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El retiro de la cooperación sueca, por Aldo Díaz Lacayo

El Nuevo Diario | 4 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Resulta sorprendente el enfoque negativo que los medios de comunicación y algunos políticos y organizaciones parapolíticas no gubernamentales le han dado al anuncio del retiro de la cooperación del reino de Suecia a América Latina y el Caribe, incluida Nicaragua, en beneficio de los países de África. Sorprendente porque corresponde a una política que el Ejecutivo y el parlamento sueco venían estudiando desde hace algunos años y que tuvieron la gentileza de anticipársela a los países de la región. ¿Por qué, pues, este enfoque negativo? La primera razón es obvia: porque quienes han hecho este tipo de enfoque quieren forzar esta decisión con un supuesto giro radical en las relaciones político-diplomáticas del reino de Suecia con el nuevo gobierno del Frente Sandinista en Nicaragua, como si el gobierno sueco hubiese previsto con mucha anticipación el triunfo electoral de Daniel Ortega Saavedra. Desde luego, esta forzada interpretación tiene base, objetiva y subjetiva. La primera relacionada con el giro hacia la derecha desde hace algunos años del gobierno sueco, que en Nicaragua se contrasta con la época de oro de Olof Palme y en cierta medida de Piere Schori. Pero la segunda es mucho más evidente: las actividades de la embajadora del reino de Suecia en Nicaragua, activamente relacionada con la derecha local. Ergo: Suecia retira su cooperación con Nicaragua debido al triunfo del Frente Sandinista. Pero existe otra causa que tiene que ver con el ambiente radicalmente antisandinista que mantiene el establecimiento político desplazado, que permea a los medios de comunicación y lamentablemente a los periodistas. Conscientemente o no, existe una adecuación de medios y periodistas a este ambiente. Tanto que los directores de medios y los periodistas dan la impresión de no preocuparse por investigar las causas del traslado de la cooperación sueca a África, y mucho menos si esta cooperación ha sido retirada a todos o sólo a algunos de los países latinoamericanos y caribeños; y en el último caso por qué a unos sí y a otros no. También dan la impresión de no querer investigar las causas del giro pronorteamericano del gobierno sueco, y en general de todos los llamados gobiernos nórdicos, en correspondencia con el resto de Europa, con quienes habían mantenido una posición diferente. Y mucho menos analizar cuánto están incidiendo en la Unión Europea las nuevas contradicciones entre los Estados Unidos con el Grupo de Cooperación de Shangai, las potencias emergentes --individual y colectivamente consideradas-- y los países del Sur. En otras palabras, medios y periodistas dan la impresión de estar fatalmente aprisionados por la triunfalista visión norteamericana posterior a la caída del socialismo real. Como que si nada hubiese cambiado desde entonces. Como si no existiese crisis energética que está marcando las relaciones internacionales globales. Como si los Estados Unidos no están tratando de imponer un nuevo modelo militar espacial que les permita conservar su hegemonía global, llevando nuevamente al mundo al borde de la guerra atómica. Y como que si Rusia no estuviera demostrando activamente, con hechos contundentes, su oposición a esa política norteamericana. Pareciera que a medios y periodistas no les interesa conocer cuál está siendo la reacción de todo el mundo, del Norte y del Sur, a esta nueva loca carrera armamentista impuesta por la segunda administración Bush, siguiendo los pasos de Ronald Reagan. Como si dieran por sentado que nuevamente los Estados Unidos se impondrá o, peor aún, que también estén dando por sentado que para imponerse la decadente administración Bush está dispuesta a emular a Harry S. Truman, de reeditar Hiroshima y Nagasaki, ahora en el Medio Oriente. Acerca de todo esto existe abundante material científico y periodístico, ¿por qué no consultarlo?

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