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Félix siembra angustia e incredulidad en La Ceiba, Honduras

MiPunto.com. Desde La Ceiba, Honduras. | 4 de Septiembre de 2007 a las 00:00
La angustia se extendió como un reguero de pólvora en La Ceiba, una ciudad puerto de 200.000 habitantes en la costa hondureña del Caribe, cuando las primeras lluvias previas al huracán Felix comenzaron a caer. "Estoy preocupado, no quiero vivir lo de Mitch otra vez, estuvo muy feo, nos quedamos una semana sin alimentos ni agua, aquí todo se inunda a cada tormenta, ojalá que no llegue", dice Luis Estoda, un obrero de 44 años que espera que su patrón lo deje volver a su casa para poder estar con su familia durante el huracán. La alternancia de cielo nublado y cielo despejado desconcierta a la población, aún traumatizada por el huracán Mitch (que dejó 9.000 muertos y 9.000 desaparecidos en 1998). A cada rayo de sol la gente quiere creer que Felix no llegará a la costa norte de Honduras. En el mercado al aire libre la mayoría de los puestos están cerrados, aunque algunos vendedores desafían la lluvia y no se deciden a cerrar. "Yo no tengo miedo, confío en Dios. Va a llover, los ríos se van a desbordar, se va a inundar, y vamos a tener víctimas", dice Marco Cantarero, fatalista, mientras acomoda sandías en un refrigerador. Por su parte, Alfredo Venet, de 44 años, se aleja del mercado llevando varias bolsas con provisiones para su mujer, sus siete hijos y su madre, y se dice dispuesto a ayudar a los que tengan dificultades si ocurre lo peor. "Estamos muy tensos, un huracán es algo muy destructivo. Cuando el Mitch enterramos a tantos amigos en fosas comunes... pero ¿qué podemos hacer contra los fenómenos naturales?", dice. El anuncio de la caída de un puente en Arizona, a media hora en auto de La Ceiba, recuerda la destrucción ocasionada por el Mitch y pone a la población en alerta. En la plaza central de La Ceiba la alcaldía fue transformada en comité de crisis, y hay maquinaria lista para intervenir. Treinta y siete escuelas y 15 grandes edificios fueron transformados en refugios anticiclón, pero los habitantes se niegan a abandonar sus casas, principalmente por miedo a los robos. En un gimnasio está Evelyn Bermúdez, la primera en llegar a refugiarse, junto a sus dos hijos: un bebé de 2 meses y un niño de 7 años. "Fui la primera en llegar, no puedo poner en peligro la vida de mis niños, vivo en el cerro, tengo miedo de que me roben lo poco que tengo pero mi casa no es segura", cuenta. En La Ceiba, como en otros puertos del país, "los capitanes deben estar a bordo del barco durante el huracán", subraya por su parte el jefe de seguridad del puerto Jorge Avila, que supervisa el desembarco de una carga de langosta. "Es más seguro estar en el barco que en tierra, aquí no se va a inundar, y siempre estaremos flotando", se ríe Oscar Haylop, propietario del buque "Amy J", que transporta cemento y madera hacia Mosquitia, la región fronteriza de Nicaragua.

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