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Desesperación y esperanza a la vez en calles de Katmandú

Buenos Aires. Página 12. | 30 de Abril de 2015 a las 08:50
Desesperación y esperanza a la vez en calles de Katmandú

La desesperación por alejarse de Katmandú, el epicentro del sismo que dejó al menos cinco mil víctimas fatales en Nepal, terminó provocando disturbios en la terminal de buses. Furiosos porque en el lugar no estaban los 250 micros que había prometido el gobierno nepalí, miles de manifestantes arremetieron contra lo que encontraron a su paso en el lugar, y fueron reprimidos por la policía antidisturbios. En tanto, tres hermanos argentinos que estaban al pie del Everest al momento del terremoto dieron noticias de su paradero a través de Facebook, donde también informaron que todos están en perfecto estado de salud. Las tareas de rescate continúan, y en algunos casos con éxito: ayer, a cuatro días de sucedido el terremoto, un bebé de cuatro meses fue sacado ileso de entre los escombros de un edificio, y un hombre de 27 años pudo abandonar lo que quedaba de su casa, tras haber pasado 82 horas bloqueado entre piedras, apenas consciente y cubierto de polvo (ver aparte).

De acuerdo con la ONU, el terremoto, que hasta el momento causó más de 5000 muertos y 8000 heridos, afecta directa e indirectamente a 8 de los 28 millones de habitantes de Nepal. Integrantes del gobierno nepalí aseveraron que la magnitud de la catástrofe que sobrevino al sismo, el peor de los últimos 80 años, desbordó las previsiones y la capacidad de organización de los operativos de ayuda. “Ha habido debilidades en la gestión de las operaciones de socorro”, reconoció el ministro de Comunicaciones, Minendra Rijal, en la cadena de televisión nepalí Kantipur.

Sin embargo, la ONU indicó que el gobierno de Nepal restringió la llegada de ayuda internacional, porque ya ha llegado una cantidad suficiente de equipos de rescate extranjeros. “Consideran tener suficientes medios para hacer frente a las necesidades inmediatas de búsqueda y de socorro”, dijo Jamie McGoldrick, coordinador residente de la ONU para Nepal. Por otra parte, el organismo internacional inició una campaña de recolección de fondos por 415 millones de dólares para ayudar a Nepal.

Mediante Facebook, tres hermanos argentinos cuyo paradero era desconocido desde el terremoto del sábado dieron noticias e informaron que se encuentran todos ilesos. Cuando se produjo la catástrofe, Rafael, Guillermo y Damián Benegas estaban en Gorak Shep, un poblado al pie del monte Everest, que planeaban escalar por tercera vez. Oriundos de Puerto Madryn, los Benegas resultaron ilesos tras el sismo de 7,8 grados en la escala de Richter, que los encontró al pie del monte Everest. “Fueron días duros”, escribió Rafael Benegas en su muro de Facebook, donde iban contando la expedición.

“A pesar de haber sufrido dos veces los terremotos del 25 y el 26 (N. de R.: el 26 fue una réplica) en la parte de mayor riesgo de caída de hielo, y escapar realmente sin un rasguño (han sido) 48 horas de trabajar codo a codo con un equipo de gente maravillosa. 48 horas de un escenario que parecía zona de guerra, salvando docenas de vidas de personas que fueron víctimas de la avalancha del 26 de abril, ¡sentimos que todavía hay mucho que hacer! En cuanto los integrantes de nuestro equipo vuelvan a sus casas, nuestra idea es dirigirnos a la región de Makalu y ver qué se puede hacer”, escribieron en la red social.

Ayer por la mañana, la policía nepalí reprimió en la zona de la terminal de buses de Katmandú cuando miles de personas provocaron disturbios, en su desesperación por abandonar la región donde el terremoto resultó de más gravedad. Agotadas por las réplicas, y ante la ausencia de viviendas y el miedo a que se agoten los alimentos, miles de personas se congregaron antes del alba en la estación, para abordar alguno de los transportes especiales prometidos por el gobierno. Al comprobar que en el lugar no había ninguno de los autobuses anunciados, comenzaron las escaramuzas. “Llevamos esperando desde el alba. Nos dijeron que habría 250 autobuses, pero no ha llegado ninguno”, testimonió Kishor Kavre, un estudiante de 25 años. “Estamos impacientes por regresar a casa para ver a nuestras familias, pero no sabemos cuándo vendrán los autobuses”, agregó. Un grupo de sobrevivientes cerró el paso a un camión que avanzaba cargado con bidones de agua; luego, se treparon a la caja del vehículo y empezaron a distribuir, por mano propia, la carga entre la multitud. Los policías antidisturbios se apostaron tras un alambre de púas para repeler a la multitud, entre la que se encontraban hombres armados con palos.

“La catástrofe es tan grande y sin precedentes que no hemos sido capaces de responder a las expectativas de la gente. Pero estamos preparados para reconocer nuestras debilidades, aprender y salir adelante de la mejor manera posible”, aseguró el ministro Rijal.

En diálogo telefónico con el primer ministro nepalí, Sushil Koirala, el presidente norteamericano Barack Obama expresó sus “sinceras condolencias” por la catástrofe y prometió hacer “todo lo posible” por ayudar. Estados Unidos anunció que aportará 10 millones de dólares al fondo de socorro.


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