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Otra historia sobre el conquistador Pedrarias Dávila

Sevilla. Juan Carlos Manrique Arribas/ Sevilla. | 15 de Noviembre de 2015 a las 10:46
Otra historia sobre el conquistador Pedrarias Dávila

La investigadora Bethany Aram descubre documentos inéditos que sitúan al conquistador segoviano, que fuera gobernador de Castilla del Oro y Nicaragua, como un militar leal, humanista y crítico con la esclavitud indígena

Ambicioso, de duro temperamento, y de gran crueldad en el trato tanto a los indígenas como a los españoles bajo su mando. Durante quinientos años, cronistas e historiadores han denigrado sin piedad al Conquistador segoviano Pedrarias Dávila (Segovia 1440, León, Nicaragua, 1531) haciendo hincapié en esta presunta conducta del militar, quien, durante siglos, ha encarnado todas las ‘leyendas negras’ de la Conquista de América.

Considerado por algunos historiadores como “el personaje más odiado de la Conquista”, cuando se descubrieron sus presuntos restos en Nicaragua, junto con los de Hernández de Córdoba, los de Dávila recibieron un trato muy distinto. El Ejército de Nicaragua honró con 21 cañonazos los restos de Hernández de Córdoba, mientras que los de Dávila, que no recibieron este honor, fueron sepultados a los pies de aquel.

Algunos historiadores ya intuyeron hace años que la historia no estaba haciendo justicia con Pedrarias, entre ellos la historiadora y profesora de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), Bethany Aram, que ha investigado documentación inédita en torno al militar segoviano que, lejos de las teorías que hundieron su reputación, le sitúan como un hombre de su tiempo, humanista, con gran cultura cortesana, que hizo grandes sacrificios por su absoluta lealtad a la Corona, y que, en contra de la leyenda negra que le rodea, llegó a solicitar al Imperio español que prohibiese la esclavitud de los indígenas.

“El muere prácticamente solo y muy pobre, no se aprovechó de los tesoros de América, en absoluto, más bien lo contrario, gastó su propia hacienda en hacer la conquista”, afirma Aram.

La investigadora se “enamoró” del personaje de Pedrarias tras investigar el Archivo General de Indias, en Sevilla, pero, sobre todo, cuando puedo acceder a documentos originales del Archivo de los Condes de Puñonrostro, descendientes directos del Conquistador segoviano; un fondo que para esta historiadora norteamericana, afincada en España, ha sido “toda una revelación”.

“Tener contacto con fuentes primarias que arrojan luz sobre un personaje, como ha sido este caso, no pueden más que transformar nuestra visión sobre este personaje”, añade Aram, que ha tenido acceso a cartas de puño y letra de Pedrarias dirigidas a su esposa, Isabel de Bobadilla, y al propio emperador Carlos, claves para reescribir algunos pasajes de la historia del militar. “Cuando se hablaba de esclavitud indígena, siempre se culpaba a Pedrarias, se decía que era el gran empresario y esclavista sanguinario, pues resulta que en una carta el emperador le pide que prohíba el empleo de esclavos, es decir, todo lo contrario”, explica Aram.

¿De dónde viene la leyenda negra y el odio a Pedrarias?. Nacido en 1440, en el seno de una de las familias aristocráticas más influyentes de Segovia, los Arias Dávila, de origen judeoconverso, fue criado en la corte castellana, primero en la del rey Enrique y después en la de los Reyes Católicos.

Destacó en la conquista de Granada y en la de África, en la toma de Orán (1509) y Bugía (1510), unas proezas que le valieron su condecoración como comandante militar y que el Rey Fernando le nombrase gobernador y capitán general de Castilla del Oro, en 1514, un territorio casi inexplorado que comprendía los territorios de los actuales países de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y la parte norte de Colombia.

Su ‘leyenda negra’ arranca por su relación con Vasco Nuñez de Balboa, que en 1513, en la ciudad de Santa María La Antigua del Darián, prepara nuevas expediciones en la sospecha de que exista otro mar al otro lado del territorio. El rey de Castilla, explica Aram, tiene claro que necesita mandar a alguien de su confianza y Pedrarias encaja para cumplir esta misión. Acompañado de su esposa, el militar segoviano zarpa desde Sevilla y conoce en alta mar que Nuñez de Balboa se ha adelantado al encargo que el Rey le había encomendado a él y ha liderado una expedición con los indígenas.

El Rey tenía información de conductas desleales de Nuñez de Balboa y ordena a Pedrarias, que arribó en América al frente de un ejército de 1.500 hombres, que tome el mando y procese al primero. Aram explica que en el primer año de estancia, Pedrarias ya manda juicio a Castilla, aunque no recibe respuesta del Rey, mientras Nuñez de Balboa, que ha negociado una alianza matrimonial con la hija de Pedrarias, María de Peñalosa, confía en que por esta circunstancia va a tener la protección de su futuro suegro.

Cinco años conviven Pedrarias y Nuñez de Balboa hasta que una nueva insubordinación del segundo obliga al noble segoviano a ejecutar la sentencia y decapitar al conquistador extremeño. “Hubo una evidencia de un intento de sublevación, Pedrarias impone su autoridad, hablamos de un contexto militar, de un hombre que sabe cual es el precio de la deslealtad y la insubordinación”, afirma Aram, que sostiene que la consideración de “héroe martir” que se atribuyó a Nuñez de Balboa fue siempre una losa en la reputación del noble segoviano.

Para la historiadora norteamericana, Pedrarias ha sido el “chivo expiratorio”, a quien se culpó del frustrado sueño de la conquista, aunque, en realidad, “fue hombre que estaba cumpliendo las órdenes de la Corona y chocó con una realidad durísima”.

El gobernador de Castilla del Oro, que fundó la ciudad de Panama (1519) y tras ser desposeído de su cargo, se hizo con la gobernación de Nicaragua (1527), tuvo que enfrentarse a una “mortalidad tremenda” entre sus tropas, fruto del drástico cambio climático y la alimentación, enfermedades que sufrió en sus propias carnes, dado que el primer año apenas pudo levantarse de la cama.

Aram asegura que durante sus catorce años en tierras americanas “sufrió muchísimo” y aun así permaneció, porque le negaron el relevo, y porque, por propia convicción, estaba cumpliendo una misión de la Corona, en la que gastó gran parte de su hacienda en esta empresa; puesto que su nombramiento le obligaba a invertir en la conquista.


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