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Hambre y sed en comunidades miskitas

MiPunto.com. Desde Krukira, RAAN. | 6 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Hambre y sed en comunidades miskitas
Miles de indios miskitos de la comunidad de Krukira, una de las localidades del Caribe norte de Nicaragua más afectadas por el huracán Félix, se peleaban este jueves por las últimas reservas de comida, mientras calmaban la sed y el hambre con cocos y naranjas que cayeron en el diluvio, constató la AFP. "No hemos comido, perdimos todo", se quejó el pescador Wildred Simons, rodeado de varios vecinos de su comunidad que desde hace dos días permanecen a la intemperie, bajo condiciones intermitentes de sol y lluvia. Esta comunidad de más de 2.500 habitantes, que vivía apaciblemente de la pesca y la recolección de frutas a orillas de una laguna, fue arrasada por el huracán Félix que no dejó piedra sobre piedra. La familia de David Muller sobrevivió de milagro entre los escombros de su propia vivienda de madera. "Nosotros quedamos atrapados, como 12 personas en un hueco de la casa y salimos hasta que terminaron los vientos porque teníamos miedo", relató Muller. Lo mismo ocurrió a la familia de Nelia Espinosa, cuya vivienda fue aplastada por dos árboles, según dijo la mujer que yacía sobre una madera. Mientras, su vecina intentaba hervir con fuego de leña un poco de agua para lavar los trastes sucios tirados sobre el lodo, donde pasan los cerdos y gallinas que sobrevivieron al huracán. El ciclón tumbó 248 casas de madera en la comunidad, la escuelita en la que estudiaban 400 niños, la iglesia evangélica, enormes árboles con más de medio siglo de existencia que fueron desprendidos de raíz. El único autobus que tenía la comunidad salió volando por el aire y se estrelló contra la tierra; y el parquecito fue aplastado por los árboles. "A nosotros nos costó mucho construir nuestra comunidad", con el dinero que poco a poco íbamos juntando, ahora no sabemos qué vamos a hacer. Esto nos da mucha tristeza", expresó el reverendo de la iglesia Morava Bayardo Romero, quien duerme en una casita de laminas de zinc que construyó cerca de su destruida iglesia. La comunidad de Krukira se fundó en 1845, y "nunca, ni siquiera nuestros antepasados habían pasado algo así", cuenta el reverendo, quien aseguró que no emigrarán a ningún lado porque "los indígenas nunca abandonan su tierra". La mayoría de la población permanece a la intemperie, sin agua, porque los pozos se contaminaron con sapos y otros animales muertos, y sin comida, porque el huracán destruyó los veleros que usaba para salir a pescar. Algunos vecinos discutían entre ellos por qué el juez, máximo líder de la comunidad, no repartió a todos una comidita que mandó a traer el día anterior. "No como desde hace dos días, solo he tomado coco de agua", dijo Junior Bilboa, un pescador que perdió su bote y deambulaba entre los escombros de la localidad, mientras grupos de niños recogían cocos caídos y naranjas para paliar el hambre, a la espera de que el gobierno les envíe alimentos y ayuda para reconstruir sus hogares.

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