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Una tragedia de proporciones apocalípticas

Varias agencias. Desde Bilwi, RAAN. | 7 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Una tragedia de proporciones apocalípticas
Cadáveres flotando en el mar, miles de personas damnificadas, comunidades aisladas y acechadas por el hambre, la sed y las epidemias, reflejan la enorme tragedia humana que dejó en la costa Caribe de Nicaragua el huracán Félix. "Hay muchos cadáveres flotando por Cabo Gracias a Dios", en la frontera marítima entre Nicaragua y Honduras, declaró a la AFP el jefe de comando militar de Estados Unidos radicado en Nicaragua, teniente coronel Robert Gaddis, sin precisar números. Los cuerpos fueron localizados por dos helicópteros norteamericanos de reconocimiento que sobrevuelan la zona de desastre en busca de víctimas y que tienen su base en el buque estadounidense USS-WASG, que ancló a 10 millas de las costas de esta cuidad para ayudar a enfrentar la emergencia humanitaria, ambiental y material en esta empobrecida región. La confirmación de las naves norteamericanas coincide con la información de pescadores artesanales que llevan tres días buscando en el mar a los desaparecidos. Aunque el gobierno nicaragüense maneja cifras conservadoras de la tragedia, el mayor Carlos Solano, del Comité de Operaciones Especiales (COES) del Ejército, indicó que "la cantidad de muertos podría incrementarse hasta una cifra de tres mil", porque "hay zonas que aún no han sido inspeccionadas". Tras culminar este viernes un segundo recorrido por comunidades de la RAAN sobre el río Coco, fronterizo con Honduras, el presidente Daniel Ortega ha sido una vez más cauteloso. "Tenemos 52 muertos confirmados, (pero) todo indica que hay más porque nos han reportado muchos desaparecidos", declaró Ortega tras arribar al aeropuerto de Bilwi, 580 kilómetros al noreste de Managua, a bordo de un viejo avión militar ruso AN-26. Sin embargo, extraoficialmente se reportan más de un centenar de fallecidos, y las autoridades continúan buscando por aire y mar a gran cantidad de desaparecidos, en su mayoría indígenas mísquitos que desoyeron los llamados de evacuación. Ortega indicó que en las últimas horas las autoridades rescataron a 53 personas, y pidió a los que todavía esperan por sus familiares perdidos que tengan "mucha fe en Dios, mucha fortaleza de espíritu y mucha moral" para enfrentar la dramática situación. Los alcances de la tragedia, sin embargo, apenas empezaban a perfilarse. Datos preliminares indican que el huracán arrasó con unas 400.000 hectáreas de pinos en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), 500 km al noreste de Managua, afirmó a la AFP la ministra del Medio Ambiente, Juana Argeñal. Cuatro brigadas salieron este viernes a la zona afectada para evaluar los daños ambientales, en la infraestructura y la producción. El presidente Ortega dijo que de 52 comunidades afectadas, por lo menos 27 están incomunicadas y en 11 de éstas "no se sabe absolutamente nada. No está llegando ninguna ayuda". La situación de las comunidades hacia el interior del territorio es tan grave o igual a las que están sobre el litoral, los caminos están cortados por la caída de árboles que impiden el paso, mencionó. Este huracán fue "más grave" que el Juana que azotó la zona sur del litoral Caribe en 1989, estimó Ortega. Félix recorrió el llano de la RAAN y fue a chocar contra la reserva biológica de Bosawas, la más importante de Nicaragua, y "no tenemos idea todavía del daño que provocó", acotó Ortega. Sobrevivientes de naufragios que ocurrieron en medio del huracán relataron a la AFP que la gente que no logró aferrarse a una tabla se ahogó sin que ellos pudieran hacer nada y que sus cuerpos fueron vistos después a flote. "Yo vi morir frente a mis ojos a tres personas de nueve que salimos huyendo en una panga que se rajó en dos", dijo Rosa Rivera, una miskita de 33 años que sobrevivió tres días en el mar sobre una cubeta plástica y que aún no reaccionaba a la pérdida de su hijo, que se le "soltó de la mano" durante la tempestad. La mayoría de las víctimas que se estiman hasta el momento en cerca de un centenar, son nativos de la etnia miskita que vivían y trabajaban en faenas de pesca artesanal y buceo de langostas en los manglares de los cayos Mikitos, Mara, Deimans Pat, Witis y Wiplin, que están ubicados en la franja noreste de las costas del Caribe norte y que fueron arrasados por el huracán. Los islotes estaban poblados por 700 personas, mientras que 1.500 llegaban a pescar, vender, o trabajar en diferentes oficios, dijo a la AFP el director de la división acuática del Ministerio de Transporte en esta región, Winston Pineda. Las autoridades locales aseguran que evacuaron a más de 1.000 personas de los islotes. Familiares de desaparecidos que llegan todos los días al muelle del puerto a esperar noticias de los suyos, creen sin embargo que muy poca gente evacuó a tiempo de los cayos y que la mayoría murió. "Estoy buscando a mi sobrina que estaba vendiendo en los cayos" cuando paso el ciclón, decía afligida Bernilia Oporta. María Calero, una miskita de 60 años de la comunidad costera de Sandy Bay que fue azotada por el huracán dijo llorando que no podían encontrar a seis familiares suyos que fueron dados como desaparecidos. Los mikistos exigen a las autoridades que les entreguen los cuerpos de las víctimas, se sienten abandonados y molestos por la falta de información. "La gente está molesta, quiere información, queremos que nos digan los nombres de los heridos rescatados en Honduras, que están en el hospital de Puerto Lempira", dijo Roger Leitón, uno de los afectados. Los cadáveres seguían llegando este viernes a la ciudad gracias a las operaciones de rescate que el gobierno intensificó por aire, mar y tierra. Se estima que más de 60 comunidades indígenas del litoral norte y llanos próximos a Bilwi, centro del municipio de Puerto Cabezas, fueron afectadas por el ciclón, de las cuales más de 20 estarían incomunicadas. La masiva ayuda y apoyo que están brindando Cuba, Venezuela, Estados Unidos y otros países permitió este viernes a las autoridades locales comenzar a organizar a la gente para despejar los caminos, distribuir alimentos y atender a los más necesitados. El comité de emergencia de la RAAN conformó una brigada especial de vecinos para abrir caminos en cuatro comunidades que están aisladas desde hace cuatro días en la zona del llano norte, y buscar los cuerpos de los desaparecidos. Los extraviados son personas que salieron a trabajar en fincas cercanas o en una mina de la zona, que no han regresado a sus hogares desde el paso del ciclón, dijo a la AFP el concejal regional Rigoberto Cabezas.

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