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Nicaragua y Brasil, por un mundo más justo y solidario: artículo del presidente Lula

Por Luiz Inácio Lula da Silva, Presidente de Brasil | 8 de Agosto de 2007 a las 00:00
En estos días, 7 y 8 de Agosto, realizo visita a Nicaragua, la primera de un Presidente brasileño. Tengo muchos recuerdos especiales de las ocasiones en que estuve en este país como líder sindical y partidario. Todos conocen de mi alta estima que tengo por mi amigo Daniel Ortega, con quien hace más de veinte años, comparto luchas e ideales. En finales del año pasado, Daniel fue nuevamente llamado por su pueblo para la tarea de gobernar el país. Ahora regresa con la misión de asociar sus ideales de justicia e inclusión social a la necesaria reconciliación de los nicaragüenses que aspiran a prosperar en paz. Hoy, Daniel y yo estamos determinados a cumplir los mandatos que recibimos para llevar la ciudadanía plena a todos nuestros hermanos. Creo que mi visita, que fue precedida de una importante misión interministerial brasileña a Nicaragua, en abril pasado, ofrece oportunidades para llevar adelante nuevas iniciativas en esa dirección. Nicaragua y otros países de América Central necesitan de apoyo para desarrollar nuevas vocaciones, nuevas alternativas económicas que ayuden a superar sus dificultades. La decisión brasileña de perdonar la deuda bilateral de Nicaragua debe ser vista como expresión de solidaridad, más también como crédito de confianza. Confianza en el potencial para compartir nuestro conocimiento y experiencia en áreas estratégicas para el desarrollo de nuestras economías, como el área de energía. Los programas de combustibles renovables, como el etanol y el biodiesel, ofrecen una alternativa energética verdaderamente revolucionaria. Es ampliamente reconocida nuestra experiencia, de más de 30 años, en la producción de biocarburantes. Ella nos ha permitido lograr seguridad energética y alimentar con amplios beneficios económicos sociales y ambientales. Al agregar 25 por ciento de etanol derivado de la caña de azúcar a la gasolina y utilizar alcohol puro en carros “flex-fuel” reducimos en 40 por ciento, tanto el consumo cuanto las importaciones de combustibles fósiles. Y dejamos de emitir, desde el 2003, más de 120 millones de toneladas de gas carbónico equivalente en la atmósfera, ayudando a combatir el calentamiento global. La industria del etanol ya creó directamente 1.5 millón e indirectamente 4.5 millones de puestos de trabajo en Brasil. El programa de biodiesel, todavía en la fase inicial, ya emplea más de 250 mil personas, sobre todo pequeños agricultores en las zonas semiáridas deprimidas, generando renta y colaborando para un equilibrio entre la ciudad y el campo, puesto que reduce el inflamiento de las grandes ciudades y la consecuente marginalidad urbana. Los biocombustibles ayudan a combatir el hambre, generando ingresos que permiten a las poblaciones pobres adquirir alimentos. La expansión de la caña también contribuyó para recuperar áreas de pastos degradadas, de bajo o ningún potencial agrícola. El alcohol y el biodiesel ofrecen una verdadera opción de crecimiento sustentable. Además de generar empleos e ingresos en el sector agrícola y exportador, abren las puertas para el establecimiento de industrias bioquímicas locales, para el desarrollo tecnológico y la agregación de valor. Por esas razones, los biocombustibles tienen una relevancia especial para los países de la región, como Nicaragua, que tienen semejanzas climáticas con Brasil. La larga tradición nicaragüense en el cultivo de la caña de azúcar y de oleaginosas tropicales hacen de este país un fuerte candidato para liderar esta iniciativa pionera en América Central. Los biocombustibles pueden ocupar un lugar importante en una estrategia global de desarrollo y de preservación del medio ambiente. Por eso, el Gobierno brasileño y nuestros empresarios han ofrecido cooperación y tecnología a todos nuestros aliados. Hemos buscado alianzas triangulares con países desarrollados, para aumentar el flujo de recursos para nuevos proyectos en América Central y en el Caribe. Trabajamos, además por la creación de un mercado global para el etanol. Un mercado en que ese combustible verde pueda beneficiar el mayor número posible de países en desarrollo. La cooperación energética es solamente una entre muchos ejemplos de lo que podemos hacer juntos. Podemos explorar opciones de cooperación, tales como el interés de Nicaragua en la experiencia brasileña en reforestación y fruticultura. Con esas iniciativas, estaremos apoyando los esfuerzos de Nicaragua para dar una vida mejor a su población. Es en este contexto que se inscribe la realización, en Managua, del seminario sobre la experiencia brasileña en el combate al hambre y a la pobreza. Queremos compartir nuestras experiencias en las áreas de seguridad alimenticia, agricultura familiar y administración de tierras. Es de esto que nuestros países necesitan: medidas concretas que ayuden a eliminar la opresión del hambre y de la pobreza, de las inmensas desigualdades y de la falta de horizontes. Dando esperanzas de una vida mejor a nuestras poblaciones estaremos honrando la memoria de hombres como Sandino, Carlos Fonseca Amador y tantos otros que dieron su vida por la libertad y por la igualdad. Este es un mensaje que he traído a mi compañero Daniel Ortega y al pueblo nicaragüense: Cuenten con el apoyo del Brasil en esta lucha por los derechos de todos los ciudadanos por la justicia, la paz y por el fruto de su trabajo.

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