen su propia electricidad a partir de la biomasa, y aportan el excedente al sistema nacional. Para esa fecha también se espera que las lluvias hayan hecho subir las aguas del lago Apanás, que alimenta la mayor hidroeléctrica del país. Pero los nicaragüenses comenzarán a ver literalmente la luz para finales del primer trimestre de 2008, según lo anunciado por el propio Ortega. De acuerdo con el mandatario, para esa fecha se espera la llegada de otra batería de plantas cubano-venezolanas, pero más eficientes que las anteriores, porque funcionan con fuel oil, combustible más barato que el diesel. Taiwán también se comprometió a entregar para igual fecha una planta de 30 megavatios, mientras se gestionan otros 60 megavatios con una compañía francesa. Eso es lo que tenemos asegurado, es decir, que estamos hablando de 90 más 60, serían 150 megavatios adicionales, con lo que la situación va cambiando totalmente, prometió Ortega, quien aseguró que por ahora, sólo queda ordenar la crisis.

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