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Esquipulas II evitó la invasión yanki a Nicaragua, por Julio López Campos

Trascrrpción de María Luisa Atienza | 22 de Agosto de 2007 a las 00:00
«El empeño de la política internacional del gobierno revolucionario, de la Revolución, era la de no permitirle a Reagan que pudiese alinear a toda la región en contra nuestra. Era lo último que le faltaba realmente para intentar una intervención militar directa Y no era retórica del gobierno revolucionario, del gobierno sandinista de entonces. Recuérdense ustedes que al poco tiempo después de Esquipulas, al año siguiente, se da la intervención militar de EEUU en Panamá. De manera que eso no era un asunto sencillo de gritar al lobo, era realmente un peligro real».

Programa Causa y Efecto, miércoles 22 de agosto

PUEDE ESCUCHARLO EN ESTE ENLACE En estos días se ha estado hablando muchísimo de los veinte años de los Acuerdos de Esquipulas II. Viendo y leyendo las cosas que se han dicho alrededor de los acuerdos de Esquipulas, yo me preguntaba si realmente la ciudadanía tiene alguna idea de qué fueron esos acuerdos, porque, bueno, saquemos las cuentas, estamos recordando los 20 años de los Acuerdos de Esquipulas, quiere decir que la inmensa mayoría de los ciudadanos de Nicaragua, que son menores de 30 años, entonces no… tenían 10 años cuando esos acuerdos. No tuvo para ellos ninguna relevancia, ninguna importancia. De manera que podemos decir que la inmensa mayoría de los ciudadanos nicaragüenses ignoran esos acuerdos, la importancia que tuvieron, las circunstancias en las que se dieron y quizás es bueno recordar, sobre todo para la gente joven, qué fueron esos acuerdos, en qué consistieron, por qué se dieron, por qué su importancia, por qué celebrarlos ahora. Eso sí me parece importante. Los medios de comunicación le dieron mucho énfasis a la cuestión que si Daniel se abrazaba con Arias, que era la primera vez que se iban a encontrar, que no se hablaban, que se van a limar las asperezas, es decir, todo gravitando alrededor de ese asunto. Quizás valdría la pena recordar un poco aquel contexto complicado en el que se llegó a un acuerdo, firmado por los cinco presidentes de Centroamérica, en un convento, allá en Esquipulas. Era el segundo encuentro de los presidentes, en ese convento, ya había habido uno el año anterior y por iniciativa del presidente Cerezo, hay que decirlo así porque así fue, y se tiene esta segunda reunión en Esquipulas. Vamos a hablar un poquito de eso, porque era parte de nuestro trabajo, tenía que ver con las relaciones internacionales, tenía que ver con todos esos esfuerzos políticos y diplomáticos, para impedir que Reagan pudiese acumular la fuerza suficiente para justificar una agresión militar directa contra la Revolución Sandinista. Porque hay que decir que realmente el esfuerzo, el empeño de la política internacional del gobierno revolucionario, de la Revolución, era la de no permitirle a Reagan que pudiese alinear a toda la región en contra nuestra. Era lo último que le faltaba realmente para intentar una intervención militar directa Y no era retórica del gobierno revolucionario, del gobierno sandinista de entonces. Recuérdense ustedes que al poco tiempo después de Esquipulas, al año siguiente, se da la intervención militar de EEUU en Panamá. De manera que eso no era un asunto sencillo de gritar al lobo, era realmente un peligro real. Centroamérica para entonces, allá para agosto del 87, Centroamérica estaba realmente en una situación extremadamente complicada, convulsionada. Los conflictos militares habían alcanzado un nivel que no habíamos conocido en nuestra historia moderna, digo, en el sentido que teníamos una guerra en Nicaragua, que nunca fue una guerra civil, fue realmente una guerra armada, dirigida, orquestada, financiada por el gobierno norteamericano. Ya eso los sandinistas no tenemos que explicarlo, ya eso está explicado oficialmente en las decisiones y en las políticas de la administración, de las dos administraciones del señor Reagan. Y claro, eso condujo a una confrontación entre nosotros en Nicaragua, de proporciones realmente colosales. Y eso había llevado a este país a una situación de un colapso brutal. Imagínense el peso sobre una población tan pequeña como la nuestra, de 50.000 muertos. Una cosa terrible, desproporcionada. Era una sangría realmente. La economía totalmente devastada, destruida. Creo que para ese año Nicaragua había logrado exportar, además, como un gran éxito, tal vez unos 250 millones de dólares. Imagínense ustedes que solo exportando 250 millones de dólares, con eso no pagábamos ni el 40% de la factura de petróleo. Y entonces, cómo hacer educación, cómo hacer salud, cómo hacer viviendas, cómo hacer infraestructura, cómo hacer inversión pública, cómo asignarles recursos a los gobiernos regionales de entonces. Es decir, la guerra imperialista, la agresión norteamericana, el odio de Reagan contra la Revolución Popular Sandinista. El financiamiento público y abierto dado por el congreso norteamericano, las acciones encubiertas de la CIA, el patrocinio directo y público de la contrarrevolución, el soporte interno que aquí le daban, y hay que decirlo, en eso La Prensa jugaba un papel notoriamente visible, el Cardenal Obando, sin duda, uno de los instrumentos de la política de agresión contra nuestro país. Era realmente una situación terrible la de Nicaragua. La de El Salvador no lo era menos. En El Salvador hacía ya varios años que un fuerte movimiento político y armado, combatía con fuerza el régimen salvadoreño. Acuérdense que ahí había habido golpes de Estado de militares y sin duda alguna que el triunfo de la Revolución Sandinista alentó al movimiento popular salvadoreño y alentó a los dirigentes políticos y revolucionarios a incrementar la lucha. De eso no cabe la menor duda. Además de que es cierto, encontraron en Nicaragua también apoyo, respaldo material, logístico, pero la principal motivación no vino de eso, vino del proceso, de la victoria del pueblo de Nicaragua, que alentó también al pueblo salvadoreño. Y la situación ya para entonces se presentaba ya claramente complicadísima también en El Salvador En Guatemala, en Guatemala, donde existía la guerrilla más vieja de la región, y una de las más viejas de América Latina, hay que saber que todos en Centroamérica, aprendimos de los revolucionarios guatemaltecos. Y aunque no con la intensidad de lo que ocurría en El Salvador, la verdad de las cosas es que en Guatemala también se sentían los esfuerzos de la guerrilla guatemalteca. En ambos lados, en El Salvador y en Guatemala, se había imitado el proceso político que había conocido el Frente Sandinista, aquello de que las tendencias se habían unido y se habían puesto de acuerdo en un plan, se habían unido en una sola organización. Ese fenómeno se repitió en El Salvador cuando se creó el FMLN. Después se repitió en Guatemala, cuando se creó la URNG de Guatemala, la unidad de los revolucionarios guatemaltecos. Reagan había dicho, había sostenido de la manera la más oficial posible, incluso de una manera absolutamente escandalosa, en un informe, en un discurso de Reagan el 27 de abril de 1983, los acuerdos fueron en el 87, pero desde 1983, en un famoso discurso, en una sesión conjunta del Congreso de los EEUU, Reagan dijo lo siguiente: "La seguridad nacional de todas las Américas, está en juego en Centroamérica" Fíjense qué frase esa, la seguridad nacional, no sólo de EEUU sino de todas las Américas, está en juego en Centroamérica. Si no podemos defendernos ahí, no podemos esperar prevalecer en ninguna otra parte. Y dice Reagan, nuestra credibilidad colapsará y nuestras alianzas se resquebrajarán. Y desafía Reagan al Congreso norteamericano y les dice: Si los EEUU no pueden responder una amenaza cerca de sus propias fronteras, por qué entonces los europeos y asiáticos han de creer que nosotros estamos seriamente preocupados con las amenazas contra ellos. Reagan había calificado al sandinismo de una forma muy parecida a la que ahora usa Bush con otros adversarios. Reagan había dicho, y lo cito:"El sandinismo es un reino del terror comunista" Aquello de los ejes del mal. Es increíble, en otro momento, le dice Reagan al pueblo norteamericano: "En resumen les digo a ustedes esta noche, que no puede haber alguna duda. La seguridad Nacional de todas las Américas se ve comprometida en América Central. Si no podemos defendernos a nosotros mismos en esa región, no podemos esperar que prevalezcamos en otras partes. Nuestra confiabilidad se derrumbaría, caerían nuestras alianzas y la seguridad de nuestra patria. La seguridad de nuestra patria, lo dice, la seguridad de los EEUU, estaría en peligro, si no terminan, ese era el mensaje de Reagan, con el sandinismo, con ese reino del terror comunista. Así había comenzado Reagan contra la Revolución Sandinista. Su objetivo era la destrucción total de este proceso. Y desde el comienzo de su primer mandato, se comenzó a organizar la hostilidad, la agresión y los intentos de destrucción. Ya cuando estamos en agosto del 87, realmente era un milagro cómo la Revolución Popular Sandinista lograba sostenerse. Millones y millones de dólares los aprobaba el congreso para que hicieran la guerra al gobierno revolucionario. Y una raquítica, famélica, endeble, y hambrienta economía de una población reducida como la nuestra, hacía la resistencia a una política brutal. Y entonces Centroamérica se había convertido en un escenario explosivo, de mucha violencia, de guerra, de inestabilidad. Eso preocupaba a México, preocupó a México, al gobierno de Colombia, al gobierno de Venezuela, incluso al de Panamá, y se creó allá en el 83, en este contexto duro de Reagan, lo que se llamó la Iniciativa de Contadora. Ahí comenzó el proceso de búsqueda de una solución política. México, particularmente estaba espantado con la idea de una intervención norteamericana, todo eso son precedentes terriblemente angustiantes y peligrosos para alguien que tiene un vecino como los que ellos tenían. Y buscaron apoyo político en América Latina para buscar una solución. Y el gobierno revolucionario estaba totalmente consciente de que no podíamos sostener una guerra de esa naturaleza. No había manera. Se había hecho todo lo humanamente posible. Había que buscar cómo trabajar una salida política, una salida negociada, buscar un arreglo, buscar el camino de la paz, pero había que hacerlo con dignidad, había que hacerlo con la certeza de que no íbamos a comprometer la soberanía nacional y que nadie se rendiría ante la política agresiva de los EEUU. Y se comenzó entonces, a avanzar en ese proceso, de la búsqueda de una solución negociada. Reagan, la CIA, la administración norteamericana y el Departamento de Estado, hacían todo lo posible para buscar cómo impedir que lográsemos articular los nicaragüenses, el gobierno revolucionario, una correlación política en Centroamérica, que sirviera de muro de contención a esta política de guerra y de terrorismo, que nos tenía realmente al borde del colapso. Y se logró encontrar eco, hay que decirlo con toda honestidad, en los demás presidentes de Centroamérica, en Azcona Hoyos y Cerezo que jugó un buen papel, en el presidente Duarte de El Salvador, ahí se logró encontrar eco en la necesidad de encontrar entre los centroamericanos una respuesta. El que hacía el papel desagradable, de peón de la política norteamericana era Arias. Y en eso tiene totalmente razón Daniel, totalmente razón. Arias hizo todo lo posible por llevar adelante el plan norteamericano de aislar a Nicaragua. Arias, incluso, propuso de manera directa a los presidentes de Centroamérica, más bien llegar a un acuerdo de lo que ellos llamaban los "gobiernos democráticos" de la región y, para decirlo en términos más sencillos, para buscar cómo echarle la vaca a Nicaragua. Pero el presidente Duarte, que ya comenzaba a estar enfermo, un político criollo, se convenció totalmente que la única salida era buscar una salida a la centroamericana, no someterse a la política de los EEUU. Y Cerezo, que era social–cristiano, como Duarte, presidente joven, brioso y ansioso de jugar un papel político, que no dependía, no tenía tradición de ser un servil, un lacayo de la política norteamericana, coincidió con Duarte en que lo mejor para Centroamérica era buscar una solución entre los centroamericanos. El gobierno revolucionario estaba totalmente dispuesto para eso, para buscar la paz, para buscar una solución que pusiera fin a los conflictos. Y sobre todo, y sobre todo, que se convirtiera en una barrera de contención a los intentos de la agresión norteamericana. Y por ese camino se trabajo ¡años!, mucho antes de que Arias intentara ser presidente. Desde el 83 con el esfuerzo de Contadora. Desde el 83, hasta el 87, cinco años trabajaron los aparatos de política exterior del gobierno, la cancillería nicaragüense, las de los demás países, buscando, buscando un arreglo político. Una solución negociada, pero que fuera digna. Y la verdad de las cosas es que quien menos contribuyó a ese acuerdo, fue el que al final, le salieron dando todos los reconocimientos. Y hay que decir, que el gobierno revolucionario hizo todo lo posible. Los Acuerdos de Esquipulas II no hubiesen sido posibles sin la decisión del gobierno sandinista. Fue el gobierno sandinista el que acepta, lo que hizo posible llegar a un acuerdo que pudiese establecer una paz firme y duradera en Centroamérica. Es más, el gobierno, el único gobierno que cumplió realmente con todos los compromisos de Esquipulas, fue el gobierno de Nicaragua. Fue el que dio los primeros pasos para cumplir. Fue el que llamó a las comisiones de reconciliación nacional, al diálogo nacional. Que decretó un cese al fuego unilateral en la guerra armada que teníamos aquí, que dio amnistía, que aseguró la... levantó el estado de emergencia. En fin, la gran cantidad de cosas que hizo el gobierno de Nicaragua, presidido por Daniel Ortega para buscar la paz. Realmente, en este pleitecito de personalidades es muy justo decir que quien realmente menos méritos tuvo, fue Arias. ¿Saben quién jugó un papel importante? Azcona. Con una manera natural, decía que él no podía hacer muchas cosas. Él tenía los gringos ahí metidos, que él quería la paz, pero que entendiéramos que tenía los gringos adentro, ¿cómo hacía? Una enorme franqueza, de una manera llana, tranquila. Arias no, Arias… y sin duda, efectivamente jugaba el papel de los agentes de la política norteamericana. Y sin duda, quien más aportaba a esos acuerdos, quien hizo posible que esos acuerdos sirvieran para el camino de la paz, fue el gobierno revolucionario y, obviamente, Daniel, como presidente de Nicaragua. Fíjense que eso se firmó el 7 de agosto del 87. Todavía corrió mucha agua sobre el puente, antes de que realmente pudiésemos llegar a unas bases más o menos sólidas, más o menos confiables para la paz en América Central. Fue necesario mucho tiempo, mucha lucha, mucho problema.

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