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EEUU retoma su guerra sucia contra Nicaragua

Granma Internacional | 1 de Septiembre de 2007 a las 00:00
A ocho meses de su asunción, el gobierno del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, enfrenta una férrea oposición de los sectores reaccionarios, tanto nacionales como internacionales, encabezados por Estados Unidos, empecinados en evitar los cambios estructurales emprendidos en esta nueva etapa política nacional.

Por Lídice Valenzuela

Se trata de una lucha ideológica, radicalizada en los últimos meses, en la que se enfrentan, de una parte, los principios y el programa por mejorar la calidad de vida de la mayoría de la empobrecida población nicaragüense y, de la otra, los intereses de la derecha, que ve amenazados sus privilegios de clase ante el empuje arrollador del proceso impulsado por Ortega y su gabinete. Ortega continúa sus denuncias sobre los planes desestabilizadores del gobierno de Washington, y en las últimas semanas ha arremetido contra el Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito por su país con Estados Unidos, en tanto contrapuso las diferencias abismales con la Alternativa Boliviariana para las Américas (ALBA), que ya firmó totalmente junto a Cuba, Bolivia y Venezuela, su principal impulsor, cuya base filosófica es un comercio justo destinado a mejorar la existencia de los sectores más pobres de los países. "Comercio injusto" fueron los calificativos que el mandatario dio a los TLCs, porque benefician siempre al país más grande, y puso como ejemplo las afectaciones que sufrirá la producción tabacalera nicaragüense. De adoptarse esa medida, miles de productores de la nación nica perderán sus empleos y se verán obligados a emigrar de manera ilegal a Norteamérica, donde son tratados como ciudadanos de quinta categoría. Ortega afirmó que su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) jamás estuvo de acuerdo con la suscripción del TLC. Mientras, Estados Unidos continúa su guerra sucia contra el proceso político que dirige el ex comandante del FSLN. Según denunció el mandatario en el reciente Foro de Sao Paulo efectuado en Managua, la Administración de George W. Bush trabaja "por debajo" para boicotear los programas sociales y económicos emprendidos por su gobierno, en los que ya se observan significativos avances, a pesar de los obstáculos puestos por sus enemigos. En tono conciliador, pero firme, Ortega refirió que las relaciones entre EE.UU. y Nicaragua, pese a las diferencias ideológicas entre los dos gobiernos, deben basarse en el respeto mutuo, por lo que se tornan inaceptables, dijo, las campañas sucias con la derecha local, a la que financia, tal como hace también con los medios de comunicación privados. Para el mandatario, la intromisión de Washington en los asuntos internos de su país está dirigida a apoyar a grupos autodenominados representantes de la población, cuando en realidad fueron destruidos en las últimas elecciones generales del pasado año por los electores. Un nuevo cisma, se piensa, puede abrirse ahora en las relaciones bilaterales, después de que el gobierno de Managua confirmara el embargo perjudicial de propiedades de la transnacional petrolera estadounidense ESSO, luego de que la Dirección General de Aduanas halló un grupo de desviaciones de responsabilidades tributarias. El fraude consistía en declarar unas cantidades importadas, mientras en el registro aduanal aparecían otras, según explicó el asesor presidencial, Bayardo Arce. El embargo de las instalaciones de la ESSO en el puerto de Corinto, a unos 150 kilómetros de Managua, fue ejecutado el pasado viernes 17, ya que la trasnacional norteamericana se negó a reconocer el adeudo de tres millones de dólares con el estado nicaragüense, aunque aceptó buscar una solución negociada. En opinión de especialistas, con seguridad el gobierno de Bush no permanecerá indiferente ante el incidente, el cual seguramente pondrá fuera de contexto y exagerará, ya que el embajador de ese país, Paul Trivelli, amenazó con que la medida puede dañar seriamente las relaciones comerciales entre los dos estados. El plan que desde que asumió Ortega ejecuta Washington contra Managua no se diferencia mucho de los que la Casa Blanca, cuyo inquilino Bush posee ahora el 66% del rechazo de su propio pueblo, ha empleado tradicionalmente con gobiernos legítimamente constituidos en América Latina y El Caribe. Recuérdese Haití, Chile y Guatemala. Solo que ahora los tiempos son otros y los gobiernos poseen el respaldo de poderosos movimientos sociales e indígenas con un alto grado de conciencia política. Lo que busca la reacción es confundir a la población nicaragüense con embustes para boicotear los programas políticos y sociales de la Administración de Ortega, quien dirigió el país entre los años 1985-1990, cuando no logró la reelección debido a las intromisiones de Estados Unidos que fomentaron la llamada guerra de los contra. Sin embargo, en pocos meses, ya Nicaragua ha dado pasos firmes en el mejoramiento de su sociedad. Cuando Ortega asumió el gobierno los retos eran y son, enormes. Más de la mitad de la población laboralmente activa está desempleada, el 27 % desnutrida; la deuda externa asciende a seis mil 500 millones de dólares; más de un millón de adultos analfabetos y 800 000 niños sin acceso a la educación, una brutal crisis energética, entre otros grandes males. El cambio es imprescindible.

Incorporación al ALBA

Una de las primeras medidas adoptadas por el gobierno fue la plena incorporación a la Alternativa Boliviarana para las Américas, idea del presidente venezolano, Hugo Chávez, de inmediato apoyada por Cuba, que brindó su colaboración, entre otras, en las áreas de salud y de educación. Bajo nuevos signos de solidaridad y unión, el ALBA comenzó su funcionamiento en Nicaragua, aunque la Administración norteamericana no cesa en su conspiración para frenar el nuevo organismo, cuyas bases están fuera de las leyes del mercado capitalista, teniendo como premisa fundamental el bienestar humano. Uno de los programas suscritos a través del ALBA es la refinería que construye Venezuela en la tierra de Sandino a un costo de cuatro mil millones de dólares. Se estima que la puesta en práctica de esa entidad transformará la vida económica y social nicaragüense en los próximos cinco años. Baste apuntar que ese pueblo sufre ahora más de 16 horas diarias de cortes eléctricos. En fecha reciente, los presidentes Ortega y Chávez colocaron la piedra con que quedó fundada la nueva instalación en una zona costera, a 60 kilómetros al oeste de la capital nica. Cuando esté en pleno funcionamiento, la planta, que se llamará El Supremo Sueño de Bolívar, tendrá capacidad para refinar hasta 150 mil barriles diarios de petróleo; de ellos 105 serán de diésel, 31 mil de gasolina y cinco mil de gas licuado, con un resto de combustible para cocinas y coke. Esta instalación, que generará 10 mil empleos y una ganancia de 700 millones de dólares por concepto de exportaciones y solucionará la crisis energética del país, cubrirá una buena parte de la demanda de combustibles en Centroamérica, de 160 mil barriles diarios. La de Nicaragua asciende a unos 27 mil barriles por día. También en el entorno del ALBA llegaron al país centroamericano 60 tractores de fabricación venezolana-iraní para impulsar los programas agrícolas, y apoyar la puesta en marcha del programa Hambre Cero, en medio de la crisis de hambruna dejada por el neoliberalismo. En ese lote llegan también 109 implementos agrícolas que serán entregados a unos tres mil cooperativistas. En pleno auge aparece la Operación Milagro, con la cual ya se han beneficiado con intervenciones para recuperar la visión cientos de ciudadanos de los estratos sociales más pobres. A todo tren marcha la Campaña Nacional de Alfabetización y otros programas de profundo contenido humanista. El gobierno del sandinista Ortega también fomenta ahora la creación de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), para darle mayor participación a la ciudadanía en la toma de decisiones. De lo que se trata, entonces, es de ganar, junto a la batalla política alcanzada en las urnas, la batalla ideológica contra una oposición negada a permitir que se le supriman sus históricos privilegios de clase.

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