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Honduras comprometió su política aceptando a los contras por dólares

Por Germán Reyes, agencia ACAN–EFE. Desde Tegucigalpa. | 8 de Agosto de 2007 a las 00:00
Tradicional aliado de Estados Unidos en la región, Honduras prestó su territorio a ese país como base militar para asistir a la "contra-revolución" nicaragüense, ayuda que comprometió a Washington hasta el escándalo. La diputada hondureña Doris Gutiérrez, del partido Unificación Democrática, de izquierda, declaró el martes a Acan-Efe, en el aniversario de la firma de los acuerdos de pacificación de Centroamérica, que la presencia de los "contras" en Honduras durante los años ochenta fue una muestra de subordinación a Estados Unidos. Tantos años después de la firma de los Acuerdos de Paz de Esquipulas II, el 7 de agosto de 1997, en Honduras sigue habiendo bases militares de Estados Unidos, agregó. Honduras, que en 1980 había iniciado su regreso a la democracia tras casi dos décadas de regímenes militares, prestó su territorio para que EE.UU. organizara y armara a miles de "contras" que se tomaron la franja del oriente hondureño fronterizo con Nicaragua. A cambio, el país recibió en los años 80 unos 1.000 millones de dólares en ayuda económica y otros 500 millones en asistencia militar. Cuando los presidentes centroamericanos suscribieron los Acuerdos de Paz, EE.UU. tenía varias pistas de aterrizaje y una base militar en Palmerola, centro de Honduras, desde la que dirigía sus operaciones anticomunistas en Centroamérica. Palmerola, aún bajo control de EE.UU, y las pistas de aterrizaje en las fronteras con Guatemala, El Salvador y Nicaragua, que Washington alegaba que solamente eran para sus ejercicios militares con Honduras, también servían para hacerle llegar suministros a los "contras". Los rebeldes antisandinistas eran casi dueños de una buena parte del oriente de Honduras, región a la que la prensa local y los corresponsales de medios extranjeros iban solo con permiso de los militares del país. Las operaciones encubiertas de EE.UU. para apoyar a los rebeldes antisandinistas salieron a luz a mediados de los años 80 con el escándalo "Irán-Contras" o "Irangate", que salpicó a la administración de Ronald Reagan, quien se autodefinia "contra", por estar contra la expansión del comunismo en Centroamérica. El escándalo, que reveló la desviación de fondos obtenidos en la venta de armas a Irán para financiar la lucha antisandinista, trascendió precisamente cuando los presidentes centroamericanos estaban comprometidos con la eficaz pacificación de la zona. Estados Unidos fue el único país del continente que no avaló la firma de los tratados de paz que hoy se recuerdan y puso fin a tres diferentes focos armados en la zona, en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. El "Irán-Contras" comprometió al entonces teniente coronel Oliver North, uno de los principales asesores del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y a su jefe inmediato, John Poindexter. Para empañar más el papel de Honduras en el conflicto de la región, el 15 de agosto de 1988, desde Washington, se informó de que el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, persuadió al líder de "un país centroamericano" para que entregase, en abril de 1985, un cargamento de armas dirigido a la "contra" nicaragüense. Ese líder, según luego se reveló, era el entonces presidente de Honduras, Roberto Suazo Córdova, quien había asumido el poder el 27 de enero de 1982. Ni Azcona Hoyo, que le sucedió en 1986 y fue suscriptor de los acuerdos de paz, ni Suazo Córdova, reconocieron la presencia de los "contras" en Honduras, a pesar de las denuncias de la prensa nacional y extranjera y los testimonios de los pobladores de las zonas afectadas por su presencia. Según Gutiérrez, "el hecho de que no se reconociera la presencia de la contra en Honduras fue una manifestación más de la subordinación de los presidentes hondureños a la política norteamericana". Todavía hoy, repitió, "tenemos bases militares en Honduras, como Palmerola, y los problemas de fondo identificados por los acuerdos de paz siguen en vigencia, lo único que se logró detener fue la acción de las guerrillas", declaró. Sin guerra definida en su territorio, Honduras albergó, durante los años de guerra de sus vecinos, a unos 45.000 refugiados salvadoreños, 30.000 nicaragüenses y casi un millar de guatemaltecos.

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