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Un día en la casa del Che

None | 24 de Julio de 2006 a las 00:00
La ciudad entera parecía esperar a Fidel y al venezolano, que llegaron al chalet inglés donde vivió Guevara de los 4 a los 16 años. El cubano bromeó con su edad y saludó a amigos de la infancia de su camarada argentino. Chávez, con emoción, dijo que la casa era "un templo". Los demás presidentes, incluido el anfitrión Néstor Kirchner, salieron disparados de Córdoba apenas sonó la campana final de la Cumbre del Mercosur. El, en cambio, tenía sus razones para quedarse un día más. Luego de haber cerrado el viernes a la noche la Cumbre de los Pueblos, Fidel Castro ayer aprovechó para conocer la casa en la que vivió su infancia el Che Guevara en Alta Gracia. En la visita lo acompañó Hugo Chávez. Fidel posó al lado de la estatua de bronce que recuerda al Che a los 8 años, conversó con quienes fueron sus compañeros de colegio y recorrió las habitaciones donde pasó de niño a adolescente quien luego sería su compañero y amigo en la Sierra Maestra. "Me puse tan nerviosa que me equivocaba. Es que esto fue histórico, imagínese, tener dos personas tan importantes acá", explicaba Ada Veltre, quien les hizo de guía durante la recorrida. Alta Gracia, a 40 kilómetros de la capital cordobesa, es una pequeña ciudad de 45 mil habitantes. Los Guevara de la Serna eran de Rosario, pero decidieron mudarse allí porque el clima seco de la sierra serviría para aliviar los problemas de asma del pequeño Ernesto, por entonces Teté. El Che pasó allí desde los 4 hasta los 16 años. Su casa, de estilo inglés, de techos de chapas verdes y tejas ocres, se convirtió en museo a partir de 2001. Desde entonces ha sido objeto de interés para cierto tipo de turismo, sobre todo jóvenes extranjeros, nada que ver con el alboroto de ayer. Desde temprano, cuando se confirmó la visita, la cuadra se fue poblando de gente. Termo bajo el brazo, cámara del tipo que se pueda imaginar en mano, los vecinos fueron ocupando las veredas mientras las calles se convertían en patrimonio de los encargados del operativo de seguridad. Había policías federales, provinciales, guardias cubanos y venezolanos. El secretario de Seguridad Interior, Luis Tibiletti, supervisó todo personalmente. A las 10, ya había unas tres cuadras ocupadas y fue necesario que trajeran más vallas metálicas. La espera se hizo larga. Los presidentes recién saldrían del hotel Holiday Inn poco después del mediodía, en una caravana de automóviles. En el centro de la fila, el Mercedes negro de Fidel, con Chávez de acompañante. Hasta las 13.10 que llegaron, Córdoba ofrecía otro día de sol y calor, como fueron todos los de la cumbre. La gente no sólo no se fue por el plantón, sino que se siguieron sumando. Se veían algunas banderitas de Cuba y varias remeras del Che, pero en su gran mayoría era gente no embanderada pero –se notó– que simpatizaba con Fidel y Chávez. "Poné TN que están transmitiendo en directo. Después me contás cómo sale el barrio", llamaba una señora de jogging a una amiga. Los que llegaron temprano se pudieron meter en los corralitos para la prensa ubicados a ambos lados de la entrada de la casa. Vecinos que hacía mucho que no se veían hablaban por celular desde una vereda a la otra, imposibilitados de juntarse por los vallados. "Dicen que todavía no salió", se comentaban, decepcionados. En la casa de enfrente, los chicos habían invitado a sus amigos que fueron copando la terraza. La policía les indicó que se bajaran por cuestiones de seguridad. Iniciaron una intensa discusión sobre la propiedad privada, los derechos individuales y demás, extraña en el contexto, que terminaron ganando los jóvenes. Apareció un cantautor paraguayo, Rolando Percy, que se presentó como "amigo de Chávez", junto a un pintoresco representante de sospechosa cabellera sin canas, bandera venezolana en la solapa y algunos cedés en la mano. Ayudado por su guitarra, Percy comenzó a interpretar sus dos canciones –una del Che, otra de Chávez– una y otra vez. En el hastío, la gente alternaba entre silbarlo, reírse o hacer palmas. Al final, hasta llegaron a acompañar el estribillo "Chávez tiene corazón", que a veces seconvertía en "Fidel tiene corazón". "¿No te sabés una de Lula?", le preguntaron. En eso estaban cuando apareció la larga caravana. "Fidel, Fidel", brotó, natural. El auto se detuvo justo en la entrada de la casa. El viejo líder, de uniforme verde oliva, se bajó sonriente y se acercó a las vallas para estrechar algunas manos. Chávez, de camisa roja, lo siguió atrás, pero su figura pasa casi desapercibida al lado del carisma de Fidel, que excede las cuestiones políticas. Al entrar, la primera parada que hicieron fue en la escultura del Che niño, ubicada como si estuviera sentado sobre la baranda de madera del chalet. Fidel y Chávez ingresaron acompañados por un equipo de la televisión venezolana que, según contó la gente del museo, les dificultaron realizar una visita guiada normal. Los dos presidentes hicieron muchos comentarios entre ellos. "El Che era dos años mayor que yo", aseguró Fidel. "¿Cómo mayor? Era dos años más chico que tú", le retrucaba Chávez. "No señor", mentía Fidel. A días de cumplir los 80, el tema de la edad fue el motivo preferido para las bromas del cubano. Cuando conversó con los amigos de la infancia del Che –hay una foto inmensa un una habitación con la foto de todos ellos cuando iban a la escuela– también les decía que eran mayores que él. Calica Ferrer, Enrique Martín y Ariel Vidosa le contaron algunas anécdotas de colegiales. Vidosa llevó un boletín de sexto grado en el que comprobaron que el Che tenía notas altas en casi todo salvo en caligrafía –6– y ortografía –4–. En la comitiva iban algunos argentinos: el diputado Miguel Bonasso y la embajadora en Caracas, Alicia Castro. Fidel pudo verse reproducido en algunas fotos junto al Che. Una de 1965, fumando cigarros y sonrientes en un sillón. Otra, histórica, de 1966, con el Che caracterizado como Adolfo Mena, listo para pasar a la clandestinidad. Al lado, el texto de su carta de despedida, aquella en la que renunciaba a la nacionalidad cubana y a los cargos, y finalizaba con el "Hasta la Victoria Siempre. Patria o Muerte". A Fidel le impactó encontrarse con una gran foto de Celia de la Serna, la madre del Che, a quien se ve que nunca había visto o bien no la recordaba. "Se le parecía, mira qué perfil de vasca que tiene", le comentó a Chávez. "Tú también eres vasco y tienes el mismo perfil", le retrucó el venezolano. En esa imagen, a Celia la acompañan sus cuatro hijos, todos con disfraces. El pequeño Ernesto tiene puesto un gran sombrero que parece de cowboy. El museo tiene el atractivo de imaginar al Che en esa casa de ambientes de techos altos y un jardín al fondo. Hay una réplica de la bicicleta con motor con la que recorrió doce provincias, en lo que sería un ensayo para el mítico viaje en moto que luego haría con su amigo Alberto Granados por el continente. También hay una réplica de su uniforme y hay muchas fotos de diferentes momentos de su vida. Fidel se sorprendió de enterarse que por aquel entonces los Guevara de la Serna no era propietarios, sino que alquilaban. "¿Y cuánto pagaban?", preguntó el Comandante. Agarró a Ada, a guía, sin respuesta. "Deberías conocerlo, es un dato que al Che le hubiera gustado conocer", le dijo. La recorrida, emotiva y disfrutada por ambos, les llevó más de una hora. A la salida, ya se había empezado a nublar, lo que llevó a Fidel a reflexionar sobre los cambios de temperatura de Córdoba en invierno. "Ayer a la noche para nosotros los cubanos hacía seis grados", recordó sobre el acto en la Ciudad Universitaria. Con sol durante la mañana, con un poco más de frío después, la gente lo esperó igual. A la salida, lo mismo que a la entrada, Fidel se acercó a saludar. Pero eran muchos y a Fidel le indicaron que era hora de irse. Castro ensayó un gesto de disculpa, dio un último saludo y entró al auto. "Olé, olé, olé, olé, Fidel, Fidel", lo despidieron. La comitiva se fue levantando polvo y dejando atrás un hito que seguramente la pequeña ciudad recordará por mucho tiempo. El día que la visitaron dos presidentes, el día que Fidel se reencontró con la historia de su viejo amigo y compañero de luchas. "Esto ya es mito: mañana vamos a ser millones los que digamos que le dimos la mano a Fidel", reflexionaba un vecino mientras miraba irse a los visitantes ilustres.

Fuente: Diario Página/12, Argentina. Por Fernando Cibeira desde Córdoba.

La tarde en que Fidel se reencontró con el espíritu del Che Guevara

Dicen que la mirada de águila de Celia de la Serna, la mamá del Che Guevara, lo dejó paralizado por un momento. Bella y aún desafiante desde una foto en blanco y negro, sus ojos parecieron escudriñarlo desde la profundidad de los tiempos. Y que fue allí, frente a esa mujer con los rasgos de su primogénito, cuando el líder cubano se detuvo pensando quién sabe qué. "Ese fue el primer impacto de Fidel Castro aquí", le dijo a Clarín, todavía sin poder creer lo vivido, Ada María Ventre, la encargada del Museo del Che Guevara. Es que ayer, al final de la Cumbre del Mercosur y luego de tres días de esperarlo sin resultados, todo Alta Gracia se despertó para verlo. Fidel Castro Ruz, que cumplirá 80 años el 13 de agosto, al fin visitó Villa Nydia: la casona que fuera el hogar donde creció Ernesto "El Che" Guevara, su primer comandante en la Sierra Maestra. A bordo de un Mercedes Benz negro que trajo especialmente desde Cuba, Fidel Castro desandó los 37 kilómetros desde la capital mediterránea, y llevó como compañero nada menos que a Hugo Chávez. Era la una y cuarto de la tarde cuando el presidente venezolano, con camisa roja; y Castro, con su habitual uniforme verde, bajaron del coche en medio de los aplausos y vivas de una multitud que los esperó durante más de cuatro horas bajo un sol ardiente, y detrás de las vallas que instalaron los servicios de seguridad caribeños y argentinos. Apenas ingresó al jardín de los dos pinos, en la calle Avellaneda al 501, Castro no lo dudó un segundo y fue directamente a uno de los arcos de la galería de piedra, donde lo esperaba la escultura en bronce de un pequeño Ernesto, sentado y de pantalones cortos, mirando hacia la calle, como balanceando las piernas. Esa era la foto. Ninguna otra. Fidel se paró a la derecha del Che niño y Chávez hizo lo mismo del otro lado. Cientos de disparos de cámaras obtuvieron la imagen que compitió con la fallida foto oficial de esta Cumbre. Los dos entraron a la casa acompañados por cuatro de los amigos de la infancia del Che: Calica Ferrer, quien hizo el segundo viaje con Guevara por Latinoamérica y hoy vive en Buenos Aires; Enrique Martín, Ariel Bidosa y Alfredo Moreschi, que continuaron sus vidas a pocas cuadras de Villa Nydia. Según Ferrer, "Castro y Chávez se llevan de maravillas y se desafían todo el tiempo a ver quién tiene la mejor memoria". El hombre deslizó que "el Comandante siempre gana, aunque está claro que el tema del tiempo es algo que tiene muy presente". Entusiasmado y "todavía sin bajar a la Tierra", Calica contó a Clarín que Fidel hasta le trajo "un chisme". ¿La víctima? Alberto Granado: un amigo del Che, que aún vive en Cuba. "Me dijo que el Petiso anda recontra enojado porque el médico le ha prohibido el ron", confió. Luego, Calica resaltó "el humor" que une a Castro y Chávez. Con un Fidel "un tanto corto de un oído" —según deslizaron algunos—, las dos estrellas de la Cumbre jugaron una especie de adivinanza. Mientras el venezolano cubría con una mano las calificaciones de una libreta de medicina del Che, expuesta en el que fuera el dormitorio del joven Ernesto, Castro debía arriesgar en qué materia sobresalía su mejor guerrillero. "Parasitología", arriesgó el cubano, entrecerrando los ojos y con tono triunfal. Y, aunque acertó en ésa, no todo fue ganancia. La grieta llegó con el tema del tiempo. Castro porfió con Calica y hasta con Chávez, que "el Che era mayor que él". Tanto empecinamiento sorprendió, pero ninguno se amedrentó a la hora de refutarlo: nacido el 14 de mayo de 1928, el Che era dos años menor. Y asunto terminado. Una hora y diez minutos después, los dos salieron rodeados por un enjambre de guardaespaldas. Castro caminó hacia los periodistas. En el picado mar de las preguntas a los gritos, esta cronista —orgullosa hija de un papá siciliano y sordo— tuvo el reflejo de vocalizar una única pregunta que se imponía. —¿Cómo se siente luego de visitar la casa del Che? Entonces, un Fidel de ojos tan abiertos como atentos, entendió con la habilidad de quienes saben largo de leer labios. Y, golpeándose el pecho del lado del corazón, el hombre—leyenda, que abandonaba tal vez para siempre la casa de quien fue su mejor soldado, sólo repitió: "Con una enorme emoción, con una enorme emoción".

Fuente: Marta Platía. Enviada especial a Alta Gracia, del diario Clarín, de Argentina. [email protected]

«Más que ejes, hay una nueva América»

Hugo Chávez pasó tres días agitados en la provincia que recibió a Ernesto Guevara en 1932, cuando tenía cuatro años y ya empezaba a sufrir de asma. El venezolano tuvo un rol protagónico en la Cumbre del Mercosur –la primera que comenzó con su país como miembro pleno del bloque–, aunque su papel también se extendió sobre otras lides. Tuvo que asumir la función de mediador entre sus pares Néstor Kirchner, a quien suele definir como "un compañero y amigo", y Fidel Castro, a quien no tiene dudas en llamar "el padre de todos". La mediación se volvió inevitable el jueves a la noche, luego de que Kirchner decidiera presentar un reclamo oficial a Fidel para que dejara viajar a Buenos Aires a la médica cubana Hilda Molina. Como la cuestión se presentaba muy difícil, el Gobierno recurrió a todas sus cartas. Entre ellas estuvo el ministro de Planificación, Julio De Vido. Viejo conocido de los venezolanos, De Vido le pidió a Chávez que tratara de convencer al líder cubano para que permitiera que la neurocirujana pudiera viajar a la Argentina a ver a su hijo, Roberto Quiñones. Sin prometer nada, el venezolano recibió una copia de la carta que el canciller Jorge Taiana le entregaba en ese instante al propio Fidel. Aunque Chávez no padece asma como el Che, cuando llegó a esta ciudad mediterránea arrastraba un leve problema de salud. Eso lo obligó a suspender una cena con Lula el miércoles y a ausentarse de la cena de honor de la Cumbre un día después, según la versión de un importante funcionario argentino que participó de la comida. Pero el contratiempo más importante, sin duda, fue el conflicto inesperado que surgió entre Kirch-ner y Fidel. Con todo eso cargaba Chávez cuando visitó la casa del Che en Alta Gracia, la misma que habitó entre los 4 y los 16 años. "Al final esto fue lo más importante del viaje. Acompañar a Fidel a reencontrarse con la casa de quien fue su compañero", confesó a un periodista cuando entraba a la vivienda de estilo inglés. Chávez no tenía pensado participar de la excursión. Debía volver rápido al aeropuerto para volar a Bielorrusia, previa escala en Lisboa, donde lo esperaba una nueva gira comercial y política. Pero el pedido de Fidel pudo más. Suspendió compromisos de su agenda para compartir la visita con su amigo y mentor político. Tras recorrer lo que supo ser la casa de la familia Guevara, Chávez salió rodeado de custodios y casi abrazado con el líder cubano. Cuando se dirigía al auto oficial de Fidel –un Mercedes Benz negro de los años ’80, blindado y con matrícula de la isla, que los cubanos habían traído desde La Habana en uno de los dos aviones de la delegación– se detuvo y conversó con Página/12. "Hemos venido a recoger semillas para la lucha. Semillas de la historia, recorriendo los caminos de la historia, cargando las baterías revolucionarias. Sin duda", dijo. –¿Está de acuerdo con que en estas cumbres se está vislumbrando cada vez más dos ejes diferenciados, uno La Habana-Caracas-La Paz y otro BrasiliaBuenos Aires? –le preguntó este cronista. –Hay una nueva América, eso es lo que hay. Más que ejes. Un nuevo tiempo, un nuevo continente y unos nuevos pueblos. Míralos, allí están –contestó. A su alrededor una multitud coreaba su nombre y el de Fidel mientras sacaba fotos con cámaras digitales y celulares. Entre el gentío se vio flamear una bandera negra y roja, los colores que identifican al Movimiento 26 de Julio desde el desembarco en la Sierra Maestra, y otra celeste y blanca de Libres del Sur. La delegación se fue como había llegado, con un estruendo de sirenas. Habían pasado sesenta horas desde su aterrizaje en el aeropuerto de Córdoba y llegaba el momento del balance. Los funcionarios venezolanos que acompañaron a Chávez en este viaje, el ministro de Energía y Minas y titular de Pdvsa, Rafael Ramírez, y el deIntegración, Gustavo Márquez, se habían preocupado por transmitir satisfacción. "Habría que repetir muchas veces reuniones como las de ayer. Sus contenidos, los discursos de los presidentes. Estamos hablando de países con una misma visión y un mismo sentido y propósito. Es muy importante. No se hagan eco de esas matrices de opinión del enemigo, del imperio. Esta es una iniciativa que hay que aplaudir y respaldar", aseguró Ramírez en diálogo con este diario. Según contó a Página/12 un legislador argentino que suele hablar con la Cancillería, la invitación a Fidel para que asistiera a la cumbre de Córdoba había sido pedida a la Casa Rosada por el mandatario venezolano. El Gobierno aceptó, aunque nunca creyó que el cubano finalmente viajaría. Pero al final dio la sorpresa. Y Kirchner se enteró de que su invitado estaba volando el jueves a la mañana, doce horas antes de que aterrizara en Córdoba. "Muchas veces tengo que engañar a mis propios amigos. No se olviden que sufrí seiscientos atentados", explicaría luego Fidel durante el acto del viernes en la Ciudad Universitaria. Si la invitación al Comandante de Cuba fue una idea de Venezuela, ¿cómo habrá evaluado Chávez el resultado de la visita? ¿Qué habrá pensado cuando los cubanos se quejaron en duros términos por la "descortesía diplomática" que le endilgaban al Gobierno? Las mismas palabras escucharon sucesivamente los distintos negociadores que fue enviando el Ejecutivo para acercar posiciones: no sólo el canciller, Jorge Taiana, y el embajador en La Habana, Darío Alessandro, sino también el secretario de Provincias del Ministerio del Interior, Rafael Folonier, y el subsecretario de Integración Económica, Eduardo Sigal. Algunos dirigentes argentinos –que apoyan a Kirchner y quieren incondicionalmente a Fidel– interpretaron como un primer indicio de la reacción de Chávez su sorpresiva ausencia en la cena de honor de los jefes de Estado. Esa noche del jueves, en el acondicionado Palacio Ferreira, que la gobernación de Córdoba había embellecido con pinturas de Berni, Spilimbergo y otros artistas latinoamericanos, la cena no logró ni la mitad del quórum. Estaban Michelle Bachelet y Tabaré Vázquez, pero faltaban Lula, Chávez, Fidel y Evo Morales. Fuente: Diario Página/12, Argentina. Por Martín Piqué, desde Córdoba

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