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Centroamérica no es de Costa Rica, por Aldo Díaz Lacayo

| 21 de Agosto de 2007 a las 00:00
Centroamérica no es de Costa Rica, por Aldo Díaz Lacayo
Costa Rica es de Centroamérica, pero Centroamérica no es de Costa Rica. Es un problema de inconsciente colectivo. Un rechazo profundo a los otros pueblos centroamericanos que se expresa en inconscientes manifestaciones colectivas discriminatorias. Un pueblo que reniega de su pertenencia geográfica, rehúsa de sus ancestros originarios y se reclama con otros ancestros incomparablemente más desarrollados. Ésta es la tragedia histórica de la región. A pesar de todo esto, desde la independencia los otros pueblos centroamericanos insisten en su concurso, en la unidad, más aún en la fraternidad. Es un mérito histórico. También parte de su inconsciente colectivo. No se perciben a sí mismos sin Costa Rica, mutilados. Y en este objetivo se comportan con paciencia oriental. Todos los tratados y convenciones que firman entre sí, en torno a la unidad regional, terminan dejándolos abiertos a la adhesión de San José. Pero también es frecuente que suceda lo contrario, que Costa Rica se empeñe en llevar a cabo acciones en franca oposición al resto de los países de la región. Con un liderazgo no reconocido por sus pares de Centroamérica, pero con asidero externo, a tono con el sentimiento colectivo costarricense. Y lo que es peor, con una actitud condescendiente de los otros pueblos también a tono con su inconsciente colectivo. Otra tragedia histórica. ¿Será centroamericable Costa Rica? Éste fue el caso del proceso de paz de Centroamérica de los ochenta. El liderazgo costarricense contra Contadora se hizo presente desde un principio, buscando un liderazgo propio. Siempre utilizando recursos políticos aceptables para el entorno internacional. Coincidiendo este esfuerzo con la abierta agresión norteamericana a Nicaragua. Fue un antiproceso tortuoso. Reuniones forzadas de cancilleres centroamericanos sin y contra Nicaragua. Y desde luego con lo más granado de los líderes "contras" norteamericanos. Más que de Centroamérica, que no faltaron, las denuncias contra esta actitud de Costa Rica vinieron de todas partes del mundo, empeñadas en respaldar a Contadora. Porque entonces las contradicciones norte/sur prevalecieron sobre la decisión de Washington de incluir a Nicaragua en la órbita de la contradicción este/oeste, rechazada por Contadora como objetivo prioritario. Europa dio el primer paso. Todos los países europeos: latinos, sajones, escandinavos. Y todo esto está registrado por la historia. Y cuando el gobierno de Costa Rica, por el agotamiento anunciado de Contadora logra centroamericanizar el proceso de paz, excluye a Nicaragua. En la intención costarricense no fue esta centroamericanización un proceso de paz, sino un proceso penal. Se trataba de sentar a Nicaragua en el banquillo de los acusados. Frente a una corte espuria formada por los otros mandatarios de Centroamérica. La mayoría dependiente de la "Contra" norteamericana. Un proceso penal contra el derecho internacional, también espurio. Existen igualmente toneladas de páginas escritas por las más variadas fuentes del mundo denunciado esta atrocidad. Tanto que terminó involucrando a las internacionales políticas más importantes de la época: la socialista y la demócrata cristiana. En ambas sin consenso. Muchas voces de cada lado se expresaron en contra de este proceso, para enderezarlo, que fue la tesis que prevaleció. Nadie sabía cómo. Y el espurio proceso penal llamado centroamericano contra Nicaragua no se detuvo. Siguió su curso. Y además triunfalista. Fue la historia la que se encargó de enderezarlo. Por su propia irracionalidad y por la comprobada y reconocida habilidad de los negociadores de Nicaragua, el amañado proceso penal se revirtió al momento mismo de iniciarse la primera sesión de la corte ilegítima. ¿Cómo sentar a Nicaragua en el banquillo de los acusados por una causa legítima aunque no compartida por los otros gobiernos?, fue la pregunta que rondaba en la conciencia de todos y cuya imposible respuesta terminó revirtiéndolo. Al final los cinco gobernantes del área terminaron sentados frente a sí mismos, incluida Cota Rica, para escarnio de su gobernante y sin duda con el dolor de su pueblo. Los cinco compartiendo la banca en un autoproceso político histórico. Examinando las grandes carencias sociales de la región y reclamando su inmediata superación. Y terminando con una sentencia también histórica. Esto fue realmente el Acuerdo de Esquipulas II. Jamás asumido. Más bien asumido al revés por todos, principalmente por Costa Rica. Una reversión validada por el Premio Nobel. Otra vez el asidero externo. Finalmente, un acuerdo ignorado después de las elecciones generales de Nicaragua de febrero de 1990, único país que cumplió, al menos parcialmente. Porque el acuerdo fue global. Más allá del aspecto electoral. En realidad, Esquipulas II es un proyecto de nación para Centroamérica. A partir de su soberanía plena, condenando la injerencia externa, reconociendo la pluralidad política-ideológica, con nuevas instituciones, con un plan de desarrollo económico regional, con acceso absoluto de todas las fuerzas políticas a los medios de comunicación, con elecciones periódicas, libres pluralistas y honestas, con la obligación de promover la participación popular en la toma de decisiones públicas, con justicia económica y social. Pero la historia es caprichosa. Veinte años después Oscar Arias Sánchez y Daniel Ortega Saavedra han regresado al gobierno. En nuevas condiciones históricas globales y americanas. Favorable a la izquierda de América. ¿Podrán superar la contradicción histórica Costa Rica /Centroamérica y retomar el Acuerdo de Esquipulas II? ¡Bienvenido a Nicaragua-Centroamérica presidente Arias!

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