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Sionistas usan químicos para causar horrendas quemaduras a los civiles de Líbano

None | 21 de Julio de 2006 a las 00:00
Varios médicos que trabajan en hospitales del sur de Líbano explicaron a la agencia española Efe que las víctimas que reciben de las zonas bombardeadas por Israel presentan heridas de un tipo que nunca antes habían visto pese a su experiencia en otras contiendas. "Hace unos días recibimos nueve cadáveres de la entrada norte de Sidón y todos presentaban unas lesiones muy extrañas", relató Mayed Ozeiran, doctor en un centro de la ciudad sureña de Sidón. "Aunque no estaban quemados, tenían la piel completamente negra. Había un espacio vacío entre la piel y el resto del cuerpo y no sangraban aunque llegaron media hora después del ataque. Jamás habíamos visto una cosa así", explicó. Ozeiran, que trabaja en el mismo centro desde 1982, año de la segunda invasión israelí de Líbano, añadió que las heridas que presentan las víctimas "no son de armamento convencional", aunque no pudo dar una explicación sobre qué producto pudo causar dichas lesiones. La misma opinión expresó el doctor Ahmad Umrua, director del hospital de Yabl Amel, en la región de Tiro, una de las zonas más castigadas desde que el pasado 12 de julio comenzaron los ataques de la aviación israelí. "Recibimos heridos que parecen quemados pero cuya situación es muy rara y que despiden un olor muy extraño", comentó antes de explicar que la "carencia de los recursos más básicos" hace que sea imposible solicitar los análisis pertinentes para determinar qué causó las heridas. El pasado 16, los medios libaneses denunciaron que Israel estaba utilizando bombas de fósforo blanco (prohibido en la legislación internacional) en sus ataques al sur del país, y en particular en la zona de las Granjas de Cheba. El fósforo blanco es una sustancia amarillenta que arde cuando se expone al oxígeno en temperaturas de más de 30 grados; el fuego que causa puede ser difícil de apagar y deja una espesa humareda. Las partículas incandescentes de esa sustancia pueden causar quemaduras químicas profundas y muy dolorosas. Umrua denunció además que el ejército israelí está atacando las carreteras de la zona y dejando "islas de población incomunicadas a las que es imposible poder atender". El doctor Umrua, que cifró en 236 los heridos recibidos por su hospital –"todos civiles"–, añadió que la artillería israelí está disparando contra las "ambulancias y los coches civiles que tratan de trasladar a los heridos al centro ya que los aviones atacan a los vehículos que se acercan y a los que tratan de trasladar a las víctimas a otros lugares". "Tampoco tenemos medios para poder sacar a la gente de los edificios derruidos. Hemos recibido a dos niñas y a su abuela, que pasaron 76 horas bajo las ruinas de su vivienda", protestó". El médico, que pidió al mundo que "detenga esta guerra y ayude a Líbano", explicó que la ausencia de recursos ha causado un nuevo problema "con los cadáveres en descomposición que quedan entre los escombros", con los riesgos sanitarios que conlleva.

Una "babel" de refugiados huye del "infierno"

LARNACA, Chipre – Si se necesitara un resumen de como la guerra que sufre Líbano es la tragedia de todo el mundo, las imágenes y las voces en diversas lenguas en el terminal marítimo de Larnaca, lugar de llegada de los refugiados, sería uno de los más elocuentes. Es casi medianoche y el ferry griego fletado por el gobierno francés acaba de cumplir una de sus múltiples rotaciones entre Larnaca y el puerto de Beirut. Una vez desembarcados, varios centenares de refugiados, entre los cuales muchas mujeres y niños, se amontonan en los mesones dispuestos en la terminal para establecer un registro. Antes de llegar a la terminal, han pasado por una verdadera guardia de honor formada por innumerables cámaras de televisión, antenas parabólicas y periodistas. Después de una semana, las imágenes son repetidas y los recién llegados pasan en medio de la casi indiferencia periodística. A pesar de la hora tardía, la temperatura ronda los 30 grados centígrados y el calor es aún mayor en el interior del inmenso recinto. La sala está llena de banderas de todos los continentes, que cuelgan de las paredes o del techo. Si las situación no fuese dramática para tantos de los allí presentes, podría uno imaginarse en un inmensa feria internacional. Debajo de cada bandera, una mesa en medio de pilas de botellas de agua, donde voluntarios de diferentes ONG atienden a los ciudadanos de los diferentes países, ofreciéndoles sándwiches y algo de beber. También se ven multitud de uniformes militares. Aparte de los de la policía y de los aduaneros chipriotas, se ve a los soldados del contingente de la ONU destacados en Chipre. Un militar austriaco se encarama a una de las mesas para colgar una inmensa bandera de su país y señalar así la presencia de un equipo destacado para recibir a los refugiados. Cuando termina parece un tanto decepcionado de ver que el tamaño de la bandera no corresponde a unos cuantos austriacos que se aproximan indecisos. Un inmenso soldado de boina azul claro con la insignia de la ONU guía a los que ya se han inscrito para que se dirijan a otra sala donde hay instalados equipos médicos y de sicólogos. Habla inglés, pero el acento no deja lugar a dudas de su origen y hace aparecer casi inútil el distintivo pegado sobre su uniforme donde se lee: "Ejército argentino". A pesar del gran numero de niños, algunos de corta edad, en medio del ruido sordo de los cientos de voces, no se escuchan llantos infantiles. Muchos de los menores están dormidos en cualquier posición en sus cochecitos, en medio de paquetes, bolsos o valijas. Los mayores se aferran a sus padres como atontados. Entre los adultos, las reacciones también difieren. Algunos están callados y rehuyen a las preguntas referentes a la situación que acaban de vivir antes de embarcarse. Otros relatan una y otra vez la odisea que han vivido desde que abandonaron su hogares, trabajos, escuelas. Hablan de convoyes de automóviles con refugiados atacados por la aviación israelí, de la sed, del miedo, de las interminables esperas antes de poder embarcarse y alejarse de lo que llaman "un infierno". "Yo he visto como la aviación israelí bombardeaba y disparaba contra los automóviles que encabezaban o estaban en la columna que huía hacia Beirut desde el sur", relata a gritos Yamila, una venezolano-libanesa que está con sus dos hijas. Una de las pequeñas le pregunta por qué habla a gritos. "Estoy nerviosa", les responde casi sin interrumpir su relato. "Vayan allá y cuenten lo que muchas televisiones no muestran", les pide a los periodistas y humanitarios que se embarcan hacia Beirut.

Un tercio de los 350 muertos por ataques de Israel son menores

Beirut – El ministro libanés de Cultura, Tarek Mitri, aseguró hoy que el número de fallecidos desde el pasado 12 de julio, cuando comenzaron los bombardeos israelíes, asciende a 350 personas y que un tercio de ellas son menores de edad. Según Mitri, que ofreció una rueda de prensa en la capital libanesa, entre los muertos por la ofensiva israelí figuran "veintitrés oficiales y soldados del Ejército libanés y el resto (337) son civiles". El ministro libanés no pudo facilitar el número de bajas entre los milicianos de Hizbulá, objetivo declarado de la ofensiva de Israel. "Desde que comenzó la ofensiva, 61 puentes han quedado completamente destruidos y el número de desplazados asciende a 500.000, un quinto de los cuales se encuentran en los edificios públicos abiertos por el Gobierno, sobre todo en Beirut", detalló. Mitri añadió que los bombardeos israelíes de hoy han afectado los lugares históricos de "Tiro y Baalbek -en el sur del país- por lo que he enviado una carta a la UNESCO en la que solicito que el presidente del organismo presione sobre el responsable de los bombardeos y pida el fin de los ataques". El ministro recordó que la legislación internacional prohíbe el ataque contra zonas culturales y que las áreas atacadas están, en ambos casos, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. "El Gobierno libanés pide un alto el fuego inmediato", explicó el ministro, que reclamó al menos que se abran dos corredores humanitarios en Líbano, uno hacia Chipre -que ya ha sido "autorizado" por Israel- y otro interno que permita la ayuda a la población del sur y el este del país, la más afectada por los ataques. Mitri añadió que "aunque hay indicios de que Israel ha aceptado el corredor humanitario hacia Chipre todavía no hay constancia de que lo haya hecho de forma oficial". La apertura de dichos corredores es una "urgencia" ya que "la situación se va a seguir deteriorando" y "al menos servirán para minimizar las pérdidas civiles", dijo. El ministro expresó su preocupación "porque existen signos sobre el terreno de que Israel prepara una gran ofensiva terrestre" y aseguró que el Ejército libanés, que hasta el momento no ha respondido a la ofensiva israelí, "responderá en el caso de ser atacado y en especial si hay una ofensiva terrestre". Sin embargo, el Ejército libanés no se unirá a los milicianos de Hizbulá que luchan en el sur del país porque "no tiene intención de atacar y sólo responderá a las agresiones". El Gobierno de Beirut está en permanente contacto con las autoridades estadounidenses pese a que ambos ejecutivos tienen puntos de vista distintos sobre el cese de las hostilidades ya que "nosotros deseamos que sea inmediato".

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