Escúchenos en línea

El martirio de Monseñor Romero y el Papa Francisco

San Salvador. Por José Manuel Vidal/Religión Digital. | 2 de Marzo de 2015 a las 04:34
El martirio de Monseñor Romero y el Papa Francisco

Rodolfo Cardenal es un jesuita dedicado a la historia centroamericana, incluida la historia de la Iglesia. Hace años escribió una biografía de Rutilio Grande, y en estos momentos ultima la celebración del III Congreso de Teología de la UCA, que rinde homenaje a Romero, Ellacuría y los mártires del Salvador. "El legado de los mártires de cara al futuro", es su lema.

¿Cuál es el tema del III Congreso de Teología?

El lema del congreso, "El legado de los mártires de cara al futuro", expresa la intención fundamental de estas jornadas, esto es, conmemorar los veinticinco años del martirio de los seis jesuitas de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" y de Elba y Celina y los 35 años del martirio de Mons. Romero. En segundo lugar, el congreso se propone conmemorar o hacer memoria de esos mártires para renovar el compromiso de la lucha por la justicia para las mayorías empobrecidas y para levantar la mirada esperanzada hacia la utopía del reino de Dios.

¿Qué objetivos persiguen con él?

Seguir al "pueblo crucificado" en El Salvador, Centroamérica, América Latina y el resto del mundo, clavado y desgarrado por la desigualdad escandalosa, la violencia, la desintegración familiar, etc. Nos dirigimos a todas aquellas personas a quienes inquietan esas realidades y luchan para revertirlas, en la línea Jesuánica tal como lo hicieron los mártires en su momento histórico.

¿Quiénes son los ponentes principales?

Los conferencistas son compañeros de camino de los mártires como José María Castillo, José Luis Sicre, S.J., Ricardo Falla, S.J. y Javier Vitoria. Algunos de ellos trabajaron en la UCA después del asesinato. También participará Melinda Roper, M.M., ex presidenta de la Congregación Hermanas de Maryknoll, cuatro de ellas también fueron asesinadas por el ejército salvadoreño en 1980.

La temática de los mártires está de actualidad, porque sigue habiendo mártires en Asia, en Oriente Medio o en Latinoamérica.

Ciertamente, el martirio es una realidad en la experiencia cristiana actual. El Congreso con sus reflexiones y discusiones, pretende hacer presente la tradición martirial de la Iglesia salvadoreña, una Iglesia construida sobre la sangre de sus mártires. Esa tradición es muy valiosa para la Iglesia latinoamericana, porque constituye un elemento fundamental de su identidad cristiana. No solo hace memoria de hombres y mujeres que han entregado su vida por los demás, sino que, además, convoca a continuar la lucha por acercar la justicia del reinado de Dios. La realidad de unas mayorías latinoamericanas que sobreviven en el despojo y la violencia social es un recordatorio constante de la necesidad y la urgencia de continuar el mismo empeño de los mártires por conquistar la justicia. Los mártires no son realidades pasadas para recordar, sino inspiración y fortaleza actual para construir la utopía del reino de Dios.

Por fin, el Vaticano ha reconocido a monseñor Romero como mártir...

Así es. Se ha tomado mucho tiempo. Pero al final de un largo proceso reconoce el martirio de Mons. Romero. Ese reconocimiento corrobora lo que buena parte del pueblo salvadoreño sabía desde hace ya mucho tiempo. Eso es bueno para la Iglesia salvadoreña y también para la Iglesia universal, que ahora cuentan no solo con un modelo de creyente y de defensor de los pobres, sino que también con un modelo de cómo ejercer evangélicamente el ministerio sacerdotal y episcopal. Mons. Romero es un testimonio relativamente reciente del "pastor con olor a oveja", según la formulación del para Francisco.

La beatificación de Mons. Romero agrega una nueva dimensión al concepto de martirio. El martirio no solo está motivado por el odio a la fe, sino que también por el odio a la justicia, tal como el papa Francisco ha apuntado. En este sentido, el martirio de Mons. Romero tiene un matiz muy particular, porque no lo asesinan infieles o herejes, sino cristianos que con su asesinato declaran dar gloria al Dios de Jesucristo. A partir de aquí, el concepto de martirio se actualiza y se enriquece desde la experiencia latinoamericana.

¿Llegará a pasar lo mismo con los mártires de la UCA o con el Padre Rutilio Grande?

El reconocimiento del jesuita Rutilio Grande como mártir de la causa por la justicia vendrá antes que el de los mártires de la UCA. La arquidiócesis de San Salvador ya ha abierto la causa y el postulador trabaja en ella de manera acelerada. El martirio de Rutilio Grande también tiene un matiz particular, porque no solo asesinan a un párroco rural jesuita, sino que a su lado caen un catequista mayor y un adolescente, que la tarde del asesinato decidieron acompañarlo a celebrar la festividad de San José en su pueblo natal. Por lo tanto, lo apropiado es hablar de Rutilio Grande y compañeros mártires. Entrega su vida en medio del pueblo salvadoreño y junto al pueblo salvadoreño. Acompañado por representantes de dos generaciones, la adulta y la joven.

Una vez que Rutilio y sus dos compañeros sean reconocidos como mártires, es probable que se inicie el proceso de los mártires de la UCA, que también mueren en compañía de dos mujeres, una madre y su hija adolescente. Dada la cantidad de mártires de la Iglesia salvadoreña, catequistas, agentes de pastoral, religiosas, religiosos y sacerdotes, quizás sea apropiado hablar de Mons. Romero y compañeros mártires, así como se usa en otras latitudes donde los mártires son una nube.

¿El Papa Francisco ha sido decisivo en el cambio de actitud de Roma hacia monseñor Romero?

Ciertamente, el papa Francisco ha agilizado la conclusión del proceso de Mons. Romero, que había quedado paralizado en la burocracia vaticana. El ministerio de Mons. Romero es provocador por su opción por los pobres y por cuestionar el modo tradicional de ejercer el episcopado y el ministerio en general. Mons. Romero puso la institucionalidad eclesial al servicio de la causa del pueblo salvadoreño empobrecido y violentado. Por eso, fue criticado por la mayoría de los obispos salvadoreños de entonces, incluido más de un nuncio. Su pastoral también encuentra oposición en el episcopado latinoamericano y, sin duda, en ciertos ámbitos vaticanos. Han utilizado toda clase de argumentos para impedir su beatificación. Y es que reconocer su martirio, es reconocer la santidad de ese servicio y, por lo tanto, la pertinencia de su interpelación.

¿Lo que está haciendo Francisco en la Iglesia es una revolución, aunque sea tranquila?

El papa Francisco también está mostrando cómo ejercer el ministerio del obispo de Roma desde criterios evangélicos. Ha colocado su ministerio al servicio de la salvación de la humanidad, en particular, de los marginados, los excluidos, los empobrecidos, los esclavizados, los débiles y enfermos. Es decir, al servicio de la liberación de los más necesitados de salvación. El papa no solo ejerce su ministerio con la enseñanza doctrinal, sino que también lo hace con un lenguaje gestual muy elocuente. Los gestos del papa transmiten humanidad y salvación de una manera natural, provocadora y con gran poder de convencimiento. Por eso, generan alegría y esperanza. En ese sentido, su lenguaje gestual es más eficaz que la declaración doctrinal y, ciertamente, más convincente que la medida disciplinaria. El alcance de su pontificado lo mostrará el futuro. Mientras tanto, es bueno que el papa sea así, porque hace mucho bien.

¿Será capaz de llevarla a término? ¿Le dejarán?

Eso también lo determinará el futuro. Es evidente la existencia de fuerzas internas y externas que quisieran detener el proceso de renovación que ha iniciado. Asimismo, es comprensible que se opongan. Las fuerzas internas, porque cuestiona su manera de ser Iglesia y de ejercer el ministerio. El cuestionamiento es intolerable porque lo hace desde realidades últimas y, por lo tanto, inapelables. Lo hace desde los pobres y desde Dios. Las fuerzas externas, porque se encuentran desafiadas por un ministerio religioso desde la bondad y la misericordia. La amenaza no solo proviene de fuerzas como el Estado islámico, sino también de sectores neoliberales como los de Estados Unidos y Europa, que censuran sus condenas al capitalismo actual y sus reclamos de justicia.

¿Corre también el Papa el peligro de ser mártir? ¿Del martirio puede venir la esperanza para Latinoamérica?

La Iglesia de la antigüedad al afirmar que la sangre de los mártires es semilla de cristianos, señalaba la esperanza que nace del martirio. Los mártires latinoamericanos de hoy entregaron su vida a la defensa de los pobres. En realidad, la Iglesia latinoamericana tiene una larga tradición de lucha por la justicia. La primera generación de obispos del siglo XVI se caracteriza por defender al indígena de los abusos y violencias del conquistador. En ese entonces, la defensa del indígena se considera parte integral de su ministerio. Muchos otros han levantado sus voces para denunciar injusticias y violencias y para defender a los desvalidos. Lo han hecho de maneras muy diversas, pero con un claro compromiso con la justicia del reinado de Dios. Una buena parte de esos profetas han sido martirizados. Algunos ya han sido reconocidos por la Iglesia, otros todavía aguardan.

Hacer memoria de los mártires es reivindicar su opción por los pobres y reclamar la justicia negada por el poder. Hacer memoria de los mártires es invitación y compromiso a asumir su causa, la causa del reinado de Dios. Hacer memoria de los mártires es abrir el horizonte hacía la utopía del reino de Dios y, en ese sentido, apertura hacía la esperanza. Ignacio Ellacuría concluye su último artículo asegurando que en el horizonte se avizora al Dios liberador.

 


Descarga la aplicación

en google play en google play